Ricardo Ravelo.
La
detención del ex Gobernador de Tamaulipas, Eugenio Hernández Flores, acusado de
lavado de dinero y peculado, tiene tintes políticos y criminales: en el fondo
existe una venganza del actual Gobernador panista, Francisco García Cabeza de
Vaca, y en los expedientes también obran datos y evidencias de que Hernández
Flores amasó una fortuna descomunal a través de prestanombres, lo que
aparentemente no ha sido fácil de probar.
Lo que
llama la atención es que los mismos testigos protegidos que tienen a Tomas
Yarrington con un pie en Estados Unidos para ser juzgado por delincuencia
organizada y lavado de activos son exactamente los mismos que obran en el
expediente de Eugenio Hernández, quien ha gozado de total impunidad por parte
de las autoridades federales, en particular de la Procuraduría General de la
República (PGR).
Y es que mientras en
México la PGR le declaró el no ejercicio de la acción penal en 2013 por el
delito de lavado de dinero, en Estados Unidos otra historia se ha escrito sobre
Hernández Flores: se le acusa de lavar unos 30 millones de dólares del
narcotráfico y, por ello, tiene una orden de aprehensión al igual que su cuñado
— Óscar Gómez Guerra — a quienes se les comenzó a investigar desde el año 2008
por realizar transferencias inusuales de dinero y venta de propiedades
aparentemente ilegales.
Pero a nivel federal
nadie lo toca. El pasado 6 de octubre fue aprehendido en Tamaulipas por una
acusación local –peculado y lavado de dinero — pero a decir de su abogado,
Jorge Olvera, la acusación carece de pruebas. Y vaticina que antes de la media
noche de este jueves su cliente recobrará la libertad.
Entre Hernández Flores y el Gobernador Cabeza de Vaca hay
cuentas pendientes por cobrar. En el año 2010, Hernández Flores frenó la candidatura de Cabeza de Vaca al gobierno de
Tamaulipas. Y lo hizo con todo el poder que en ese momento tenía: enderezó
campañas en su contra por sus delitos y andanzas en Estados Unidos, utilizó las
redes del crimen organizado para amedrentarlo y echó manos de todos los
recursos para ganar la elección de ese año, la cual estuvo bañada de sangre por
la ejecución del candidato del PRI, Rodolfo Torre Cantú, de cuyo asesinato la
Procuraduría General de la República (PGR) concluyó que el autor fue Eduardo
Costilla, “El Coss”, entonces poderoso jefe del cártel del Golfo.
Cabeza de Vaca no
olvidó los agravios y ahora cobró venganza acusando a Hernández Flores de
lavado de dinero y peculado –aun cuando las pruebas parecen endebles y pueden
poner al ex Gobernador en libertad –por la compra de un terreno de mil 600
hectáreas, localizado en el puerto de Altamira, que el exmandatario adquirió a
un precio subvaluado a través de un presunto prestanombres: Alberto Berlanga
Bolado.
El terreno, que en los años ochenta el Gobierno federal donó al estado de Tamaulipas para emprender varios
desarrollos industriales e inmobiliarios, tiene historia: dos años antes de
finalizar su sexenio, Tomás Yarrington Ruvalcaba –detenido en Italia y sujeto a
un juicio de extradición a Estados Unidos por estar acusado de favorecer al
crimen organizado durante su mandato –se lo vendió a Fernando Cano Martínez, un
empresario regiomontano que figura en la lista de sus testaferros importantes y
que durante su gobierno fue el constructor consentido, pues fue beneficiado con
múltiples contratos millonarios.
El terreno fue adquirido en ese tiempo a través de la empresa
construcción Villa Aguayo S.A de C.V, propiedad de Cano Martínez. Cinco años después, en 2007, esta firma lo
traspasó a Alberto Berlanga Bolado, quien según la acusación de la Fiscalía
Anticorrupción de Tamaulipas es uno de los prestanombres de Eugenio Hernández –
a través de la empresa GMC S.A. de C.V.
De acuerdo
con Jorge Olvera Reyes, defensor de Hernández Flores, la acusación de la
fiscalía de Tamaulipas en contra de su cliente carece de fundamento. Aun cuando
el terreno está asegurado, “mi cliente nada tiene que ver con ese terreno, no
existe documento alguno que lo vincule con esa compra-venta”, dijo en
entrevista con los medios de comunicación. Y con base en la falta de
pruebas que, asegura, son evidentes en este caso el abogado adelantó que el ex
Gobernador puede quedar en libertad este jueves 12. Todo está por verse.
Según sus
antecedentes políticos y con base en las declaraciones que José Antonio Peña
Argüeyes –empresario y lavador de dinero de Los Zetas –rindió en Estados
Unidos, el principal impulsor de Eugenio Hernández fue precisamente Fernando
Cano, el testaferro de Yarrington.
