Miguel Pulido.
Una nueva revelación periodística
hecha por Aristegui Noticias muestra que los enredos de la administración de
Enrique Peña Nieto aún no se agotan. Una investigación de Sebastián Barragán
señala que el gobierno de China reclama a México el pago de 600 millones de
dólares por la cancelación del tren México-Querétaro.
Se trata de
la millonaria obra, compromiso de campaña, que Peña Nieto había anunciado
tantas veces y que en su momento se dijo había ganado un consorcio
internacional, encabezado por China Railway Construction Corporation en la que
participó Constructora TEYA, propiedad de Juan Armando Hinojosa Cantú.
Este
hallazgo viene a desempolvar un conjunto de preguntas que han permanecido en la
opinión pública desde hace por lo menos tres años, a partir del escándalo sobre
las casas Blanca y de Malinalco. Sí, dos propiedades que Juan Armando Hinojosa,
contratista del gobierno y amigo personal del presidente y de Luis Videgaray,
les facilitó en condiciones por demás generosas.
Desde entonces una parte de la prensa
ha reportado lo atípico de todo el asunto, por decirlo bajito. Pero este es un
caso en el que lo técnico (en este caso lo jurídico) es político.
¿Hubo o no conflicto de interés? ¿Por
qué en el contexto de la revelación de la casa en posesión del presidente se
canceló la contratación millonaria de empresas chinas en México? ¿Tuvo alguna
relación el escándalo de la casa en posesión del presidente con la revocación
de una licitación de más de 50,000 millones de pesos?
Recordemos que la historia ha sido
singular hasta extremos ridículos. Sabrá Dios con qué cálculo, pero después de que el asunto de
la Casa Blanca salió a la luz pública tuvieron la ocurrencia de nombrar a
Virgilio Andrade al frente de la Secretaría de la Función Pública y ordenarle
que investigara si se había cometido algún ilícito.
No se necesitaban seis meses, miles
de fojas de “investigación” y un par de conferencias de prensa para hacer el
ridículo. Sin
embargo, esa fue la ruta y estilo que decidió usar Virgilio Andrade, el
improvisado secretario, para concluir los expedientes sobre las relaciones de
negocios y comerciales entre el Secretario de Hacienda, el presidente de la
República y la señora Angélica Rivera con el empresario Juan Armando Hinojosa.
El caso retrata de cuerpo entero lo
provinciano del gobierno de Peña Nieto. Acostumbrado al uso maniqueo del
discurso de la legalidad y pensando que el mundo es como Toluca, no atina
cuándo los golpes y las críticas vienen del extranjero.
Hoy sabemos, gracias a la
investigación de Barragán que mientras en México a la simulación la coronaron
con un acto: la mal llamada exoneración del presidente, en el extranjero
preparaban un golpe millonario contra el gobierno de Peña Nieto. Las empresas
chinas reclaman la cancelación de la firma del contrato desde 2015, y tienen la
intención de iniciar un arbitraje de inversión en contra del gobierno de
México.
El gobierno
de Peña Nieto siempre alegó que sus transacciones podrían ser raras, pero nunca
indebidas. Citando siempre la redacción de las leyes que regulan las
licitaciones en las que han participado algunas de las empresas de Juan Armando
Hinojosa (conviene insistir, el amigo del presidente), se apegaban a lo obvio:
que el presidente no anda firmando cada contrato que suscribe el gobierno. Se dijo hasta la saciedad que debido a
que el presidente no firma contratos, en consecuencia, no participa en
licitaciones.
No obstante,
de todos los enredos de interpretación legal que derivan del caso, éste es el
más folclórico. Hay que recordar que el
5 de noviembre de 2014, la Presidencia de la República informó que por
instrucciones del presidente Peña Nieto se había cancelado el fallo de la
licitación para la construcción del tren rápido México-Querétaro.
Y este detalle fino, en cualquier
democracia más estructurada sería un trabuco. Por fin, ¿el presidente puede o
no puede participar en las licitaciones? ¿Por qué no se deciden?
Las explicaciones oficiales sostienen
que el presidente puede cancelar fallos de licitación con simples instrucciones
verbales, y que así lo hizo. Por esta razón el asunto es espinoso in extremis. Si
la decisión revocatoria del presidente fue legal, entonces en toda forma
participó en asuntos en los que también estaba involucrado Juan Armando Hinojosa
Cantú. Así que no podrán jamás alegar otra vez que no hubo conflicto de interés
(o corrupción como le diría cualquiera en la calle).
Las compañías chinas que hoy se sabe
tienen la expectativa de recibir una indemnización alegan que las autoridades
mexicanas “no actuaron de manera transparente, de buena fe, ni garantizaron un
debido proceso legal”.
Si la
revocación por instrucciones orales del presidente no es legal, el gobierno
está en serios problemas, pues el reclamo de las empresas chinas tiene fundamento.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario
Gracias por tu comentario.