Francisco
Ortiz Pinchetti.
El colmo. La actitud oportunista de los partidos
frente a la contingencia por los sismos que devastaron a la capital del país y
diversas comunidades de otras entidades pinta por entero la naturaleza, los
intereses y los alcances de la clase política mexicana. Lejos de la solidaridad
incondicional con los afectados, la autocrítica y la propuesta, han aprovechado
para sacar raja electorera a la tragedia.
Unos a otros han intercambiado
acusaciones, pero no han asumido culpas, por complicidad o por omisión.
Ofrecieron demagógicamente renunciar a prerrogativas electorales –a las que
legalmente no pueden renunciar– para donarlas a los afectados, pero a final de
cuentas se han hecho guajes, como siempre. Pura promesa vana, que según ellos
puede redituarle en sufragios. Así de vil.
En el caso de Ciudad de México la
actitud del PRD, el PAN y el PRI ha sido patética, convenenciera y ruin. Todo
en función del 2018. Los perredistas se han preocupados más por salvar al
jefe de Gobierno que en volcar el apoyo de sus delegados, legisladores y
cuantiosos militantes a las tareas de auxilio y reconstrucción. Acción Nacional
ha optado una nada generosa postura de omisión, desde la cual sus dirigencias
nacional y estatal y sus diputados ante la ALDF han lanzado acusaciones tibias
al gobierno capitalino, más en función de su virtual alianza electoral con el
PRD a través del Frente que de una actitud crítica positiva.
El PRI, por su parte, se ha trepado a
una suerte de palco desde el cual, ajeno desde hace dos décadas al gobierno de
la Ciudad, pereciera contemplar cómodamente el deprimente espectáculo, sin
aportar alguna visión medianamente coherente de lo ocurrido y de las medidas
que a futuro debieran emprenderse.
Particularmente grave, por ominosa,
ha sido la actitud de personajes directamente vinculados con las causas no
naturales de la tragedia. Ellos han escondido la cabeza ante el riesgo de que
les sea cortada por sus evidentes culpas. Me refiero a tipos siniestros como el
coordinador de la fracción del PAN en la Asamblea Legislativa, Jorge Romero
Herrera, ex Delegado de la Benito Juárez y cacique de su partido en la capital,
y a Alejandro Fernández Ramírez, ex jefe delegacional perredista en Cuauhtémoc.
Debieran responder por sus respectivas responsabilidades en la tolerancia
obviamente interesada de los abusos de las inmobiliarias. Ambas demarcaciones
se registraron el mayor número de construcciones colapsadas, pero ellos han
guardado significativo silencio.
Romero Herrera, hoy Diputado con
fuero, fue reiteradamente acusado durante su gestión en la BJ (2012-2015) de actos
de corrupción en el tema de los desarrollos inmobiliarios irregulares que
proliferaron durante su administración sin que haya habido una sola obra ilegal
clausurada. El caso
del edificio colapsado de Zapata 56, en la colonia Portales, donde murieron dos
personas, es prototípico. La manifestación de constricción y el inicio de la
obra ocurrieron en 2014, pero la DBJ no cumplió con su obligación de
verificarla y evitar las anomalías que ahora se conocen. Y el ex delegado no da
la cara.
Hay que reconocer, en cambio, la
actitud del Movimiento de Regeneración Nacional (Morena). Su dirigencia local,
encabezada por Martí Batres Guadarrama, y su grupo parlamentario en la ALDF,
han ido más allá de la crítica y la condena, que las han hecho, para pasar a la
propuesta razonada y razonable frente a la realidad de una ciudad asentada en
un lecho lacustre, hundida a través de los siglos, con condiciones sísmicas de
muy alto riesgo. Son los únicos que parecen entender que las cosas ya no pueden
ser como antes.
Hace unos
días, Morena presentó los Principios fundamentales que propone para la
reconstrucción de la Ciudad de México después del sismo del 19 de septiembre. Es el único partido que lo ha hecho.
Sobresalen en ese plan la necesidad de recordar y honrar las vidas perdidas
durante el terremoto, así como la de conocer la magnitud de los daños causados
por éste, antes que nada.
El partido
de Andrés Manuel López Obrador asume una
demanda central de los damnificados, que rechazan el plan de otorgarles
financiamiento para la reconstrucción de sus viviendas. Morena calificó de
inaceptable la pretensión de convertir a los damnificados en deudores, como
postula el gobierno local. Y advirtió sobre la existencia de múltiples
deficiencias en el Programa de reconstrucción propuesto por la administración
capitalina.
A través de
sus dirigentes, delegados y diputados locales de la Ciudad de México, el partido expresó su preocupación de que
la Ley de Reconstrucción enviada por el jefe de Gobierno Miguel Ángel Mancera
Espinosa a la Asamblea Legislativa carezca de diagnóstico y no contemple la
participación ciudadana. Advirtió que es imprescindible que en esta magna tarea
participen los tres niveles de gobierno porque, hasta la fecha, la
administración capitalina no ha incorporado a las delegaciones en las labores
de reconstrucción.
Por otra
parte, el Diputado local José Alfonso Suárez del Real y Aguilera, también de
Morena, exigió eliminar de la mencionada
la Ley de Reconstrucción una aberración monstruosa: el concepto por el que se
permite construir hasta el 35 por ciento más de pisos sobre edificios
colapsados, en zonas de alto riesgo sísmico. Pidió que se elimine ese
porcentaje de redensificación para financiar lo colapsado y, en su lugar, se le
apueste al valor social del hábitat tal como lo dispone la Organización de las
Naciones Unidas. Es decir, cambiar el paradigma.
Suárez del
Real llamó al Jefe de Gobierno a
considerar y poner en práctica el concepto de derechos humanos en el proceso de
emergencia de reconstrucción. Dijo que el gobierno debe fungir como un Estado
rector que vele por el bienestar de sus habitantes. Criticó que en este proceso
de emergencia y reconstrucción no exista la participación de los empresarios
inmobiliarios, los que además de apoyar deben asumir responsabilidades donde
sea el caso. Un punto toral, por cierto, frente al que todos los involucrados
se han hecho que la Virgen del habla. Lo que les importa es proteger los
intereses de sus patrocinadores. Y ganar votos.
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