Los
arrecifes en México están amenazados por el cambio climático, el crecimiento de
la infraestructura turística y urbana, la sobrepesca, además de la apatía del Gobierno en invertir un mayor presupuesto en su
protección, coincidieron investigadores y miembros de la organización
ambientalista Greenpeace México.
En diciembre del año pasado,
investigadores de la Universidad Nacional Autónoma de Mexico (UNAM) y miembros
de la organización Greenpeace México realizaron una expedición a bordo del
buque Rainbow Warrior para evaluar el estado de salud de arrecifes en
Alacranes, Cayo Arenas y Triángulos, en el Banco de Campeche –y que son algunos
de los arrecifes menos estudiados en el Golfo de México–, así como los de
Cozumel e Isla Contoy, en el Caribe mexicano.
La
organización ambientalista con presencia internacional halló que, de 15 arrecifes estudiados en la Península de
Yucatán, tres se encuentran en estado crítico, dos fueron catalogados como mal,
cuatro más en estado regular, cinco se calificaron como bien y sólo uno en muy
buen estado, esto según los estándares formulados por la Iniciativa
Arrecifes Saludables, que considera entre sus indicadores la cobertura de coral
y macroalgas, además de la presencia de peces herbívoros y comerciales.
De los arrecifes analizados, ocho
están dentro de alguna Área Natural Protegida (ANP) y siete corresponden a Cayo
Arenas y Triángulos, que no se encuentran bajo categoría de protección, pero
cuentan con una salud de regular a muy bien, al situarse a 150 kilómetros de la
costa; aun así, presentan huellas de sobreexplotación pesquera.
En
entrevista para SinEmbargo, Lorenzo Álvarez-Filip, investigador líder en el
informe “Estado de conservación de los arrecifes de coral” y Miguel Rivas,
coordinador de la campaña de océanos de la organización ambientalista, coincidieron en que el cambio climático es
la principal amenaza para los sistemas arrecifales y en que los desarrollos
turístico y urbano sin planeación suponen otro fuerte peligro.
En el caso
del Caribe mexicano, dijo el investigador, “hay
una fuerte presión por parte del desarrollo [turístico y urbano], que se ve
reflejado en que los arrecifes no están en muy buen estado de salud”.
En Quintana
Roo, dijo, las aguas residuales en el
mejor de los casos se tratan de manera superficial; no obstante, los residuos
de las granjas, los desechos humanos, fertilizantes e insecticidas se están
filtrando a los ríos y eventualmente irán al mar, con lo que la dinámica
ecológica se ve afectada en los ecosistemas, incluidos los arrecifes de coral y
los manglares.
En Campeche, los arrecifes que se
encuentran lejos de la costa están en un estado de conservación mucho mejor,
sin embargo, las amenazas principales son el cambio climático y la sobrepesca
con miras semi-extractivas e industriales.
ÁREAS
NATURALES, ¿PROTEGIDAS?
El informe indica que, a pesar de la
importancia de los arrecifes, el presupuesto para Áreas Naturales Protegidas
con zonas marinas ha descendido drásticamente hasta en 27 veces en la última
década.
En el análisis se indica que la
importancia de los arrecifes de coral radica en su biodiversidad, además de
proveer de numerosos bienes y servicios ambientales para el bienestar social y
económico de los habitantes del planeta. En la investigación “Estado de conservación de los arrecifes
de coral” se lee lo siguiente:
–Se estima que alrededor del 10 por
ciento de la producción mundial de proteína para la alimentación humana se
obtiene de estos ecosistemas.
–También los arrecifes protegen a las
costas de tormentas, huracanes y erosión.
–Al ser uno de los atractivos
turísticos y proveer de diversos servicios ecosistémicos se ha calculado que su
valor económico anual a nivel global es de 36 billones de dólares.
Para muestra
un botón.
Hace una década, el presupuesto para
el Parque Nacional Arrecifes de Cozumel fue de 7.72 millones de pesos mientras
que para el presente año recibió únicamente 0.90 millones de pesos, de acuerdo con las respuestas a las
solicitudes de información hechas a la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos
Naturales (Semarnat) y a la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas
(Conanp).
El análisis
también muestra que pese a que la extensión de las Áreas Naturales Protegidas
con porción marina en Quintana Roo ha aumentado, los recursos destinados para su conservación han disminuido
radicalmente en los últimos 10 años. En la actualidad, se destinan sólo 81
pesos por cada kilómetro cuadrado, 27 veces menos que en 2007, cuando la
cantidad fue de 2 mil pesos por cada kilómetro.
Aunado a
ello, Rivas sostuvo que la proliferación
de decretos de Área Natural Protegida no son precisamente un beneficio para los
ecosistemas, pues al no presentar un plan de manejo, las áreas se encuentran en
riesgo.
El Artículo
65 de Ley General del Equilibrio Ecológico y la Protección al Ambiente
establece que la Semarnat enunciará, “dentro del plazo de un año contado a
partir de la publicación de la declaratoria respectiva en el Diario Oficial de
la Federación, el programa de manejo del área natural protegida de que se
trate, dando participación a los habitantes, propietarios y poseedores de los
predios en ella incluidos, a las demás dependencias competentes, los gobiernos
estatales, municipales y del Distrito Federal, en su caso, así como a
organizaciones sociales, públicas o privadas, y demás personas interesadas”.
No obstante, a pesar de que existen
181 áreas naturales protegidas en el territorio mexicano, 79 de ellas carecen
de programa de manejo.
“Tener una ANP sin plan de manejo es
simplemente tener una área de papel. El ‘ofertón’ de áreas naturales protegidas
con grandes extensiones de agua no sirven de nada porque sin plan de manejo no
se garantizan sus beneficios ecosistémicos. No sirve para nada porque no hay
ningún tipo de regulación, lo que genera problemas ambientales y sociales”, expuso Rivas.
Ante este
panorama, el doctor Álvarez-Filip recomendó
al Gobierno de México adquirir el compromiso de invertir en la conservación.”
“En este momento, el Gobierno
mexicano sí tiene programas, pero son comerciales para hacer ruido. Estamos
viendo que hay muy poco dinero destinado al área de conservación. La red de ANP está creciendo, lo
que puede ser algo positivo, pero haciendo un análisis encontramos que el Gobierno no está poniendo allí el
dinero. Es difícil que con buena voluntad se haga: hay que invertir”,
manifestó.

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