Diego Petersen Farah.
Mientras
los políticos del PRI se desgañitan por salir en la foto, pues el momento de
las definiciones está por llegar (parece apocalíptico eso de “el fin de los
tiempos se acerca”, pero para muchos priistas en edad de merecer de hecho lo
es); los panistas se dan hasta con la cubeta y se pelean el derecho de la
tradición (y de aquel PAN solo quedaron las migajas); los Verdes se dan a
desear en un intento desesperado para que alguien los saque a bailar y el PRD
busca en las alianzas su identidad perdida, Andrés Manuel es solo un fantasma.
En efecto
el político que menos ha aparecido en el último mes, de los temblores para acá,
ha sido López Obrador. Por más que sus adversarios lo cucan, lo incitan, le
muestran el capote él no responde ni embiste. Fiel a su apodo, el “Pejelagarto”
sigue debajo del agua, allá donde las pedradas no llegan y los vendavales no
hacen olas. No ha faltado quién sostenga que este silencio lo está
haciendo retroceder en las preferencias o quién le ha reclamado la falta de una
posición más clara a favor de los damnificados, pero, cobija muy orinada
después de tantos años de política,
Andrés Manuel sabe que un error en estos momentos es demasiado costoso y la
posibilidad de cometerlo en tiempos de crisis es diez veces mayor. El costo
silencio es mucho más barato que el riesgo de una equivocación.
Vienen los tiempos más complicados para el candidato de
Morena. Ser candidato único y eterno además de presidente de su partido le dio
muchas ventajas, pero una vez arrancado formalmente el proceso electoral, López
Obrador se tiene que sujetar a las reglas. No solo no puede hacer publicidad de
Morena con su imagen o hablar del frijol con gorgojo (por cierto, uno de los
anuncios políticos de mayor recordación de los últimos años) sino que los
tiempos del INE le impiden incluso moverse demasiado.
De aquí a diciembre es el tiempo de búsqueda de firma para
los precandidatos independientes. Luego viene la de las campañas internas de
los partidos y ahí, aunque Andrés Manuel ponga un “Juanito” para el boxeo de
sombra la atención estará centrada en los partidos que si tengan algún tipo de
disputa interna. De manera que será
hasta marzo cuando el “Peje” podrá salir plenamente del agua y comenzar su
campaña y es entonces cuando veremos la verdadera medición, cuando sabremos
realmente cómo arranca la contienda y el peso electoral de Andrés Manuel.
El silencio
impuesto y el auto impuesto van a tener sin duda un efecto en las encuestas,
pero si algo ha aprendido López Obrador después de dos derrotas es que es mucho
más lo que pierde él en sus arrebatos que lo que le quitan los contrincantes
con sus ataques.
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