Araceli
Damián
Estamos en
la antesala de la posible aprobación de la Ley de Seguridad Interior. Peña
Nieto, el Ejército y la Marina urgieron al Congreso de la Unión a aprobarla.
Una vez ungido el candidato y en pleno inicio de las fiestas de fin de año (12
de diciembre día de la Guadalupana) se pretende
aprobar una de las iniciativas más regresivas en materia de derecho humanos y
que legaliza la actuación de las Fuerzas Armadas en actividades propias de las
policías.
La minuta enviada al Senado fue
votada a favor en la Cámara de Diputados por todos los integrantes presentes de
los partidos PRI, Verde y Nueva Alianza, también votó a favor el diputado sin
partido (Javier Guerrero) y la mayoría de los diputados del PES (Partido
Encuentro Social, 4 de 6 de los presentes). El voto del PAN se dividió (14
votaron a favor, 17 en contra y hubo 48 abstenciones), mientras que, en el PRD,
dos votaron a favor y 39 en contra. Los únicos partidos en los que todos sus
diputados presentes votaron en contra fueron Morena y MC (Movimiento
Ciudadano). PROBABLEMENTE, ESTA AFRENTA A LA NACIÓN SE
CONSUME ESTE MARTES CON LA APROBACIÓN DE LA LEY EN EL SENADO DE LA REPÚBLICA.
Esta Ley
legalizaría y mantendría indefinidamente la actividad de las fuerzas armadas en
la lucha contra la delincuencia, estrategia instaurada en el gobierno de Felipe
Calderón, cuyos resultados han sido mayor violencia, muerte, violación a los
derechos humanos y rompimiento de la estabilidad de comunidades donde el
Ejército y la Marina llevan a cabo sus actividades.
Es una Ley que el PRI y sus aliados
quiere aprobar porque tienen terror a lo que pueda pasar en el 2018. Las
probabilidades de que el PRI y sus aliados ganen son muy escasas, por lo que
quieren tener una ley a modo para reprimir las protestas ciudadanas que
resultarían si se intentan imponer vía fraude.
Hay quienes dicen que esta Ley no
permite la represión en casos de “movilizaciones de protesta social o las que
tengan un motivo político electoral” (Art. 8). Sin embargo, el artículo sólo se refiere a las que
se realicen “pacíficamente de conformidad con la Constitución Política de los
Estados Unidos Mexicanos”. La ambigüedad
de lo que se entiende como “manifestación pacífica” es enorme, sobre todo si
consideramos que en muchas ocasiones los infiltrados cometen actos de
vandalismo.
Quienes apoyan esta Ley pretenden
ignorar la experiencia de la brutal represión por parte del Ejército a la
manifestación estudiantil del 2 de octubre de 1968 que, siendo una manifestación pacífica, se utilizó a provocadores del propio
Estado para iniciar acciones violentas, lo que trató de justificar una de las
peores matanzas de jóvenes en este país.
Por otra parte, la Ley deja a
criterio de generales (o subordinados encargados de los operativos) de las
Fuerzas Armadas la definición de lo que es una manifestación “pacífica”.
Habrá quienes consideren que obstruir
una vía de comunicación o bloquear la salida de una oficina gubernamental, no
constituyen actos pacíficos. Decidirán también si actos como el plantón de
Reforma de 2006 constituyen una amenaza a la Seguridad Interior y si requieren
“una declaratoria de protección a la seguridad interior”, en la que los
derechos civiles son prácticamente eliminados.
Por otra
parte, la Ley de Seguridad Interior es
una manifestación de la incapacidad de la autoridad civil (presidente,
gobernadores, presidentes municipales) para responder a su obligación de
garantizar la paz social. Con esta Ley se
claudica a la obligación de contar con policías capacitados en las tareas de
prevención y persecución del delito y, por tanto, se perpetúa la acción de las
Fuerzas Armadas en la lucha contra el crimen.
Esta Ley no busca que las personas
gocen de seguridad, sino mantener el status quo, este modelo económico que
depreda la naturaleza y explota a los seres humanos, al mismo tiempo que
convive con la delincuencia.
La Ley permitirá que las autoridades
federales, particularmente las Fuerzas Armadas, lleven a cabo tareas de
inteligencia, por lo cual podrán realizar escuchas, supervisión de correos,
investigaciones financieras, etcétera, sin requerir orden de un juez. Si el
sistema Pegasus lo utilizaron para investigar a periodistas, defensores de
derechos humanos e incluso menores de edad, qué no harán ahora que se apruebe
esta Ley.
Los gobernadores, sobre todo los de
oposición, deberían estar pugnando por que sus Senadores voten en contra de
esta regresiva Ley,
ya que en el Art. 11 se le permite al presidente
de la República ordenar la intervención de las Fuerzas Armadas en territorio de
las Entidades Federativas, sin que para ello medie petición alguna por parte de
los representantes de éstas o de sus poderes legislativos.
A nivel
federal el Ejecutivo podrá decretar una “Declaratoria de Protección a la
Seguridad Interior”, es decir, un estado
de sitio, sin que el Congreso de la Unión pueda oponerse, ya que sólo basta con
que el presidente de la República publique la Declaratoria en el Diario
Oficial, previa notificación a la Comisión Bicamaral de Seguridad Nacional y a
la Comisión Nacional de los Derechos Humanos.
Para lograr la paz y combatir la
violencia no necesitamos una Ley de Seguridad Interior, necesitamos garantizar
el derecho de las personas a vivir en libertad y con dignidad, sin pobreza,
ampliando las oportunidades para su desarrollo, reduciendo la enorme
desigualdad que prevalece, promoviendo en todo momento los principios que dan
vigencia a los derechos humanos.
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