En los
últimos 19 años, los partidos Acción Nacional (PAN) y de la Revolución
Democrática (PRD) han ganado 11 gubernaturas juntos. Los resultados obtenidos
en materia de economía, balance de la cuenta pública y combate a la violencia,
sin embargo, no son los anunciados por la coalición durante las campañas. Claro
que ha habido avances en algunas demarcaciones, aunque al menos nueve de los
gobernadores aliancistas han sido señalados o investigados por incurrir en
ilícitos o por no resolver los problemas que aquejan a su ciudadanía.
En la actualidad, el binomio PAN-PRD
gobierna cuatro entidades federativas que cumplen su primer año de gobierno
[Durango, Nayarit, Quintana Roo y Veracruz], además de otra que comienza su
quinto año de mandato [Baja California]. Pese a que sólo esta última
administración tiene datos suficientes para contrastar sus resultados, los
logros de las administraciones pasadas -en estados como Chiapas, Oaxaca,
Puebla, Sinaloa y Yucatán- hablan más de gobiernos estancados que producentes.
Estos
resultados son independientes del partido o de los partidos que abanderan al
candidato o funcionario, apuntó la doctora Marcela Bravo Aguja del Centro de
Estudios Políticos (CEP) de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).
Para la académica de carrera, en México existen “coaliciones meramente
electorales, no verdaderas coaliciones de gobierno. Y en la medida en que no ha
habido coaliciones de gobierno, no podemos decir que los resultados de los gobiernos
son resultado de que los gobernadores hayan llegado en coalición”, explicó.
No obstante,
el doctor Francisco Reveles Vázquez, especialista en partidos políticos de la
UNAM, mencionó que, si por algo “los resultados para los ciudadanos no son buenos
en realidad”, es porque “hay dificultades para la negociación política y cada
quien hace lo que se le ocurre, ya que efectivamente las alianzas son
electorales y no hay un programa de gobierno”. A esto suma “la falta de
experiencia” de los políticos que llegan al poder y las contradicciones
ideológicas que hacen “que no den los resultados esperados y que no avancen en
una línea diferente de la que han seguido hasta ahora”.
Baja
California es un ejemplo de los gobiernos que han sido gracias a las coaliciones
electorales. La entidad, gobernada desde 2013 por Francisco Vega de Lamadrid, duplicó en tres años su Producto Interno
Bruto (PIB) per cápita. En cambio, la deuda pública reconocida por la
Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP) se disparó, en ese mismo
periodo, en un 38 por ciento.
En el caso de la violencia, entre
2013 y 2017, la entidad registró reducción en las tasas de secuestro y
extorsión [72 y 49 por ciento, respectivamente] pero con un aumento en la tasa
de homicidios por cada 100 mil habitantes, de 132 por ciento, según cifras del
Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP).
Asimismo, las violaciones aumentaron en 14 por ciento y los robos decayeron en
12 por ciento.
Sumado a los
tibios resultados que las cifras arrojan, en Baja California no es ajena la petición de un juicio político al
Gobernador, quien enfrenta una serie de señalamientos por corrupción y críticas
por el incremento de la deuda, así como también el desencanto por su plan para
privatizar el agua, no obstante que en la entidad hay problemas de suministro.
Desde mayo de 2013, Vega de Lamadrid
fue denunciado en materia penal por los delitos de peculado y enriquecimiento
ilícito, por la supuesta compra de propiedades en México y Estados Unidos con
un valor de 133 millones de pesos.
Los yerros del Gobernador, inclusive,
abrazan una crisis de jornaleros migrantes no resuelta: La del 17 de marzo de
2015 en San Quintín,
cuando un grupo de trabajadores agrícolas fue dispersado por las autoridades con
balas de goma, tras manifestar su descontento con bloqueos carreteros, para
denunciar explotación laboral, bajos sueldos, condiciones de vida miserables,
horas extras no pagadas y carencia de seguridad social. Hoy es el día en que,
los campesinos, acusan que persisten las condiciones de marginalidad.
Sin embargo,
Vega de Lamadrid no es el único
señalado. Los actuales gobernadores de Nayarit y Veracruz también arrastran
trapos sucios. Y el de Durango y Quintana Roo, aunque no son señalados por
ejercerla, son criticados por solaparla.
