Atzayaelh Torres.
No sólo es por la
corrupción latente que de él emana con venta de plazas, control de pipas, e
incluso por patrocinar fallidas campañas presidenciales en el pasado, no;
tampoco por la transparencia inexistente en la administración de desconocidos
montos que recibe de Pemex, tampoco; es por la impunidad que prevalece entorno
a todas estas acciones, que uno de los grandes talones de Aquiles del sector
energético es el pútrido sindicalismo.
Quien se atreva a
meterse con esa opacidad, que no con la representatividad de los trabajadores,
le hará un gran favor no sólo al sector, sino al país entero.
En semanas pasadas tuve una plática con Rocío Nahle, el brazo
energético de Andrés Manuel López Obrador, y dijo que el compromiso, de llegar a la Secretaría de Energía, será
dejar de darle dinero al sindicato, aunque la continuidad de su líder, el
senador Carlos Romero Deschamps, que se mantiene en su cargo desde 1993,
dependerá sólo de los trabajadores.
“Todos los sindicatos
son autónomos, los trabajadores tienen que resolver su cuestión interna y vamos
a respetar la autonomía, pero se va a acabar el dispendio, se van a acabar los
excesos que ha habido y los propios trabajadores tendrán que resolver su
cuestión sindical,
interna; hace poco reeligieron a Carlos Romero Deschamps otra vez, los
trabajadores deben ser capaces, si quieren ese cambio en su liderazgo, de
hacerlo”, dice.
La tibia declaración ante el poderosísimo sindicato Deschamps
es comprensible. Nahle reconoce en corto
que en este y otros temas, como la reforma energética, “podemos tener una
postura firme, seria, pero a la hora de tomar decisiones se puede caminar hacia
donde mejor nos vaya… todos cabemos (hace una pausa) haciendo las cosas
correctamente”, ofrece.
En entregas anteriores
he comentado sobre la simpatía de que goza el macuspano en la plantilla laboral
de la petrolera nacional, entre mandos medios y altos, pero, sobre todo, entre
la flotilla, el trabajador de base, ese mismo al que promete devolverle a Pemex
la grandeza de otros años, pero ese mismo que, irónicamente, mantiene a
Deschamps a la cabeza del sindicato más opaco. ¿Entonces? Pues si la profecía se
cumple, ellos serían los encargados de tomar otro rumbo en cuanto a su
sindicato.
LO QUE EL VIENTO NO SE VA A LLEVAR.
La industria eólica tienen mucho que celebrar este año y los
preparativos para el próximo Mexico WindPower 2018 están a todo lo que da, pues
pretenden triplicar la generación a través del viento para 2022 con más de 12
mil megawatts de capacidad instalada.
Sin duda todo un reto que al parecer está más allá de la
continuidad en el gobierno, pues las facciones políticas, del color que sea,
han reconocido el trabajo que se ha realizado en materia de energías renovables
y garantizan la continuidad de los proyectos.
En esta versión del congreso más grande de este tipo en el
continente, me dicen los organizadores, subirán el nivel técnico de las
charlas, en respuesta a una petición hecha por los propios miembros de esta
industria que requiere cada vez más capacitación.
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