El día de su
destape, el precandidato priista José Antonio Meade Kuribreña fue arropado por
la Confederación Nacional Campesina (CNC) adherida al Partido Revolucionario
Institucional (PRI), a quien pidió juntos “sembrar la semilla del progreso”.
Entre tamboras y mariachi, añadió que “es el momento de que se llenen de trigo
los graneros”.
Sin embargo,
líderes campesinos y jornaleros que se
reunieron este martes para presentar un Plan Alternativo de Nación aseguraron que,
durante su gestión en Banrural, en la Secretaría de Desarrollo Social y en la
de Hacienda no los apoyó y recortó el presupuesto al campo para 2018 por lo que
“le deben la miseria”. No hay ninguna razón para que “un tecnócrata” pro-neoliberalismo
que, dicen, continuará apoyando solo a los grandes productores, cuente con su
respaldo.
Para el
Presupuesto 2018, como Secretario de
Hacienda y Crédito Público, mandó en septiembre al Congreso de la Unión la
propuesta de recortar 6 mil 272 millones de pesos al presupuesto de la
Secretaría de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación
(Sagarpa), lo que representa un 8.8 por ciento menos respecto al 2017 al
egresar 64 mil 325 millones de pesos, un nivel similar a 2008.
Max Agustín
Correa Hernández, miembro de El Campo es de Todos, lo conoció en ese tiempo
cuando él participaba en el Congreso Agrario Permanente. El representante de los campesinos acusó que de Meade “nunca vimos que
se construyera una verdadera política de apoyo al campo”. Banrural, documentó,
acreditaba 10 millones de hectáreas y la Financiera Rural no ha llegado ni a
600 mil hectáreas.
Durante el
sexenio panista de Felipe Calderón Hinojosa (2006-2012), el precandidato
priista fue Secretario de Hacienda y Crédito Público (septiembre 2011-noviembre
2012). Durante ese año de gestión solo propuso al Congreso el Presupuesto de
Ingresos para 2013. A la Sagarpa se le aprobaron 75 mil 400 millones de pesos,
casi tres por ciento más que los 71 mil 378 millones de 2012. Procampo recibió
2 mil millones de pesos en 2013 frente a los mil 851 millones de pesos en 2012
y el Programa de Desarrollo de Capacidades, Innovación Tecnológica y
Extensionismo 103 millones de pesos en ambos años. Para 2018 no repitió la
misma fórmula.
“La producción del maíz, frijol,
trigo, arroz –productos básicos en los que el campo mexicano era competitivo hace
40 años– se ha desincentivado por programas como Procampo y hoy su importación
está muy por arriba. Estos programas generaron que el sector campesino se
conformara con un pequeño incentivo produjera o no”, determinó Daniel Zúñiga Maldonado,
de la Coordinadora Nacional Plan de Ayala.
Desde su experiencia en el campo,
Daniel consideró que el precandidato a la presidencia del PRI no ha generado ni
ha promovido acciones en beneficio del campo mexicano en los diferentes
espacios y programas que ha gestionado.
“En obediencia al Banco
Interamericano de Desarrollo, al Fondo Monetario Internacional y a la
Organización Mundial del Comercio, y como parte de la aplicación de la política
neoliberal en México, no ha estado en beneficio del campo mexicano, por lo tanto,
no es una opción para reactivar la economía del país”, acusó.
Lorenzo
Rodríguez, del Sindicato Independiente de Jornaleros de San Quintín (Baja
California), contó a este portal digital que luego de su levantamiento contra
las precarias condiciones laborales el cambio ha sido mínimo. Desde 2002
ganaban entre 90 y 120 pesos diarios y actualmente obtienen entre 150 y 200
pesos por jornadas de ocho o diez horas, aún sin seguridad social.
“Lo más importante del movimiento fue
demostrar al gobierno y a los sindicatos charros que los jornaleros ya no
estamos dispuestos a seguir soportando estas explotaciones que se viven día a
día en todos los campos de México”, afirmó. “El 80 por ciento de los jornaleros
están en un trabajo informal al no estar afiliados al seguro social o tienen
representación de un sindicato patronal”.
Contó que tuvieron algunas reuniones
con Meade cuando era el titular de la Sedesol. Aunque hizo algunas promesas
sobre programas sociales para trabajadores del campo, solo se lograron mil 500
becas. “No vimos una disposición”, dijo.
–¿Lo
apoyarían como candidato?
–Por supuesto que no lo apoyaríamos
–contestó riendo–No queremos seguir viviendo en este mismo régimen.
José Jacobo
Femat, de la Central de Organizaciones Campesinas y Populares (COCyP), aseguró
que José Antonio Meade “es un hombre del
sistema formado dentro de la cópula priista y panista que ha gobernado el país
en los últimos 30 años”. Al haberse formado dentro de la élite tecnocrática,
representa al gran capital trasnacional y comparte la visión del modelo
neoliberal”.
Miguel Ángel
Rodríguez Castro, de la Central Cardenista de Jalisco, coincidió en que conocen el desarrollo político de Meade y es “un
tecnócrata que desconoce la situación del campo”.
“Como candidato del PRI no tiene una
propuesta clara para el campo. Lo que ellos quieren es desaparecer todos los
subsidios que hay como el Proagro. No vemos ninguna posibilidad de que reactive
una política específica para el campo a través de su visión de impulsar a los
grandes productores”,
aseguró.