En sus
múltiples declaraciones que sirvieron de base para enderezar las acusaciones en
contra de Yarrington y Hernández Flores en Estados Unidos, Peña Argüelles
–identificado en los expedientes como el testigo “Ángeles” –asegura que la campaña
de Hernández Flores fue financiada por Los Zetas y el cártel del Golfo, a
quienes posteriormente se les pagó con impunidad, pues se les permitió hacer y
deshacer en todo el estado: imponían a los jefes policiacos, movían a los
procuradores en la entidad y contaban hasta con interlocutores director en el
gobierno del estado.
Así lo declaró: “…Quiero
manifestar que Pedro Argüelles fue subsecretario incrustado en la Secretaría
General de Gobierno para que fungiera como enlace entre el cártel del Golfo y
el gobierno del estado. Esto lo sé por Fernando Cano, quien me lo comentó…”
En otro momento el testigo Ángeles amplió sus declaraciones y
se refirió al patrimonio de Eugenio Hernández: …”Que sé que el (ex Gobernador) Eugenio Hernández tiene muchísimas casas y
terrenos, puedo decir que es casi dueño de Ciudad Victoria y sus prestanombres
son su esposa, Adriana González, las tres hermanas de Eugenio, de quienes
desconozco sus nombres, su hermano Eduardo Hernández, alias ´El Chóforo´, sus
cuñados Óscar Gómez, Aureliano Salinas, Farou Corcuera, amigo y socio de
Eugenio en el negocio de los bienes raíces y quien fue un empresario exitoso
bajo la sombra del ex Gobernador”.
En contra de Eugenio también pesa una acusación por lavado de
activos en Estados Unidos: está radicada en una Corte de Texas, donde se le
abrió un expediente por el que se solicitó su detención al gobierno de México
con fines de extradición. Pero a nivel
federal ni siquiera se le ha molestado, pues la PGR lo blindó con el no
ejercicio de la acción penal. Quien se la concedió fue Jesús Murillo Karam, a
principios del actual sexenio.
Sin embargo, en
Estados Unidos el caso sigue abierto. Las presuntas operaciones irregulares de
Hernández Flores con dinero proveniente del cártel del Golfo y de Los Zetas se
detectaron desde el año 2008 e implican también a Óscar Gómez Herrera, su
cuñado. Los cargos que pesan en contra de ambos son lavado de dinero e
incitación de transferencias financieras ilícitas y el monto es por unos 30
millones de dólares.
El encauzamiento judicial C-14-178-S se integró formalmente
en mayo de 2015 y está radicado en la Corte Federal del Distrito Sur de Texas; el expediente señala, entre otras cosas,
que el ex Gobernador y el esposo de su hermana “con conocimiento de las ilegalidades”
comenzaron a lavar dinero y a realizar transacciones financieras ilegales a
partir del 1 de enero de 2008.
Las Investigaciones están a cargo del Departamento de
Justicia y de la fiscal encargada del caso se llama Kenneth Magidson. En el expediente también se señala que
tanto Hernández Flores como su cuñado “con conocimiento de causa” facilitaron
las operaciones internacionales e interestatales con un solo fin: ocultar
fondos que carecían de documentación necesaria para justificar su procedencia.
Tampoco presentaron las licencias bancarias indispensables para realizar esas
transacciones.
Y añade la acusación: “El dinero lo recibía Hernández Flores como pago por permitir que el cártel
del Golfo operara con toda libertad en Tamaulipas para llevar a cabo sus
actividades de tráfico de drogas, secuestros, venta de contrabando y tráfico de
personas a Estados Unidos.
Por esa razón, la
fiscalía federal procedió al aseguramiento de cuatro propiedades que el ex
Gobernador adquirió en McAllen, Texas, cuando todavía fungía como Gobernador.
De igual forma la acusación sostiene que Eugenio Hernández y su cuñado han
vendido propiedades a terceros, transferido dinero a nombre de otras personas
sin el soporte debido.
Por todo ello, tanto Hernández Flores como Gómez Guerra
tienen orden de aprehensión en Estados Unidos. En el año 2012, Hernández Flores logró que la PGR –que lo investigaba
por los mismos delitos –declarara el no ejercicio de la acción penal. Ese fue
el pago de Enrique Peña Nieto.
Ahora que
Hernández Flores fue detenido en Tamaulipas bajo los cargos de peculado y
lavado de dinero. Faltará ver si alguna autoridad federal cumple con su envío a
Estados Unidos, donde se le acusa de al menos de lavado de activos desde el
2008.
En Estados
Unidos Hernández Flores
carga con los mismos delitos que pesan en contra de su antecesor, Tomás
Yarrington Ruvalcaba, quien fue detenido en abril de este año en Florencia,
Italia. Ambos, según sus respectivos
expedientes, beneficiaron a los cárteles del Golfo y Los Zetas durante
mandatos. Y a cambio, dicen los señalamientos, recibían millones de dólares con
los que adquirieron propiedades y realizaron movimientos de recursos inusuales
que atrajo la atención de las autoridades del Departamento de Justicia
estadunidense.
Hernández Flores ha negado los cargos que pesan en su contra
en Estados Unidos, pero la fiscalía insiste en que el ex Gobernador no ha
podido probar su inocencia fehacientemente.
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