El IV
Congreso Nacional Extraordinario de Morena, donde se presentó su Proyecto
Alternativo de Nación 2018-2024, fue estampa fiel del fanatismo. Para sus
partidarios, Andrés Manuel López Obrador es un ídolo.
La cita,
pactada para el día que conmemora el inicio de la Revolución Mexicana, fue en
el Auditorio Nacional, principal recinto de espectáculos del país.
Los
asistentes –congresistas, militantes e invitados del partido– empezaron a llegar
desde las primeras horas de la mañana, donde ya aguardaban decenas de
vendedores ambulantes con mercadería conmemorativa: gorras a 70 pesos, playeras
de 250, plumas por 20, peluches de distintos precios, tazas y paraguas
cotizados en 50 y cien pesos. Todo con la imagen del candidato.
También se
vendían productos alusivos al “Che”, documentales de protesta, artesanías y una
gran variedad de libros de autores como Juan Rulfo, Octavio Paz, Julio Scherer
García, Carlos Monsiváis, Paco Ignacio Taibo II, Enrique Krauze, Álvaro
Delgado, Denise Dresser, George Orwell o Mario Benedetti, así como cada obra
publicada por el propio López Obrador, entre tantos.
Pero el producto estrella, a sólo
diez pesos, fueron las calcomanías. De ellas se leían leyendas como “Ya no
necesito sexo. Mi gobierno me coge todos los días”; “Nunca subestimes a un
idiota, algún día podría ser tu presidente”; “Vivo en un país donde mi teléfono
celular es más inteligente que el presidente”; “No nos hagamos: no necesitamos
tantas reformas, lo único que necesitamos es que nuestros gobernantes dejen de
robar”; “Apaga la tele. La verdad está en la calle”; “Vale más una protesta
pendeja que un pendejo que no protesta”; “No te conozco, pero nos necesitamos
para cambiar México”; “No podría mirar a mis hijos a los ojos y decirles que
viven así porque no me animé a luchar”; “México: despierta, chingada madre” o,
la más vendida: “Sonríe, vamos a ganar. AMLO 2018”.
En la
explanada exterior se colocó un escenario con una pantalla donde se
transmitiría el evento a quienes no consiguieran entrar. Algunos de ellos
intentaron hacer un “portazo” en el que sólo unos cuantos se lograron colar.
Entre los
invitados especiales desfilaron políticos como Alejandro Encinas, Mario
Delgado, Miguel Barbosa, Manuel Bartlett, Delfina Gómez, Rocío Nahle, Alberto
Anaya, Leonel Godoy o Gerardo Fernández Noroña. Y en las primeras filas se
ubicaron personajes como el padre Alejandro Solalinde, Elena Poniatowska,
Ifigenia Martínez, Porfirio Muñoz Ledo, Olga Sánchez Cordero, la mujer y los
cuatro hijos del líder tabasqueño.
Al centro
del escenario, apenas decorado con discretos arreglos florales y de fondo una
manta blanca con la convocatoria al evento, se dispusieron nueve sillas para
figuras centrales del proyecto. En los extremos se colocó a la escritora Laura
Esquivel, el economista Abel Sánchez, el diplomático Héctor Vasconcelos, la
excontralora Bertha Luján, el exfuncionario zedillista Esteban Moctezuma, la
secretaria general de Morena, Yeidckol Polevnsky, y el moderador del evento
Martí Batres. A la izquierda del protagonista, la próxima candidata del partido
por la jefatura de gobierno capitalino: Claudia Sheinbaum; y a su derecha, el
empresario (antes ligado a Vicente Fox) Alfonso Romo.
Quince
minutos después de las once de la mañana se dieron las indicaciones para casos
de emergencia y, de los altavoces del auditorio, se escuchó: “Que disfruten la
función”.
La primera
ovación llegó con la aparición de Sheinbaum, quien saludaba repetidamente al
auditorio.
Hasta que
llegó el que sería el único centro de atención: de entre la gente surgió Él,
quien bajó lentamente rumbo al entablado, saludando y fotografiándose con quien
se lo pedía, al tiempo que Batres arengaba desde el micrófono: “Obrador,
Obrador”; “presidente, presidente”; y el clásico “es un honor, estar con
Obrador”.
“Amor con
amor se paga. El Peje en el 18 gana”, improvisó la gente.
Al tomar el
estrado, Batres no escatimó en elogios: “Demos la bienvenida al líder más
importante de México”; “campeón de la honestidad”, “esperanza de México”, soltó
entre incontables cumplidos.
