Sanjuana
Martínez.
Este país es
surrealista. Y no me refiero al movimiento artístico o a la corriente
filosófica, sino a la genética cultural de los mexicanos, y en especial a la
clase política mexicana. Por algo, André Bretón, el fundador del surrealismo
llegó a la conclusión que México era el país “más surrealista del mundo”.
Y para comprobarlo, solo hay que ver
el espectáculo patético de propaganda electoral que los gobernadores de los
estados afectados por los recientes sismos andan dando, saludando con sombrero
ajeno y utilizando de manera cínica los recursos de los donativos recibidos o
los del Fonden que ascienden a más de 9000 millones, más el bono catastrófico
emitido por el Banco Mundial por 360 millones de dólares.
Los miles de millones de pesos
recaudados por la generosidad de mexicanos y extranjeros están guardados. La gente tiene que conseguir un
crédito “especial” para comprarse una nueva vivienda.
La pregunta que todos nos hacemos es
¿por qué no utilizan los miles de millones de pesos entregados a México para
comprarle nuevas casas a los 90 mil damnificados o bien, por qué no liberan de
una buena vez, los recursos del Fonden?
Por lo
pronto, el jefe de gobierno de la Ciudad de México, Miguel Ángel Mancera ya entregó las llaves de la primera casa
antisísmica en la Delegación Álvaro Obregón de la Ciudad de México. Así como se
escucha parece que realmente es una buena casa, pero resulta que al ver las
fotografías nos damos cuenta de que es una casa de madera, sin cimientos, tipo
rodante, un tejaban mal hecho, pues, que no sabemos si cuenta con drenaje o
agua corriente; tampoco sabemos si en el primer terremoto se caerá, porque su
techo de lámina no parece ser indestructible o si en la primera tormenta
desaparecerá.
Mancera se
llena la boca diciendo que las casas son “muy funcionales”: “Están supervisadas
por ingenieros, arquitectos, son de primera, no estamos hablando de algo
improvisado, de dar el material y a ver qué puedes hacer, sino que lo estamos
haciendo bien, lo estamos haciendo supervisado”.
Pues si son tan buenas, lo
verdaderamente hermoso, sería que Mancera, el generoso Mancera, viviera en una
de estas casas antisísmica para que vea que se siente. Claro, él desde su hermosa casa, no puede sentir lo que sentirá la pobre
gente que tenga que habitar semejante cobertizo o mejor dicho choza.
Mancera
tiene esta sorpresiva para todos los afectados con inmuebles en la llamada
“categoría roja”, es decir, a punto de ser demolidos. No sabemos cuántos en
total, pero ya señaló a 13 inmuebles supuestamente afectados, comenzando por el
edifico de la calle Concepción Béistegui 1503 de la colonia Del Valle en la
Delegación Benito Juárez.
Obviamente, la gente no tiene la certeza que sus
edificios sean inservibles, lo único que tienen claro es que se quedaran en la
calle, porque el jefe del gobierno capitalino presume que hay 3 mil millones de
pesos que se destinarán a la reconstrucción, pero ese dinero no se ve por
ninguna parte y menos en las chozas que ha empezado a entregar.
En fin, los tejabanes de Mancera, son la prueba
fehaciente de que los miles de millones de pesos recibidos en donaciones y los
dineros del Funden se han ido, como de costumbre, al hoyo negro de la
corrupción.
A casi un mes del terremoto, los
gobiernos siguen exhibiendo su ineptitud. No hay datos claros, ni cifras
seguras. No hay certezas para la gente que lo ha perdido todo y se ha quedado
en la calle.
Y para
colmo, todas aquellas familias de clase
media no podrán acceder a los fondos del Fondo de Desastres Naturales (Fonden)
porque este dinero está destinado para las familias catalogadas bajo el rango
de “pobreza patrimonial”.
Del Fonden, Mancera recibirá en estos días, 500
millones de pesos para atender instalaciones deportivas, de agua e inmuebles
culturales, pero dice de manera constante que en la parte de ayudas inmediatas
“no ha llegado nada” ni en los apoyos para reconstrucción de vivienda. ¿Será?
La otra pregunta que surge de manera
inmediata es ¿para qué queremos un Comité Científico para la Reconstrucción y
Futuro de la Ciudad de México con un presupuesto pírrico de 50 millones de
pesos? Nos dicen que no hay dinero para la reconstrucción, que no ha llegado, que
no saben dónde está, nos dicen que la gente tiene primero que conseguir
créditos supuestamente “blandos” y finalmente no nos dicen y guardan silencio
sobre el destino de los donativos.
Cuentas claras, amistades largas. El
gobierno de Enrique Peña Nieto está muy calladito sobre esos miles de millones
de pesos entregados de manera generosa para atender a los miles de
damnificados, no solamente en sus necesidades inmediatas de comida y salud,
sino para otorgarles la posibilidad de que vuelvan a tener una casa donde
vivir.
Evidentemente
la reconstrucción de los 250 mil inmuebles afectados en los pasados sismos
tardará años, tal vez, una década. Tenemos
más dudas que certezas al respecto, aunque nuestra única y contundente verdad
es que los políticos corruptos manejarán el fondo de reconstrucción.
Otro símbolo de esa corrupción lo
encontramos en la reciente noticia que nos acaba de dar el inquilino de Los
Pinos. ¿Saben quién entregará las 118 mil tarjetas con dinero en efectivo a los
damnificados para que realicen arreglos a sus viviendas? Nada menos, que el
gran estandarte de la corrupción: Virgilio “ricitos” Andrade, el exonerador de
Peña Nieto y Luis Videgaray y sus casitas blancas.
Insisto,
México es surrealista, muy surrealista.
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