Entre gritos y agresiones entre
legisladores, el Pleno de la Asamblea Legislativa de la Ciudad de México aprobó
el dictamen para autorizar “El Sarape”, una planta de Residuos Sólidos Urbanos
(RSU) para generación de energía. Esta tecnología implicará un compromiso
financiero de 109 mil millones de pesos a 30 años con Veolia, una empresa
privada con demandas en el mundo y antecedentes de corrupción, que pagará una
entidad en proceso de reconstrucción cuya deuda equivale al 2.3 por ciento del
PIB al segundo trimestre de este año, con una tasa de interés de 7.5 por
ciento.
Para el
coordinador de Morena en la ALDF, César Cravioto Romero, se trata tanto de la operación financiera “más cuantiosa que jamás
haya sido aprobada” para la entidad como “el caso de corrupción más
escandaloso” a nivel local. En contraste, el Jefe de Gobierno Miguel Ángel
Mancera pidió que “no se politice y
sobre todo no se tergiverse”, ya que no se trata de endeudamiento sino de una
“garantía fiscal”, otro tipo de esquema con recursos que ya están programados.
En la Ley de Ingresos aprobada por el
Congreso para 2018 se autorizó a la capital la contratación de deuda pública
hasta por 5.5 mil millones de pesos por los efectos del sismo de septiembre
sobre los edificios, viviendas y bienes culturales. La Ciudad de México creció 4.4 por
ciento del PIB en el segundo trimestre del año, por lo que la organización
civil México, ¿Cómo Vamos? coloca a la deuda de la capital en semáforo
amarillo. De 2013 a 2017, periodo de gestión de Miguel Ángel Mancera Espinosa,
ha pasado de 2.4 a 2.3 por ciento del PIB, menor al promedio nacional.
El Jefe de
Gobierno Miguel Ángel Mancera y el Secretario de Hacienda José Antonio Meade
Kuribreña acordaron el martes que 3 mil 371 millones del Fondo de Desastres
Naturales (Fonden) se destinarán para reparar los daños parciales y totales en
vivienda y área cultural. Otros mil 669 millones de pesos serán para la
reestructuración de áreas de educación, forestal, hidráulica, salud y deportes.
“Habrá la posibilidad de créditos a
través de la hipotecaria para aquellos edificios que requieran ser
reconstruidos en su totalidad; además del apoyo de las tarjetas”, dijo Mancera Espinosa.
No obstante,
a siete semanas del sismo con todavía
miles de damnificados en espera de ayuda, en la Ciudad de México la Asamblea
Legislativa sigue discutiendo la Ley de Reconstrucción, la cual no es prioridad
para la oposición, consideró en entrevista Cravioto Romero.
“Para los diputados del PRD, Verde,
PAN y Movimiento Ciudadano lo prioritario son los negocios de Mancera y que los
damnificados se sigan esperando”, afirmó.
El martes Morena desconoció la
validez legal de la aprobación de la planta procesadora al asegurar que no fue
por mayoría. El contrato es entre Proactiva Medio Ambiente, del grupo francés
Veolia, y la Agencia de Gestión Urbana (AGU) del Gobierno capitalino. Por la tarde, Cravioto Romero presentó una moción suspensiva en contra al
argumentar que esta firma francesa tiene antecedentes de corrupción y enfatizó
en tribuna que la Asamblea Legislativa no puede comprometer recursos para
ningún otro tema que no sea la de atender a la reconstrucción.
En
entrevista, recordó que Greenpeace
denunció que la compañía Veolia enfrenta juicios por generar contaminación e
incumplimiento de contrato, no obstante, pese a implicar un problema financiero
y ambiental, los legisladores “siguieron instrucciones de Miguel Ángel
Mancera”.
Veolia, la principal privatizadora de
agua en el mundo, también tiene el contrato de la gestión del Sistema Comercial
de Agua de la Ciudad de México hasta mayo de 2021. Una de sus filiales en México, RIMSA, maneja uno de los pocos
confinamientos de residuos peligrosos que hay en el país y que también ha sido
sancionada por PROFEPA. RIMSA también
ha sido denunciada por grupos de ambientalistas de Chiapas, debido a la
contaminación de mantos freáticos causada por escurrimientos de lixiviados del
basurero a su cargo.