El tono
continuó con cada uno de los oradores. Todos terminaron su participación
colmando de halagos y “vivas” a López Obrador, rindiéndole pleitesía.
El discurso
inaugural fue de Sheinbaum, que habló de la necesidad de combatir la
desigualdad y transformar una realidad marcada por la voracidad de los
poderosos. Serio, su líder le alzó la mano, desatando la algarabía.
Siguió Romo,
a quien López Obrador calificó de “garbanzo de a libra” entre los empresarios y
al que designó como coordinador de su proyecto. El empresario, por su parte,
habló de defender el Estado de Derecho y combatir la corrupción como ejes
centrales del eventual gobierno lopezobradorista. “No es hora de sembrar miedos.
No nos inspiramos en Europa, en Estados Unidos ni en Venezuela. Nos inspiramos
en México”, dijo, arrancando la sonrisa y los primeros aplausos del líder
tabasqueño.
Esteban Moctezuma fue el único que
decidió interactuar con los espectadores, mientras habló de política social y
cómo se beneficiaría a jóvenes y adultos mayores. “A López Obrador se le acusó
de populista por acciones como el apoyo a los adultos mayores, que después
copiaron en todo el país”, se le escuchó, ganando la aprobación del aludido,
que volvió a romper la seriedad con una sonrisa.
Ningún otro
orador lo volvió a conseguir y los 15 minutos pactados para la participación de
cada uno se fueron extendiendo.
Esquivel
hablaba de educación cuando la atención se desvió a la tribuna. En mantas,
militantes denunciaron que la dirigencia de Morena en Quintana Roo habría
“vendido” el movimiento al PRI, mientras que otras dos acusaron imposiciones en
Querétaro. Los pocos elementos de seguridad pidieron a los manifestantes que se
retiraran, pero el auditorio pidió “libertad” para que se quedaran. Minutos
después los inconformes se retiraron.
Alberto
Sánchez habló de economía. Detalló el “vergonzoso” nivel de inversión pública
actual, “el más bajo desde tiempos de la segunda guerra mundial”; mientras que
Vasconcelos hizo hincapié en la crisis de seguridad, “profundizada” por un
Estado criminal y el resentimiento social que la pobreza causa.
Por
unanimidad, se votó el proyecto a favor y el tedio se rompió con cantos a coro
por Morena.
Entonces llegó
el tiempo del “líder”. Se proyectó un adelanto de 15 minutos del documental
Este soy, realizado por Epigmenio Ibarra, que comienza con una entrevista a
López Obrador al pie de Palacio Nacional.
“Es a
Palacio o a La Chingada”, inició con la voz del protagonista, desatando el
fervor de sus admiradores. Se vieron imágenes de su pueblo natal, en Tabasco,
donde se exponen episodios de su infancia, la casa que compartió con su primera
mujer y madre de sus tres primeros hijos, Rocío Beltrán (fallecida en 2003), y
las batallas sociales que encabezó en su tierra.
Mirándose,
absorto, cambió el semblante del celebrado.
Al terminar
la proyección, finalmente se hizo de la voz. “Tenía preparado un escrito con 10
postulados. Pero voy a resumir para no ser reiterativo”, dijo al inicio de un
discurso que finalmente rondaría los 40 minutos.
Poco importó
a su público que le festejaba cada palabra. Habló de la mafia del poder, de los
próceres de la patria, de su ventaja en las encuestas y la necesidad de no
confiarse ante un posible fraude en puerta, de unirse, de dejar de quejarse y
transformar al país, de justicia, de no creer en comparaciones con Trump ni con
Maduro, de no poder tomar definiciones públicas (en temas como matrimonio
igualitario) por “respetar” a todos los sectores, de imaginar la noche del 1 de
julio próximo, de “hacer historia” …
Y de pronto,
sin llegar a un clímax, terminó el discurso. Confundida, la audiencia tardó un
momento en reaccionar para enseguida retomar las amorosas consignas.
Y volvieron
los halagos. Bernardo Bátiz clausuró el Congreso con nada más que alabanzas a
su exjefe, para dar paso al Himno nacional. Del estrado, el único que no lo
hizo fue AMLO, que al terminar esquivó cuanto pudo la intención del “besamanos”
de algunos invitados y se marchó por una puerta lateral. De a poco, después de
la tres horas y media de acto, el auditorio se fue vaciando.
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