Alejandro
Páez Varela.
En un año,
un mes y una semana, esta administración federal será historia. Antes, en los
siguientes meses, veremos al sistema dar el mayor pataleo del que se tenga
memoria. Será todo un espectáculo… que
sería divertido si no fuéramos usted, yo, una Nación entera padeciéndolo.
Evidentemente la mayoría en ese gobierno cree que seguirá en el poder o, ¿de
qué otra manera se justifica tanta torpeza y tanto cinismo? ¿De qué otra forma
se entiende que aun cuando el 93 por ciento de la población le tiene
desconfianza –de acuerdo con la última encuesta de Pew– esta administración
actúe como si tuviera bono político?
Es claro que la administración
federal tiene confianza en el pataleo final, en que se va a salir con la suya.
Eso concluyo. Y apuesta todas sus canicas a eso.
Me recuerda
César Duarte, Javier Duarte o Roberto Borge poniendo, por ejemplo, a sus fiscales y ministros a modo justo al final
de la administración. Como si la gente fuera a mantener en sus manos el
gobierno.
Veremos,
decía, un gran pataleo: habrá alianzas que no habíamos visto para tratar de
conservar el poder. Pongo un ejemplo,
así, de botepronto: si José Antonio Meade es el candidato del PRI y supera a
Margarita Zavala, ella podría declinar por él en aras de lograr una mayoría; si
Margarita junta más votos, todo el aparato del sistema se volcará a ayudarla,
como ya lo hizo con Felipe Calderón en 2005-2006, aunque signifique sacrificar
a Meade. No apueste a que esto no pasará, porque perderá su dinero. Se
trata de una operación que el sistema considera “necesaria”. Y actúa, a diario,
como si todas las fórmulas que tiene pensadas funcionarán.
Pero dentro
de un año, un mes y una semana, cuando Enrique Peña Nieto entregue la Banda
Presidencial, el próximo Presidente o
Presidenta recibirá un país desmantelado. Quizás no los sectores
productivos, si se conserva el TLCAN, pero sí una gran mayoría de las
instituciones. No recuerdo un gobierno
tan depredador, y vaya que los hemos tenido. No recuerdo, además, clase
política más mezquina: la élite en Los Pinos, que por supuesto incluye a Peña
Nieto, ha trabajado, básicamente, para sus propios intereses. “Interés público”
son dos palabras sin valor, y nada más.
El manotazo a la Fiscalía
Especializada para la Atención de Delitos Electorales (FEPADE) y a su ahora ex
Fiscal Santiago Nieto, es apenas un botón. Su posible independencia era un
peligro para la élite del PRI: traía el caso Odebrecht, había iniciado la investigación de
desvío de recursos al PRI, es el que podía sacar a César Duarte de su cueva en
Estados Unidos y el que tenía atorado al PRI de Veracruz.
Pero lo de Santiago Nieto es, apenas,
como digo, una probada. Se trata de un equipo que ha hecho todo para llevar a
las instituciones al descrédito en aras de conservar el poder y las ganancias
que de él emanan.
Los programas sociales no operan para
acabar con el hambre y la pobreza, sino para beneficiar al PRI. La medición misma de la pobreza fue
desmantelada con esos propósitos: ahora
las cifras de Coneval y de Inegi no son confiables, de acuerdo con los
académicos, porque se manipularon para tratar de beneficiar al PRI.
Los contratos a las grandes
constructoras amigas son para garantizar recursos al círculo y para dar flujo
de efectivo a las campañas del PRI.
Se utiliza el aparato de Justicia
para garantizar la impunidad de los asociados del círculo priista.
Se reparten 38 mil millones de pesos
entre la prensa para corromper, para comprar, para desmantelar hasta donde se
pueda la posibilidad de una prensa libre. Se crean
medios adictos a los recursos públicos y a las órdenes del sistema; se les da
todo lo necesario para que, de manera desleal, aplasten –con recursos del
Estado– a la prensa que pueda eventualmente levantar la voz.
Se interviene en la vida interna de
los partidos (como claramente sucede en el PAN y en el PRD) para generar caos,
para dividir, para diluir votaciones y para, por medio del desmantelamiento,
lograr que los votos del PRI alcancen.
Se tienen líderes obreros corruptos y
sindicatos charros –ambos al servicio del PRI– para controlar y, en su momento,
para desmantelar la posibilidad de rebeldía de los trabajadores. No importa que
los salarios se hundan en todo el país; no importa que la seguridad social sea
una broma: los obreros son, en esta visión de Estado, una masa manipulable y si
es manipulable, es manipulable para beneficiar al PRI.
Se crean ejércitos de votantes
adictos a las dádivas, a las órdenes del sistema; se les da todo lo necesario
para que aplasten en masa –con recursos del Estado– a los votantes libres (como
pasa en Edomex), a los que eventualmente puedan levantar la voz y provocar un
cambio.
Se crea un vacío y se debilitan
instituciones para que el PRI y sus asociados puedan operar. La
PGR es un trapo apestoso. La Fiscalía Anticorrupción no tiene Fiscal. La
Fiscalía General está detenida. La misma Secretaría de la Función Pública
(antecedente de la Fiscalía Anticorrupción) duró, con Peña, dos años sin secretario
y cuando lo tuvo, fue Virgilio Andrade, un perrito faldero de la misma élite.
En el Senado, la Presidencia fue entregada a Ernesto Cordero por el PRI, cuando
su partido, el PAN, lo rechaza.
Por eso digo que lo de FEPADE es
apenas un manotazo.
Esta administración apuesta y actúa
como si el pataleo final lo fuera a mantener en el poder.
Y no es para reírse, no es para
desestimar. Este mismo equipo ha mantenido subyugado al pueblo del Estado de
México durante 90 años y cree, confía, lo tiene en el ADN, se prepara para
hacer todo lo que tenga que hacer (incluyendo desmantelar a un país entero)
para conservar el poder, para seguir cobrando ganancias, para exprimir a (y seguir
viviendo de) todos los demás.
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