EL
GASOLINAZO Y EL RECORTE AL CAMPO.
Luego de la
salida del ahora Canciller Luis Videgaray Caso, su amigo José Antonio Meade
regresó a la Secretaría de Hacienda (septiembre 2016-noviembre de 2017). Los campesinos consultados acusaron que
“les recetó” el incremento a los combustibles, lo cual también afectó la
productividad agropecuaria, y les recortó el presupuesto para el siguiente año.
Al arranque del 2017, los precios
promedio a nivel nacional de la Magna, Premium y diésel aumentaron entre 14 y
20 por ciento, que –junto con el alza del dólar– terminó elevando la inflación. Entre los valores que componen el
precio final de la gasolina, además del precio de referencia y logística, está
el Impuesto Especial sobre Productos y Servicios (IEPS). Los ingresos
tributarios gestionados por Hacienda han compensado la caída de los ingresos
petroleros a raíz de la caída de producción y precios internacionales desde
mediados de 2014 a 2016. Para 2018 el IEPS petrolero implica el 5.6 por ciento
de los ingresos públicos totales.
Max Agustín
Correa aseguró que de regreso como
Secretario de Hacienda “nos recetó el gasolinazo”, una propuesta de presupuesto
a la baja y la eliminación de programas sociales y productivos que apuntalaban
al minifundio (agricultura familiar).
Para el
Presupuesto de 2017, todavía Luis Videgaray Caso fue quien propuso un
presupuesto de 62 mil 158 millones de pesos al campo, un recorte de 26 por
ciento respecto a 2016. El Congreso aprobó un recorte de 16 por ciento.
Su sucesor mandó la propuesta para el
Presupuesto 2018: recortó 6 mil 272 millones de pesos a la Secretaría de
Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación (Sagarpa), un
8.8 por ciento menos respecto al 2017.
Los dos principales programas de la
Sagarpa que registran ajustes a la baja son el de Fomento a la Inversión y
Productividad, con 5 mil 911 millones de pesos, una disminución de 14.25 por
ciento, y el de Apoyos a la Comercialización, con mil 173 millones de pesos, un
12.45 por ciento menos.
En octubre, el presidente de la
Comisión de Desarrollo Rural, José Erandi Bermúdez Méndez (PAN), acusó que el
Presupuesto de Egresos 2018 enviado por José Antonio Meade propuso recortes por
casi 12 mil millones de pesos a todo el sector del campo, a pesar de que 27 millones de
mexicanos dependen y viven del campo, y que el agro genera 8.5 por ciento del
Producto Interno Bruto (PIB).
RECUPERAR EL
CAMPO Y SACARLO DEL TLCAN.
Durante un
encuentro de dirigentes sindicales, campesinos y de la sociedad civil celebrado
en la Biblioteca de México se propuso,
como parte de un Plan Alternativo de Nación, resolver la crisis del campo
acentuada por el TLCAN, ya que su abandono se ha traducido en una dependencia
alimentaria que se nota en el predominio de las grandes compañías
trasnacionales y la expulsión de mano de obra hacia Estados Unidos.
Respecto a la renegociación del
Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), reiteraron que se
retire el capítulo agropecuario.
Daniel
Zúñiga Maldonado dijo que el campo es
clave porque si no se reactiva la producción del campo mexicano, “estaremos muy
lejos de hablar de una potencia económica”.
Desde la firma del TLCAN hace 23
años, exigieron que el apartado agropecuario fuera retirado porque vulneraría
la soberanía alimentaria del país al desplazar la producción nacional y
generaría migración del campo si no se aplicaba una política adecuada para la
reactivación y producción. Eso pasó, lamentó Zúñiga.
José Jacobo
Femat dijo que para garantizar la
autosuficiencia alimentaria el campo mexicano requiere una nueva política
económica, social, ambiental y cultural alterna al neoliberalismo.
“Tenemos 35 años de aplicación de una
política neoliberal que ha fomentado el cambio de la propiedad de social a
privada y eso implica a la tierra como una mercancía que ha sido agotada”, expuso.
Este modelo ha provocado que 6
millones de jóvenes han migrado del campo hacia las ciudades o Estados Unidos porque
no hay empleo o un salario justo por los productos generados ni estímulos que
garanticen créditos, inversión e infraestructura, documentó.
El TLCAN ha
sido un instrumento de fortalecimiento del mercado norteamericano, consideró
Femat, porque si bien hay productos
nacionales que se exportan, como el aguacate, tomate o cacahuate, en productos
como la cerveza y el tequila no favorece la exportación a los campesinos sino a
las empresas trasnacionales.
Correa
Hernández destacó que el tema de los
alimentos debe verse como un tema de seguridad nacional y de derechos humanos.
“Debe apuntalarse la productividad y
competitividad de la agricultura familiar (campesina e indígena en el centro y
sureste del país) para garantizar la soberanía alimentaria con comida sana y
con precio justo”,
expuso.
Miguel Ángel Rodríguez Castro y Max
Agustín Correa Hernández destacaron que en Estados Unidos los productores
agropecuarios reciben altos subsidios y aquí, con el TLCAN, se les retiró el
banco de crédito ejidal y el apoyo en fertilizantes. Por ello los pequeños
productores no tienen capacidad de exportar.
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