LOS
RESULTADOS DEL PAN-PRD.
Aunque los
gobiernos sean de coalición, no incide en los manejos administrativos -porque
es meramente electoral en nuestro país-. No obstante, Bravo Aguja señala que
pueden existir complicaciones en gobiernos de alianza electoral, porque “tienen
que hacer concesiones a las otras fuerzas con las que llegan al poder”.
Más allá,
pudiera existir un problema de debilidad de los políticos que llegan al
gobierno apoyados por más de un partido. “La coalición misma no debilitó a los
gobernadores. Lo que sí podría ser es que se trate de gobernadores débiles,
quienes no pudieron llegar sólo con el apoyo de su partido para obtener una
mayoría […]. Y en la debilidad puede haber gobiernos no tan eficientes”, dijo
la académica de la máxima casa de estudios en México.
Reveles
Vázquez comentó en cambio que, lo que sucede con estas coaliciones electorales,
es que antes las administraciones “se conformaban con gente de confianza para
el Gobernador, y no con representantes de varios liderazgos. Ese es un problema
real que no pudieron resolver en estas experiencias aliancistas”, explicó.
Como la
mayor parte de los gobiernos estatales, las cifras oficiales indican que las
gubernaturas del PAN-PRD, asimismo, tienen problemas para resolver sus
respectivas crisis. Es decir, no son la excepción.
Por ejemplo,
aunque el crecimiento económico -según el PIB per cápita- de las entidades
gobernadas por el PAN-PRD haya ido en aumento, en la mayor parte de los casos su deuda pública se disparó. Tal es la
situación de las administraciones de Nayarit [su deuda se cuadruplicó entre
1999 y 2005; hoy, en comparación con 2005, la deuda que enfrenta el estado es
más de diez veces mayor]; Quintana Roo [0.9 por ciento entre 2016 y 2017];
Sinaloa [49 por ciento entre 2010 y 2016] y Yucatán [entre 2001 y 2007, aumentó
seis veces].
Moreno Valle ha sido señalado por su
sucesor, Antonio Gali Fayad, de dejar un estado con la economía estancada,
empleos insuficientes y una deuda pública estatal de al menos 23.9 mil millones
de pesos reconocidos.
Según una
investigación del Centro de Estudios Espinosa Yglesias (CEEY), la deuda
contraída por el panista en pasivos -no considerados por la SHCP-, supera los
46 mil millones de pesos manejados de manera opaca: 24 mil millones reportados
por la Auditoría Superior de la Federación (ASF) y 22 mil millones más,
supuestamente destinados a proyectos para la Prestación de Servicios -que no se
contemplan en el informe de la deuda 2016 del estado-.
Además, en el último año del Gobierno de Moreno
Valle, la ASF realizó 21 auditorías a la Cuenta Pública por diversas
irregularidades en los presupuestos de Seguridad Pública, Salud, Aportaciones
Múltiples, Fondos Federales, y de los programas para Escuelas de Tiempo
Completo y de Obras Públicas. De casi 700 millones que Moreno Valle no aclaró,
126.3 millones de pesos fueron reportados como posible daño patrimonial,
mientras que el ejercicio de otros 32.6 millones, que serían destinados al
Programas del Fondo de Aportaciones para la Seguridad Pública de los Estados,
es también incierto.
En Oaxaca, bajo la administración de
Gabino Cué Monteagudo [2010-2016] -sujeto a juicio político desde el año pasado
por los presuntos desvíos de recursos- la deuda pasó de 4.5 mil millones a 18.1
mil millones de pesos, según datos del Congreso local. E inclusive el crecimiento económico de
la entidad, según el semáforo de la organización México Cómo Vamos, fue nimio:
0.7 por ciento hasta el primer trimestre de 2016 -la meta era un crecimiento
del 4.5 por ciento-.
Los casos de
Durango y Veracruz, aunque no son cuantificables debido a que los gobernadores
de ambas entidades llevan un año al poder, presentan una tendencia a la baja en
sus respectivas deudas públicas, de acuerdo con cifras comparadas de Hacienda.
