Javier Risco.
Hablemos de
confianza. ¿Qué tanto le cree usted a las autoridades? ¿Qué tanto les confiaría
la seguridad de sus hijos? Seguro esto se lo ha preguntado las últimas dos
semanas cada seis horas; la fragilidad después del sismo abarca todos nuestros
espacios. Ante esta sensibilidad y vigilancia milimétrica, la nota publicada
ayer en el portal Animal Político abona al señalamiento, una vez más, de
autoridades irresponsables, sin memoria y sin control.
El colegio
Enrique Rébsamen fue uno de los 38 edificios que colapsaron en el sismo del
19-S, pero acaparó la atención nacional e internacional por dos factores: era
una escuela y fue la tumba de 26 personas, de las que 19 eran niños. El emblema
de una tragedia en un colapso que además tardó días para poder rescatar hasta
el último cuerpo.
Tras los
derrumbes se supo que no sólo fueron los 7.1 grados de magnitud los que echaron
abajo parte de un colegio que comenzó a edificarse en 1983, y que no era ‘lo
viejo’ la causa de que no resistiera, sino el peso de dos pisos de un
departamento con mármol y jacuzzi, donde la dueña Mónica García Villegas
construyó su casa, la fragilidad estructural, violaciones al uso de suelo y,
por supuesto, la deficiente –por decir lo menos– revisión de un Ingeniero
Corresponsable Estructural de Seguridad que avaló las condiciones estructurales
del edificio.
Investigaciones periodísticas del
diario Reforma al respecto arrojaron el nombre del Corresponsable Estructural
de Seguridad que, en 2014, hace sólo tres años, en su calidad de responsable no
sólo de la estructura de la escuela, sino de la vida y seguridad de 417
alumnos, dijo que NO había problema en la construcción: Francisco Arturo Pérez
Rodríguez.
Ayer, la nota Animal Político nos
reveló que no sólo es un funcionario con una licencia vigente para operar y
seguir avalando construcciones, sino que es la persona que está firmando los
dictámenes de las escuelas en la Ciudad de México para que los alumnos puedan
volver a clase. Es el colmo.
“En el
Colegio Greenland Panamerican School, ubicado en la delegación Benito Juárez,
el ingeniero civil con registro C/SE 0128 se presentó el pasado 26 de
septiembre para realizar una inspección y emitir el dictamen pericial en
seguridad estructural.
“Al confirmar que se trata del mismo
ingeniero que avaló al Rébsamen, padres de familia rechazaron el dictamen, por
lo que el Colegio Greenland solicitó un nuevo peritaje y se negó a aceptar el
aval de este Corresponsable Estructural de Seguridad”, dice la nota que se titula ‘El
ingeniero que avaló seguridad del Rébsamen revisa escuelas para que reinicien
operaciones’.
Los padres
de este colegio se tomaron la molestia de revisar a detalle el dictamen que es
obligatorio para que los niños puedan retomar clases y volver a los planteles
educativos y lo rechazaron, pero ¿cuántos hay que no se fijan en el nombre y
están dejando en manos de personal que ya demostró no estar capacitado y ser
presunto responsable en un colapso que terminó con la vida de 19 niños?
¿Por qué el Gobierno de Ciudad de
México no ha suspendido su licencia, que en el portal de la opaca Secretaría de
Desarrollo Urbano y Vivienda aparece vigente hasta 2018? ¿Quién está eligiendo
a esos ingenieros que tienen la vida de miles de niños en sus manos?
Y por supuesto que no son los únicos
en riesgo. Durante la noche, el diario Reforma complementaba la información
sobre este ingeniero y en un texto del periodista Samuel Adam daba a conocer
que Pérez Rodríguez no sólo está avalando escuelas, sino edificios
gubernamentales como dos sedes del Instituto Nacional Electoral, basado sólo en
una inspección ocular, sin un peritaje más profundo, a pesar de que a través de
redes sociales usuarios de los edificios del INE han denunciado que los
edificios presentan daños evidentes.
Sí, es el
momento de reconstruir la ciudad, pero parte fundamental será reconstruirla
esta vez sí sobre cimientos fuertes, con la seguridad de que aquellas
edificaciones que la conforman son supervisadas por profesionales que
garanticen que no será la corrupción la que sepulte entre escombros a nuestros
hijos.
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