Sanjuana Martínez.
Al hacer
balance del 2017 podemos rescatar lo bueno y lo malo; pero sobre todo, este
inicio de año significa una oportunidad para formular nuestros propósitos del
2018, el año de la resistencia para México.
Y me refiero
a la resistencia civil pacífica, un concepto que viví al cubrir la campaña de
Manuel J. Clouthier “Maquío” candidato del Partido Acción Nacional (PAN) a la
presidencia. Las elecciones de 1988 fueron un gran aprendizaje. Fui testigo
directo del despertar de las conciencias. Fue una campaña electoral llena de
sobresaltos, pero también de emociones. Los mexicanos estaban decididos a sacar
de Los Pinos al partido hegemónico que nos había gobernado durante 60 años. El
hartazgo por los escándalos de corrupción era insostenible y la gente iba por un
cambio.
Fue una
campaña compleja, pero con candidatos de oposición de altura. Con el gran
Maquío, contendieron por la presidencia de la República, Cuauhtémoc Cárdenas,
postulado primero por el Partido Auténtico de la Revolución Mexicana (PARM) y
después por la coalición de partidos de izquierdas con el Partido Mexicano
Socialista (PMS) cuyo candidato, otro grande, Heberto Castillo, declinó a favor
de Cárdenas para no debilitar el llamado Frente Democrático Nacional (FDN) que
finalmente postuló al hijo del general Lázaro Cárdenas del Río. Contendía
además doña Rosario Ibarra de Piedra, la extraordinaria luchadora social a
favor de los desaparecidos y Carlos Salinas de Gortari por el PRI. Se registró
una votación importante y final ya lo conocemos con la famosa “caída del
sistema” anunciada por el secretario de Gobernación, el actual senador Manuel
Barlett, bajo el mando del entonces presidente, Miguel de la Madrid Hurtado.
La historia reciente de México se
divide en fraudes electorales. Como periodista y ciudadana, durante las tres
últimas décadas, he sido testigo del robo de urnas por el ejército mexicano, he
visto la operación carrusel de votantes con credenciales falsas, he
fotografiado urnas llenas de boletas apócrifas, he analizado los padrones
electorales inflados, he visto la alteración de las actas finales y he vivido
todo tipo de marrullerías, las últimas, más sofisticadas, pero igualmente
letales para dinamitar la voluntad popular y la democracia. Lamentable, pero es
la realidad.
Cumpliré 55 años en 2018 y nunca he
vivido unas elecciones limpias. Llevo más de 30 años votando y siento que no
han respetado mi voto. No he disfrutado debidamente de esa fiesta democrática
de la que hablaban mis padres cada vez que iban a votar para incentivar nuestra
conciencia cívica. Y no conozco lo que significa la llamada “transición
política” que nos prometieron cuando finalmente ganó el PAN la presidencia con
Vicente Fox y luego con Felipe Calderón.
A pesar de
todo lo anterior, nunca, nunca he dejado de luchar por un cambio. Y, por el
contrario, he votado cada vez con mayor ilusión. Las últimas veces, muy
emocionada, porque mis dos pequeños hijos me acompañaron hasta la urna, me
ayudaron a tachar la opción electoral y juntos depositamos el voto. Juntos
fuimos a ver los resultados publicados en la casilla del barrio, juntos reímos
y me vieron llorar cuando la sombra del fraude electoral aparecía otra vez.
Este 1º de
julio de 2018, planeó nuevamente votar. Lo haré otra vez junto a mis hijos,
ahora adolescentes y ya con plena conciencia del significado de este festín
democrático. Esta vez, iremos a nuestra cita con mucha más esperanza, optimismo
y con un montón de anhelos en la mano que me acompañarán cuando cruce la boleta
por el cambio. No me rindo, ni me rendiré. Seguiré ejerciendo mi derecho,
cumpliendo mi obligación de votar, seguiré buscando de la mejor manera posible,
un cambio para México.
¿Qué nos espera a los mexicanos el 2
de julio, el día después de la elección? No sabemos, pero evidentemente el
partido en el poder no quiere dejar la Silla del Águila. Ese partido, junto a
sus partidos aliados y satélites aglutinados en frentes, harán todo lo posible
por no perder sus privilegios, serán capaces de cualquier tipo de trampas para
sostener su nivel de vida a base de la corrupción que tienen hundido al país.
Pero el respeto al voto no solo dependerá del
estado mexicano y de sus maltrechas y endémicamente tramposas instituciones
electorales. El respeto al voto que emitamos cada uno de los mexicanos deberá
ser exigido por cada uno de los votantes. Nadie protegerá mejor nuestro voto
que nosotros mismos. Nadie vigilará el conteo mejor que los representantes de
casilla y los ciudadanos que ese día se den a la tarea de recopilar, consignar
y divulgar por todos los medios posibles, las incidencias.
Necesitamos defender el voto,
nuestros votos. Evitar que nos los roben, que los manipulen en las cifras, que
abulten el padrón. Nuestra responsabilidad no termina al depositarlos en la
urna. Tenemos que buscar ser testigos de qué hacen con esos votos. Hacer fotos,
video grabar las trampas. Esperar a que los cuenten, consignar los resultados
para evitar sean manipulados en las actas finales.
Tenemos que
comprometernos a defender el voto como lo hicieron en su tiempo los abanderados
de la oposición en las elecciones de 1988. Encabezados por Maquío, Cárdenas y
Doña Rosario, llegaron dos días antes de la elección a la Secretaría de
Gobernación para entregarle a Manuel Bartlett, un documento de exigencia de
respeto al voto. El texto fue titulado “Llamado a la legalidad” y surgió luego
de haber detectado la pretensión del régimen de cometer nuevamente fraude.
Maquío
empezó entonces la resistencia civil pacífica. Fue y se plantó frente al
Palacio de Bellas Artes ante Miguel de la Madrid exigiendo el respeto a la
legalidad y permaneció ahí valientemente a pesar de que los elementos del
Estado Mayor Presidencial y otros uniformados, lo encañonaron cortando
cartucho. Aún lo recuerdo con aquel letrero tapando su boca: “Qué hable
México”. Sus hijos Tatiana, Rebeca y Manuel, siguen su ejemplo de lucha por la
democracia.
Lo mismo
hizo Andrés Manuel López Obrador en el plantón de Reforma y del Zócalo tras el
fraude electoral del 2006 con su “presidencia legítima”. Y lo volvió hacer el
31 de agosto de 2012 cuando rechazó el fallo del Tribunal Electoral del Poder
Judicial de la Federación por el fraude electoral de las tarjetas de regalo
Monex y Soriana que llevó a Enrique Peña Nieto al poder. ¿Fueron ellos malos perdedores, locos, mesiánicos, necios, enfermos de
poder o simplemente fueron unos mexicanos dignos de admiración porque
defendieron los votos, la voluntad popular?
2018 será el año de la resistencia
civil para México. Empecemos a defender nuestro voto participando activamente
en la preparación electoral de estos primeros seis meses, denunciando las
burdas maniobras del poder, combatiendo la guerra sucia, haciendo ciudadanía en
nuestro barrio, en nuestro entorno. No dejemos que nos roben otra vez la
elección. Luchemos con las armas de la razón y la legalidad. Seamos
inasequibles al desaliento. Celebremos la fiesta de la democracia. ¡Resistamos!
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