Mientras que en la entidad de Rosas Aispuro decreció en cuatro por ciento entre
2016 y 2017, en la de Yunes Márquez el decremento fue de 4.5 por ciento para el
periodo.
En términos de violencia, de igual
forma, los resultados han sido pocos. En Quintana Roo, por ejemplo, la lucha
contra el crimen pareciera estancada. Los delitos del fuero común han ido en
decremento, pero la tasa de homicidios dolosos aumentó en 33.33 por ciento de
2015 a 2016.
En Durango, Puebla, Veracruz y
Yucatán, la violencia recrudeció. En el estado norteño, los delitos del fuero
común aumentaron, aunque los homicidios decrecieron en 15.5 por ciento entre
2016 y 2017. En Puebla, sólo los robos y el secuestro fueron a la baja; los
demás crímenes aumentaron, el homicidio en 29.4 por ciento. Y allá en Veracruz,
la criminalidad no ha cesado, siendo preocupante el alza de un 20 por ciento en
la tasa de homicidios, entre 2016 y 2017. Yucatán, por su parte, vivió un
incremento delictivo bajo la administración bicolor; los homicidios aumentaron
en 60 por ciento entre noviembre de 2001 y de 2007.
Chiapas,
Nayarit y Sinaloa, al contrario, pacificaron sus demarcaciones durante las
administraciones del PAN-PRD -según las cifras del Secretariado-. En el primer
caso, aunque los robos y la extorsión fueron en aumento, los demás ilícitos
decayeron, sobre todo los homicidios, cuya tasa se redujo en 74 por ciento
entre 2000 y 2006.
En Nayarit,
salvo por las violaciones, los delitos del fuero común decrecieron entre 1999 y
2005, aunque la tendencia actual es de estancamiento. Y en el caso de Sinaloa,
salvo por las extorsiones que se mantuvieron igual entre 2010 y 2016, y las
violaciones que aumentaron, la criminalidad fue a la baja y los homicidios
también, estos últimos en 47 por ciento.
Oaxaca, por
su parte, fue escenario de recrudecimiento de homicidios [en un 25 por ciento],
secuestros [18 por ciento] y violaciones [que se duplicaron durante su
sexenio]. En cambio, los robos y la extorsión decayeron en el estado en 19 y 86
por ciento.
LOS
GOBERNADORES DEL PAN-PRD.
El nayarita Antonio Echevarría García
es un personaje controvertido. No tiene experiencia política y es un empresario
cuya carrera pública ha sido impulsada por su padre, Antonio Echevarría
Domínguez, ex Gobernador de Nayarit por el PAN-PRD [1999 a 2005]. El mandatario
en turno es acusado de tener vínculos amistosos con el ex Fiscal Édgar Veytia
Cambero, detenido en Estados Unidos por presuntas ligas con el Cártel Jalisco
Nueva Generación, además de señalamientos -de la oposición priista- por
supuestamente haber recibido financiamiento del narcotráfico para su campaña en
2016. Nada ha sido comprobado.
En Veracruz, Miguel Ángel Yunes
Márquez tiene acusaciones por haber participado como cómplice de una red de
pederastia encabezada por el empresario Jean Succar Kuri, quien hoy cumple una
condena de 112 años de prisión por ese delito. Incluso, en 2016, organizaciones
civiles manifestaron que Yunes obstruyó la justicia para impedir que Kuri fuera
procesado.
Asimismo, el panista y dos de sus hijos han sido
investigados por la Procuraduría General de la República (PGR) y la Fiscalía
General del Estado (FGE), por el delito de enriquecimiento ilícito. Según esto,
el Gobernador y su familia poseen una veintena de propiedades en Veracruz,
Ciudad de México y en el extranjero, y han construido sociedades mercantiles
-que datan del sexenio de Felipe Calderón Hinojosa- aprovechándose de sus
cargos públicos.
Los gobernadores de Quintana Roo,
Carlos Manuel Joaquín González, y de Durango, José Rosas Aispuro Torres, son
figuras también controvertidas. El primero es medio hermano del actual
Secretario de Energía federal, el priista Pedro Joaquín Coldwell, y por ello
señalado de ser parte de la “mafia del poder”. De hecho, antes de ser
abanderado del PAN-PRD, buscó la candidatura priista, pero no se la dieron por
segunda vez -motivo por el que, en 2016, abandonó su militancia en el partido
tricolor-. Ha sido Diputado federal [2009-2012], alcalde en una ocasión
[2005-2008] y subsecretario de Innovación y Desarrollo Turístico del gabinete
de Enrique Peña Nieto, entre 2012 y 2016.
