Diego
Petersen Farah.
La elección
de 2018 no solo definirá la Presidencia de la República, que de eso se trata,
sino también la subsistencia de los partidos tal como los conocemos hoy. Dicho de otra manera: más allá de quién
gane o quién pierda la próxima elección federal, los partidos que estarán en la
boleta no serán los mismo que los que veremos en 2024. No se trata de hacerle
al adivino, simple y llanamente las condiciones en que llegarán hacen que la
sobrevivencia de algunos de ellos esté en juego en esta elección.
Los obvios son los partidos pequeños,
esos cuya subsistencia depende de una alianza electoral. Si el Verde logra un
acuerdo con el PRI, que es lo más probable, sobrevivirá como hasta ahora, como
una fuerza marginal, pero seguirá siendo un buen negocio para unos cuantos.
Lo mismo podemos decir del PES y
Nueva Alianza: sin van solos no la libran. El caso más extremo es el PT, pues
sin la alianza con Andrés Manuel se mueren en 48 horas. Después del golpe a su
líder, Alberto Anaya, crece la posibilidad de que Morena lo deseche como aliado
y eso significa perder el registro.
La izquierda
es otro caso. Como Rómulo y Rema, PRD y Morena terminarán matándose uno al
otro. Si Morena, con Andrés Manuel al
frente, logra la presidencia y la capital el PRD prácticamente desaparece.
Podrá sobrevivir como un partido enano que sea rentable para unos cuantos.
Por el contrario, la derrota de Andrés Manuel convertiría a Morena en una cena
de negros de la que difícilmente saldrá vivo.
El PAN
tendrá una transformación mayor. Lo más
seguro es que se mantenga como marca, pero con dinámicas muy distintas. En
Ciudad de México es un partido que no levanta y en dos de sus grandes
bastiones, Jalisco y Nuevo León, fue arrasado y borrado, por el Bronco y MC
respectivamente, y no se ve de dónde se recupere. Aún ganando el Frente, el
futuro del Partido Acción Nacional se ve más gris que azul.
¿Qué le pasará el PRI si pierde la
elección? Vivirá un proceso de canibalismo interno parecido al de 2000 pero con
mucha mayor intensidad. No solo perderían la presidencia de la república, sino
que se quedarían con el estado de México, que el más grande, y de ahí para
abajo puros de los pequeños. El cobro de facturas será terrible y perderán el
pegamento esencial que cohesiona a todo partido, pero particularmente al PRI:
la perspectiva de acceso al poder.
Si a eso le
agregamos la gran presión social para disminuir el subsidio a los partidos, la
sobrevivencia será cada día más complicada. La boleta del 2024 será muy
distinta a la del próximo proceso electoral. La oferta será sin duda distinta,
aunque tristemente nadie ni nada asegura o augura que será mejor.
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