Sanjuana
Martínez.
De manera desvergonzada el gobierno
sigue pidiendo donativos. “Es para estimular la generosidad de los ciudadanos”,
dicen. Pero ya estuvo bueno. Ahora toca al gobierno disponer del dinero dentro
del presupuesto destinado a los desastres naturales y también de los
importantes donativos que hemos recibido.
Dos cosas
necesitamos analizar: por un lado, las
listas con nombres y apellidos del Cártel Inmobiliario y después los mecanismos
necesarios para lograr el uso honesto de los recursos destinados a los
damnificados.
¿A cuántas
personas mató el cártel inmobiliario en el sismo del 19 de septiembre? La corrupción mata. Y las cifras que nos ha
dejado el temblor nos revelan un sistema anquilosado de constructoras e
inmobiliarias enriqueciéndose a costa de la vida de miles de ciudadanos.
Los 361
muertos no son la consecuencia de un fenómeno natural, el mayor responsable no fue solo el sismo, también son responsables las
autoridades que aceptaron corromperse y ceder a la voracidad de la mafia de los
llamados desarrolladores de la construcción, auténticos buitres del cemento y
la tablaroca.
Autoridades-constructores-inmobiliarias,
son la santísima trinidad de la corrupción y la mafia instalada en la Ciudad de
México y otros estados de la República.
El sismo nos dejó 50 mil inmuebles
con pérdida total, la mayoría de estos no cumplían las normas sísmicas de
construcción y algunos ni siquiera las normas básicas de edificación.
A las 50 mil propiedades derrumbadas
hay que sumarle las 140 mil edificaciones afectadas que ya no podrán ser
habitadas. Algunas autoridades pretenden que las familias regresen a vivir a
estos inmuebles dañados, algo que incrementaría el nivel de riesgo.
Pero la
corrupción es esto. Protección Civil
asegurando que el edificio está en perfectas condiciones para ser habitado,
cuando saben que no es así, pero gracias a la corrupción los constructores y
dueños de los inmuebles consiguen solucionar su problema.
La corrupción está presente cuando el
constructor o desarrollador construye un edificio en base a unos planos
distintos a los que fueron autorizados por el gobierno en turno.
También está
presente cuando los empresarios de la
construcción prefieren sobornar a las autoridades para ahorrarse dinero en los
materiales de construcción y en lugar de utilizar varilla ancha para la
estructura de acero del inmueble, deciden hacerlo con varilla delgada; en lugar
de muros de contención deciden hacer muros de tablaroca.
Los escombros dejaron al descubierto
el desprecio a la vida que tienen las constructoras y las autoridades
corruptas.
Desvelaron la ínfima calidad de los materiales de construcción. Exhibieron las
trampas, las tranzas, los crímenes. Porque el Cártel Inmobiliario mata igual o
más que cualquier otro cártel de las drogas.
Miguel Ángel Mancera y también el
gobierno de Enrique Peña Nieto, el secretario de Gobernación, Miguel Ángel
Osorio Chong, están obligados a hacer justicia a los afectados por el sismo. Se
requieren denuncias, juicios y castigos ejemplares a los depredadores
inmobiliarios.
Después de esto,
pasaremos a la etapa de la reconstrucción. Urge un consejo ciudadano para el
maneja de los donativos. El gobierno de Enrique Peña Nieto no ha hecho las
cuentas. Seguimos esperando que nos
digan a cuánto ascienden las donaciones que aportaron el sector corporativo,
los mexicanos en el exterior, las instituciones y los gobiernos extranjeros y
las estrellas y deportistas.
Peña Nieto y su gabinete no ofrece
transparencia en estas cuentas, pero la sociedad civil lleva contabilizados un
billón 85 millones seiscientos cuarenta y cuatro mil cuatrocientos cuarenta y
ocho pesos. Los donadores como Facebook, Google, Unicef, China, el Vaticano,
Rusia e incluso el Banco Interamericano de Desarrollo, están esperando la
prueba fidedigna del buen rumbo que ha tomado su dinero.
Queremos ver que todo este dinero
llegue directamente a los damnificados por el terremoto. Si hay entre 80 y 100 mil familias
afectadas, es obvio que sólo en donativos se puede solventar sus problemas con
la entrega de una cantidad razonable para comprarse una propiedad.
Tal y como sucedió en el sismo de
1985 cuando un comité ciudadano integrado por organizaciones sociales se
encargó de velar por el buen destino de los recursos, así ahora necesitamos
establecer una estructura ciudadana para la administración de las donaciones y
también del presupuesto del Fondo de Desastres Naturales (Fonden) que asciende
a 9000 millones de pesos, cantidad que puede aumentar gracias a un bono
catastrófico emitido por el Banco Mundial por más de 6000 millones de pesos.
La desconfianza de los ciudadanos
contra el gobierno es legítima. El gobierno de Enrique Peña Nieto ha sido uno
de los más corruptos de la reciente historia. Los gobernadores de todos los
partidos han robado a manos llenas sin apenas consecuencias judiciales.
Un billón de pesos en donativos en
manos de funcionarios corruptos es igual a poner a un grupo de vampiros en un
banco de sangre dedicado a la donación altruista.
Está en su
naturaleza. Así son nuestros funcionarios y políticos. Nos han demostrado que el concepto de decencia no lo conoce, que son
incapaces de respetar el dolor y la necesidad de los afectados por el sismo. Si
ellos mismos se corrompieron para permitir construir edificios en mal estado,
con más razón serán capaces de robar dinero destinado a los damnificados.
¿Llegará
finalmente ese dinero a las manos que lo necesitan? La sociedad civil debe
exigir transparencia en el uso de estos recursos. Los lineamientos del Fonden son muy claros: el dinero debe utilizarse
para resolver las necesidades de damnificados, la reconstrucción o bien
construcción de viviendas y la reparación de todos los daños en la ciudad y en
los monumentos históricos.
Insisto. La corrupción mata. Quienes murieron en el
sismo deberían estar vivos. Quienes perdieron sus casas, deberían seguir en
ellas. Quienes sufrieron derrumbes, deberían tener seguridad. Quienes se
quedaron sin nada, merecen una respuesta pronta, expedita y contundente del
gobierno. Es su obligación.
Se lo deben
a las víctimas del temblor. ¡Saquen ya el dinero! El tiempo apremia. Y las
necesidades son muchas. Los damnificados están desesperados
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