Salvador Camarena.
Las 50 mil
Tarjetas Metro puestas a la disposición del público la primera semana de
noviembre volaron.
Así respondieron los capitalinos al
anuncio de Miguel Ángel Mancera de que el Metro tendría una nueva tarjeta de
prepago con dos chips, uno para saldo destinado a viajes de Metro (y próximamente
del Metrobús y Tren Eléctrico) y otro donde el usuario podrá depositar hasta 15
mil pesos utilizables en establecimientos afiliados a MasterCard. O sea, la
tarjeta del Metro ahora también es monedero electrónico.
Esta iniciativa suscita dudas (algunas
fueron planteadas hace una semana aquí: https://goo.gl/Hhrxfx), pero la
principal interrogante tiene que ver con la invitación por parte del gobierno
de Mancera a la empresa Broxel, entidad financiera que operará el saldo de las
tarjetas.
Broxel tiene en este sexenio contratos por 273
millones de pesos con el ISSSTE y con la Secretaría de Desarrollo Agrario,
Territorial y Urbano (Sedatu) para el suministro de combustible mediante
tarjetas con chip. Hay además en internet un contrato de hace un año donde
aparece como proveedor de vales de despensa de la función pública.
A la par de esos contratos, Broxel es
mencionado, así sea en una línea, como parte del esquema electoral usado por el
PRI en 2012 para el manejo de las polémicas tarjetas Monex (Revista Proceso
https://goo.gl/ZeBHzg), y ha trascendido
de manera extraoficial que los socios de esa empresa realizaron varias
operaciones en el Infonavit en tiempos de los Murat, perdón, de Alejandro Murat.
Hoy Broxel está en la antesala del desembarco de millones
de usuarios del Metro que podrían depositar en ese plástico su dinero, mismo
que al depositante no le daría rendimientos o puntos de fidelidad, aunque sí
otorgaría la facilidad de dejar de usar efectivo y pagar en los
establecimientos que acepten MasterCard.
¿Qué gana el
Metro con esta operación? Algunos señalan que el Sistema de Transporte
Colectivo se beneficiará porque dejará de subsidiar el diferencial entre el
costo de la tarjeta que se conoce hasta hoy (17 pesos por plástico, dependiendo
de la cotización del dólar) y el precio de venta de las mismas a los usuarios,
que es de 10 pesos.
Igualmente,
la nueva tarjeta con doble chip supone que el Metro se liberará de la
obligación de comprarle a una sola empresa (llamada ASK México SAPI de CV) los
anteriores plásticos, dotados de una tecnología cerrada llamada Calypso. Esta
operación impactará también al Metrobús y al Tren Eléctrico, que ya podrán
tener otros proveedores aparte de ASK.
Otra duda: ¿a quién debemos que durante años el transporte de la ciudad
estuviera amarrado a un solo proveedor de tarjetas?
Entre esos tres sistemas de transporte
han emitido en una década alrededor de 18 millones de tarjetas. Es de notarse que,
al Metro, que mueve a casi seis millones de usuarios al día, sólo le
correspondan la mitad de esos plásticos.
Una
explicación es que el reino de los boletitos ha sido largo y difícil de
desmontar: 55 por ciento de los accesos
pagados al Metro son mediante papel, el resto es con plástico.
Pero ahora
los boletitos podrían morir a manos de las tarjetas de chip. Incluso ha
trascendido que el Metro emitirá otra tarjeta más muy pronto.
El fin de los boletos del Metro
supone una gran bolsa económica para las tarjetas. La duda es, de nuevo, por
qué se invitó a ese negocio, por lo pronto y de saque, sólo a Broxel y a
MasterCard.
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