El segundo, Rosas Aispuro, quien también inició su trayectoria
política en las filas del Partido Revolucionario Institucional (PRI), en el que
militó por 30 años, es criticado por hacer caso omiso de las exigencias
ciudadanas. Pese a que ha logrado la detención de algunos funcionarios acusados
de corrupción -como el primo del ex Gobernador Rafael Herrera Piedra-, la
oposición señala que sus logros son parte de acuerdos políticos. Apuntan,
también, que algunos integrantes de su gabinete -como Alberto Ramírez,
coordinador de Patrimonio Cultural del Instituto de Cultura del Estado de
Durango- señalados por irregularidades, son intocables, de modo que la cola que
nadie le pisa, se la pisan a su gabinete.
Además, en la batalla por demostrar su inocencia
ante los señalamientos de corrupción y malos manejos, los ex gobernadores Pablo
Salazar Mendiguchía [Chiapas, 2000-2006], Mario López Valdez [Sinaloa,
2010-2016] y Patricio Antonio José Patrón Laviada [Yucatán, 2001-2007] han
fallado.
El otrora
mandatario de Chiapas fue detenido en junio de 2011, en el aeropuerto
internacional de Cancún, Quintana Roo, y trasladado al penal de El Amate,
ubicado en el municipio chiapaneco de Cintalapa, acusado de desviar cuando
menos 104 millones de pesos durante su administración, misma que concluyó el 8
de diciembre de 2006.
Aprehendido por los supuestos delitos
de peculado, ejercicio indebido del servicio público, abuso de funciones
públicas, abuso de autoridad y asociación delictuosa, Salazar aseguró ser
víctima de una persecución política emprendida por el gobernador Juan Sabines
Guerrero [2006-2012]. Sin embargo, el ex Gobernador también es señalado por
reprimir y hostigar a pobladores e indígenas -como en el caso de Pedro
RaúlLópez Hernández, presidente de la Comisión Estatal de Derechos Humanos en
Chiapas, desaforado por Salazar y quien fue golpeado en 2002, a modo de una
supuesta advertencia suya-. Algunos medios de comunicación local indican que,
durante su mandato, hubo más de 107 indígenas que fueron o asesinados o
desaparecidos.
En el caso del sinaloense Mario López
Valdez, mejor conocido como “Malova”, no habían pasado dos años de iniciada su
administración, cuando ya tenía, junto con algunos miembros de su gabinete,
siete denuncias penales en su contra ante la PGR, por ejercer de manera
incorrecta 645 millones 733 mil 376 pesos de los fondos federales del sector
salud y educación.
Hasta la
fecha, la Auditoría Superior de la Federación (ASF) ha presentado 93 denuncias ante la Fiscalía General del Estado, mismas
que corresponden a los años de ejercicio comprendidos entre 2013 y 2016. Y a
partir de agosto del año pasado, la ASF acusó a Malova por simular el reintegro
(o disfrazar irregularidades) de 135.6 millones de pesos. La opacidad en el
manejo de recursos es tan grave que, a pesar de que Hacienda reconoce una deuda
de 7 mil 322.15 millones de pesos al final de su gobierno, las auditorías de la
ASF refieren que sería de 13 mil 130 millones de pesos (con pasivos sin fuente
de pago).
Por último,
aunque el yucateco Patricio Antonio José Patrón Laviada no tiene señalamientos
directos en su contra, su hermano, Francisco Antonio José Patrón Laviada, sí.
De acuerdo con las versiones públicas de algunos políticos locales del PRI, el hermano del ex Gobernador se habría
enriquecido a costa del erario, bajo la influencia de Patricio y con apoyo de
algunos panistas. Pese a que no está comprobado, cierto es que el hermano del
otrora mandatario tiene prohibido el ingreso a Estados Unidos por sus presuntos
vínculos con el crimen organizado.
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