Martín
Moreno.
Tan inaudito como preocupante. Tan
inverosímil como alarmante. Tan sorpresivo como amenazante:
Que los secretarios de la Defensa
Nacional y de Marina arremetan públicamente, juntos, en contra del principal
político opositor al sistema, jamás se había visto en México. ¡Nunca! Codo a
codo, los jefes de soldados y marinos blandiendo armas y escudos en franca
amenaza a la propuesta de un civil (AMLO) respecto al planteamiento discutible
– solo fue eso: un planteamiento-, de amnistiar a victimarios y líderes del
narco, es una postal que vaticina días de represión y de totalitarismo.
“Mera
propaganda electoral”, acusa el titular de Marina, almirante Francisco Soberón.
¿Y desde
cuando el jefe de la Marina se convirtió en vulgar matraquero electoral del
sistema, crucificando a los opositores cuyas propuestas son debatibles?
“Están
dejando de lado todo el mal que le han hecho al país, cuánta gente ha muerto
por su culpa…cómo es posible pensar en que se les dé una amnistía”, atizó
Salvador Cienguegos.
¿Y desde cuándo los generales le
ordenan al poder civil qué sí discutir y qué no discutir?
La andanada de Cienfuegos y de
Soberón en contra de un político civil – López Obrador-, es preocupante por dos
razones fundamentales (más allá de nombres, personajes o propuestas polémicas):
Primero, porque, de manera abierta y sin ningún
límite, ya se está permitiendo a los jefes de los cuerpos de seguridad
responsables de la tranquilidad interna del país, intervenir en asuntos
políticos-civiles. Podrán gustar o no las propuestas de AMLO, pero una cosa es
discutirlas, criticarlas, apoyarlas o desecharlas, en un marco de discusión
civilizada, y otra cosa, muy diferente, es permitir que los secretarios de la
Defensa y Marina salgan y vociferen en contra del puntero en las próximas
elecciones presidenciales.
Esto no es
casualidad: Cienfuegos y Soberón se
suman así al TUCOMO (Todos Unidos Contra Morena), y desde ahora avisan que
participarán, con armas y toletes, en el proceso político-electoral del año
próximo. Soldados y marinos serán los operadores electorales del gobierno
peñista. Nada menos.
Segundo, que al amparo de la Ley de Seguridad
Interior (LSI), los militares tendrán facultades para intervenir contra
protestas de carácter social o electoral, como bien podría ocurrir en el 2018,
en caso de que haya manifestaciones públicas opositoras en contra de lo que,
desde ahora, se viene diseñando y perfilando: un fraude electoral que le
permita al PRI mantenerse en Los Pinos. La andanada pública de Cienfuegos y de
Soberón en contra de López Obrador es apenas el inicio de un estado ya anunciado:
el Estado militarizado, con plenas facultades para intervenir, confrontar y
someter a civiles, sin castigo alguno y cobijados legalmente por la LSI.
(Personalmente,
yo no estoy de acuerdo con la propuesta de AMLO de otorgar amnistía a líderes y
victimarios del narco; empero, sí
apoyaría discutir nuevas estrategias para combatir al crimen organizado, no
atacarlas con amenazas militarizadas como las de Cienfuegos y Soberón. No en
balde, el sexenio de Peña Nieto pasará a la historia como el más violento,
sangriento e impune).
La postura de Cienfuegos y de Soberón
ya no es la posición respetuosa de los jefes del Ejército y de la Marina en
torno a conflictos que competen exclusivamente a civiles. No. Ya no lo es.
Su postura, ahora, es la de dos
activistas políticos del sistema que se lanzan, abiertamente y sin pudor
alguno, en contra de un planteamiento – ni siquiera ha llegado a ser una
propuesta formalmente planteada ante el Congreso-, del líder político que
amenaza con sacar al PRI de Los Pinos. Esa es la fotografía del momento:
General y Almirante contra López Obrador.
¡CUIDADO!
Más allá de
la polémica y la preocupación que ha generado la militarizada Ley de Seguridad
Interior – esa sí discutida formalmente en el Congreso mexicano y que confiere
facultades extraordinarias al Ejército y a La Marina, incluyendo la posibilidad
de llevar a cabo tareas de investigación sustituyendo al Ministerio Público,
intervenir comunicaciones privadas sin una orden judicial, y utilizar la fuerza
para contener protestas sociales o electorales-, nos debe alertar en qué
momento se aprueba dicha ley.
La LSI se
aprueba de cara a las elecciones presidenciales del 2018. El mensaje es: si hay protestas públicas de inconformidad con los
resultados electorales del uno de julio próximo, los militares saldrán a
aplacar a los ciudadanos. Más claro: si hay fraude, las manifestaciones de
denuncia serán aplacadas por tanques, fusiles, escudos y toletes. Garantizar y
proteger el triunfo del PRI por las urnas o por las armas. Es girar las
manecillas del reloj a 1968.
La LSI se avala como escudo protector
del desastre dejado por Enrique Peña Nieto. Ante el
pésimo gobierno peñista y la imposibilidad de obtener un triunfo limpio en las
urnas, se recurrirá al modelo 1988 (fraude electoral salinista), o al de 2017,
en el Estado de México: la compra de votos y la ceguera del INE y del TEPJF.
Ante la avisada estrategia, ¿quiénes serán los policías que se encarguen de
cuidar las urnas y de calificar el resultado electoral? Sí: los militares.
En la praxis, la calificación de la próxima elección presidencial se hará en el
Periférico, sí, pero no en el Sur, donde se ubica la sede del Instituto Nacional
Electoral, sino en el Norte, donde se enclava la Secretaría de la Defensa
Nacional.
La LSI nos lleva a un Estado militarizado. Los
especialistas dicen que solamente se está ordenando, jurídicamente, lo que en
las calles ya ocurre: la intervención de los militares en acciones de
seguridad. De acuerdo. Sin embargo, se aprovecha este lance para darles mayores
facultades a Defensa y Marina de intervenir en asuntos que competen
exclusivamente a poderes civiles, desplazando, inclusive, a poderes ya establecidos
– legislativo y judicial-, absorbiendo tareas que las convierten en poderes
supranacionales sin ningún límite o restricción.
A unos
cuántos meses de la elección presidencial, el
gobierno peñista nos muestra el camino para enfrentarla: si protestan por los
resultados, los militares saldrán a las calles a aplacar las protestas. Ese es
un propósito toral de la LSI.
Los secretarios de la Defensa y
Marina se asumen, desde ahora, como los principales garantes del triunfo
priista en 2018: con amenazas abiertas y directas en contra de AMLO, principal
opositor al régimen peñista. No es, ni de lejos, una casualidad. AMLO solo les
dio el pretexto para que enseñaran las fauces.
Los tiempos de la represión parecen
perfilarse.
1968-2018:
50 años después.
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