Javier Risco.
¿Qué
significaría perder seis años de su vida? Este es el recuento final que hace la
organización Human Rights Watch en la recta final del sexenio del presidente
Enrique Peña Nieto en su labor para la protección de los derechos humanos en
nuestro país. El director para América Latina de HRW, José Miguel Vivanco, fue
contundente: “Es un sexenio perdido para
los derechos humanos”.
Habrá que
detenernos en la gravedad de la declaración. Damos por sentada la afirmación en un contexto que nos parece natural,
de manera habitual se violan derechos humanos en nuestro país, lo hacen todos:
autoridades de alto nivel, policías estatales, federales, el Ejército. Lo más
trágico es la simulación de un avance, se firman leyes y se atraen
recomendaciones de organizaciones de derechos humanos y todo queda en una ley
muda, que no se aplica en el día a día, que queda enmarcada en la impunidad de
sentencias inexistentes.
José Miguel
Vivanco ha trabajado por décadas en la protección de los derechos humanos en
Latinoamérica, y de acuerdo con el
diagnóstico de la organización, en México nada ha funcionado. Al contrario, más
allá de poner el sexenio del regreso del PRI a Los Pinos como un paréntesis en
el tiempo que no sirvió de nada y que con el cambio de gobierno hay una nueva oportunidad
de mejorar las cosas, lo que pasó es que perder un sexenio no significó sólo no
avanzar, sino que, en México, en casi todas las materias que refieren el
respeto a los derechos humanos, hubo un retroceso que prende los focos rojos
del país a nivel internacional.
El conteo de
la violencia en el país se mide desde hace dos décadas, desde 1997. El nivel de
violencia que el país padeció en el sexenio de Calderón, particularmente en
2011, fue alarmante. Y, sin embargo,
esta semana nos enteramos de que, al cierre de las cifras de 2017, este último
año es oficialmente el de mayor violencia en el país. Más de un millón de
delitos y más de 25 mil homicidios dolosos.
En México no sólo se vive con el
miedo de ser víctima de un delito grave, sino que, además, aquellos que sufren
de la delincuencia saben que no habrá castigo y la herida es doble: vivir en
una nación que no te protege y que no te hace justicia. Esto es brutal y ha
llegado a niveles que estudiosos en el tema consideran de una gravedad
preocupante.
Según
Vivanco y el diagnóstico de HRW, además
de la impunidad, el uso de la tortura por parte de las autoridades que imparten
justicia y procuran seguridad se ha convertido en una práctica no sólo
generalizada, sino casi institucionalizada. Y la poca eficacia, por ejemplo, de
la Ley para Prevenir y Sancionar la Tortura, es un ejemplo.
“Es una ley
más, y es muy triste lo que te estoy diciendo porque no influye en la práctica
de los agentes a nivel municipal y para lo federal; incluso y se siguen
registrando a diario este tipo de abusos porque no hay realmente mecanismos
eficaces. El problema no se resuelve con una ley más, se resuelve en la medida
que existan funcionarios dirigidos con suficiente poder, poder real y la
suficiente independencia, por supuesto, y los recursos para investigar estos
hechos a fondo y castigar ejemplarmente no sólo a los autores materiales, sino
a los superiores jerárquicos que son los que se hacen de la vista gorda o los
que promueven este tipo de abusos”, señala el entrevistado en el programa, Así
las cosas, de WRadio.
Y es que las cifras alarmantes de
denuncias de tortura, de homicidios, de asesinatos de periodistas y defensores
de derechos humanos nos deja claro que el país ha fracasado en la estrategia
que implementó y que nos ha costado cinco años de dolor no sólo por la falta de
resultados, sino por la ceguera de quienes tendrían en sus manos la oportunidad
de cambiar el rumbo.
“La falta de comprensión del actual
gobierno de la profundidad del problema es realmente lamentable, porque si
realmente estuvieran conscientes de la gravedad de lo que ocurre, no habrían
impulsado –me refiero al gobierno del actual presidente Peña Nieto– no habrían
impulsado esa Ley de Seguridad Interior, que lo que hace es legitimar con mayor
fuerza aún la intervención de militares en tareas que son propias de los
policías”, enfatiza
Vivanco.
Y es que aquella guerra que Felipe
Calderón inició a su llegada a la presidencia contra los cárteles del
narcotráfico no sólo fue fallida, sino mortal para cientos de miles que han
perdido la vida en un intento por reducir una violencia que sólo se multiplica. Y es que como dice Vivanco, los abusos han sido tales de parte de las
fuerzas de seguridad, que nunca sabremos cuántos han perecido a manos de
criminales y cuántos en manos de quienes debían cuidarlos. “Peña Nieto tuvo la
oportunidad de cambiar el rumbo y decidió hacer más de lo mismo, así que
estamos estancados, igual o quizá peor”.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario
Gracias por tu comentario.