A nivel global, Veolia ha enfrentado
demandas ante tribunales internacionales y nacionales por incumplimiento en sus
contratos como en el caso de Egipto, Lituania, Marruecos. Además, sus
operaciones en Bélgica, Alemania, Bulgaria y Rumania han estado rodeada del
descontento por el aumento de los precios y la corrupción. En Rumania la compañía se vio
involucrada en un enorme escándalo de corrupción por los sobornos que
entregaban a los funcionarios para que aceptaran aumentar los precios del agua
en Bucarest, documentó Greenpeace.
“El negocio de Mancera. Compromete
muchos recursos a 30 años para fortalecer a una empresa privada que además
tendrá el control absoluto de suministrar al Metro, una empresa pública y el
sistema de transporte más importante de la capital”, acusó Cravioto.
Advirtió que se obligaría al Metro a comprar a
sobrecosto la electricidad por tres décadas, además de pagar un sobreprecio
para trasladar la basura a la planta y un sobrecosto para la propia construcción
de la planta. En suma, consideró, “estamos haciendo un Odebrecht para la Ciudad
de México”.
Al ser ignorados por el resto de los
partidos, los integrantes de Morena tomaron la tribuna de la ALDF con una lona
y acusaron al Jefe de Gobierno Miguel Ángel Mancera Espinosa de “hipotecar a la
capital y traicionar a los millones de ciudadanos que creyeron en él”, días antes de dejar el cargo para
contender por la Presidencia. Mancera no ha descartado, pero tampoco confirmado
su intención de ir por la silla grande.
LOS RIESGOS
AMBIENTALES.
En la Ciudad
de México se generan 13 mil toneladas diarias de basura por lo que el gobierno
capitalino gasta dos mil millones de pesos al año para tratarla. Con esta
planta procesadora, que se prevé entre en operación en 2020, se convertirán
diariamente 4 mil 500 toneladas de residuos en 965 mil MWh al año para mover
las 12 líneas del Sistema de Transporte Colectivo (STC), empleado diariamente
por casi 6 millones de usuarios.
Aunque las
comisiones unidas de Presupuesto y Cuenta Pública y de Hacienda de la Asamblea
Legislativa destacaron que esta tecnología ha sido probada por más de 25 años
en países de Europa y Asia, Greenpeace
obtuvo copia del contrato por medio del sistema Infomex y encontró riesgos de
contaminación para una entidad ya con mala calidad del aire.
De acuerdo
con la organización ambiental, en el
apartado de riesgos se acepta que las emisiones al ambiente se encuentren por
encima del rango estipulado por la norma. La combustión de basura emite dioxinas y furanos, sustancias
cancerígenas. Otra cláusula del contrato estipula que, si la cantidad de basura no fuera suficiente para generar la energía
que requiere el Metro, la Agencia de Gestión Urbana (AGU) aportará desechos
adicionales.
Marisa
Jacott, directora de la organización Fronteras Comunes, otra organización en
contra, expuso que “no debemos tener un
incinerador de basura en la Ciudad de México ya que, debido a sus emisiones
contaminantes, aumentarían los riesgos de daños a la salud, la carga corporal
tóxica de los habitantes de la ciudad y área Metropolitana, así como al medio
ambiente”.
Como
ejemplo, expuso que siete mil toneladas
de residuos al día se envían a la empresa cementera Cemex en Atotonilco de
Tula, Hidalgo, y a Tepeaca, Puebla para su incineración, lo que está afectando
severamente a las comunidades aledañas.
El morenista César Cravioto agregó
que esta planta procesadora de basura impulsa a seguir generando toneladas de
residuos en vez de, como en otros países, obligar a reducir los niveles. Dijo
que ese tipo de tecnología ya es obsoleta y en otras zonas del mundo solo se
quema una parte.
Gustavo
Ampugnani, director Ejecutivo de Greenpeace México apuntó que la Ciudad de México tuvo seis años desde que se cerró el
Bordo Poniente en 2011 para buscar alternativas para el buen manejo de los
Residuos Sólidos Urbanos (RSU), pero no lo hizo.

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