Mara
Fernanda, Claudia Carolina, Liliana, Giselle Joselyn, María Teresa y Paulina,
todas desaparecieron en alguna zona de Puebla. Algunas de ellas fueron
asesinadas, de otras no hay rastro.
En algunos casos las autoridades
dicen que se fueron con “la pareja sentimental” y omiten investigar los
indicios de trata de personas señalados por familiares.
Estos no son casos aislados, en lo
que va de 2017 cada 19 horas se denuncia la desaparición de una mujer en el
estado. Durante 2016 fueron, en promedio, un caso cada 31
horas, de acuerdo con cifras del Registro Nacional de Datos de Personas
Extraviadas o Desaparecidas (RNPED).
Y la cifra
va en aumento. Entre 2012 y 2016, durante
el gobierno del panista Rafael Moreno Valle, las denuncias registradas por el
RNPED crecieron 2,230%, al pasar de 12 a 280 casos. A nivel país el aumento
en ese periodo fue del 51%, pasando de 3,271 a 4,951 casos.
En febrero
de 2017, Moreno Valle entregó el cargo al que fuera su secretario de
Infraestructura, Antonio Gali Fayad.
Cambió el gobierno, pero no la
situación de inseguridad para las mujeres. En los primeros siete meses de 2017,
el RNPED ya registra 260 casos de mujeres desaparecidas.
En total, de
enero de 2012 a julio de 2017, Puebla
acumula un total de 781 denuncias de mujeres desaparecidas y cuyos casos se
encuentran activos, pues siguen sin ser localizadas.
En las
desapariciones hay una responsabilidad
compartida entre los tres órdenes de gobierno, federal, estatal y municipal,
pues no han logrado contener el incremento en la violencia contra las mujeres
en esa entidad: desapariciones, feminicidios, violencia sexual, señala Ana
Jetzi Flores, quien encabeza el Observatorio de Violencia Social (OVS) de la
Universidad Iberoamericana Puebla.
“Desaparecidas y feminicidios no son
otra cosa más que la falta de una respuesta oportuna de los tres niveles de
gobierno. Nos dice de todo aquello que no se ha hecho en la prevención de la
violencia”, añade.
Los datos
del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), del Sistema Nacional
de Seguridad Pública (SNSP) y de organizaciones no gubernamentales le dan la
razón a la académica.
El Observatorio Ciudadano de Derechos
Sexuales y Reproductivos contabilizó en Puebla 60 feminicidios en 2014; 50 en
2015; 82 en 2016 y 86 hasta el pasado 3 de octubre de este año.
La edición
más reciente de la Encuesta Nacional de la Dinámica de las Relaciones en los
Hogares señala que en la entidad la
violencia que viven las mujeres casadas en sus relaciones de pareja lejos de
contenerse sigue al alza: en 2011 el 48.5% afirmó haber tenido incidentes de
violencia, para 2016 la cifra creció a 49.8%.
Las denuncias por violación también
van en aumento. Según cifras del SNSP, en 2014, se reportaron 340 denuncias; en
2015 la cifra fue de 548, más de una por día. El 2016 cerró con 649 y hasta
agosto de este año se tienen 469, si la tendencia no cambia Puebla terminará el
año con más de 700 casos.
Una alerta
que no llega.
A pesar de las cifras y de la
exigencia de activistas, académicos y ciudadanos la Alerta de Violencia de
Género que se pidió formalmente desde el 9 de marzo del año pasado, no se ha
declarado.
En junio de
2016, el grupo de trabajo que conformó la Comisión Nacional para Prevenir y
Erradicar la Violencia contra las Mujeres (Conavim) emitió once recomendaciones
al gobierno de Puebla para atender la problemática.
De acuerdo con el reporte más
reciente de la Conavim, emitido el pasado 7 de julio, se han realizado
modificaciones a leyes y reglamentos, pero éstas no se han cumplido en su
totalidad.
Se actualizó
el “Protocolo para la Investigación, Preparación a Juicio y Juicio de los
Delitos en Materia de Trata de Personas”, pero
las desapariciones de mujeres no se están investigando de manera expedita ni
bajo esa óptica.
Esto a pesar
de que el Diagnóstico Nacional sobre la Situación de Trata de Personas en
México que la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito presentó en 2014 señala a Puebla – junto a
Tlaxcala y Quintana Roo – como un foco rojo en el delito de lenocidio.
El caso de
la adolescente de 15 años, Claudia Carolina que fue reportada como desaparecida
el pasado 16 de septiembre muestra las deficiencias de la Fiscalía poblana en
la investigación de esos casos.
Los familiares de la menor señalaron
a medios poblanos que la Fiscalía General de Puebla tardó más de dos semanas en
comenzar a investigar a la pareja sentimental de la menor, de quien la familia
sospechaba que la tenía retenida contra su voluntad. Fue hasta el 30 de
septiembre que la Fiscalía comenzó a rastrear los celulares, pero nunca se emitió
la alerta Ámber, dijo la madre de la adolescente a medios.
El 5 de
octubre la menor fue hallada en el municipio poblano de Olintla en un domicilio
de familiares del novio. La Fiscalía
antes de informar a los familiares que la menor ya había sido localizada
primero mandó un comunicado a medios, descartando “trata o algún otro delito”,
a pesar de que los indicios que presentó la familia en ese sentido.
Para la directora del OVSG “estamos
viviendo una reproducción de la violencia machista y una indolencia de las
autoridades, que
como no la sancionan, lo que vemos es
que se tolera, se reproduce y se incrementa. El caso de Puebla es un botón de
lo que puede pasar si no se atiende ese problema”.
En Puebla hay una “sistemática
omisión del estado frente a la problemática específica de la violencia contra
las mujeres, en especial el feminicidio y la desaparición”, dice Natalí Hernández Arias,
directora de la organización Centro de Análisis Formación e Iniciativa Social
(Cafis) que trabaja sobre temas de género y derechos humanos.
El gobierno, en sus tres órdenes de
gobierno con su negativa a reconocer o minimizando el problema permite que se
reproduzca impunemente, “tener pocos agresores de
mujeres en proceso o encarcelados es una muestra de impunidad, y el mensaje es
que a las mujeres se les puede violentar y no pasa nada”.
Pero no para
todos la alerta de género es necesaria para contener la crisis de violencia de
género que se vive en Puebla.
Hace unos
días el presidente de la Coparmex en
Puebla, José Antonio Quintana Gómez aseguró a medios que “etiquetar al estado
con una alerta de género pues sí podría ser factor para que el desarrollo
económico, el turismo, nuevas inversiones se pudieran detener o espantar de
venir a Puebla. Es un tema de responsabilidad el promover o no promover ese
tipo de alertas”.
La misma
Conavim en su reporte de julio pasado señaló: “Por el momento, no se actualizan elementos objetivos suficientes para
declarar procedente la alerta de violencia de género contra las mujeres en el
estado de Puebla”.
El estado, insiste Natalí Hernández
“no está queriendo asumir su responsabilidad y el costo político ante la
violencia feminicida y de desaparición de mujeres”, y se resiste a emitir la
Alerta de Violencia de Género.
Pues, dice,
“es reconocer simbólicamente que algo que les toca hacer no lo están haciendo,
o lo están haciendo mal. Y por el otro es reconocer que no están salvaguardando
la vida de la mitad de la población, que somos las mujeres”.
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