Dolia
Estévez.
Hasta ahora, la única injerencia
concreta y visible en el proceso electoral mexicano viene de Estados Unidos, no de Rusia. El General H.R. McMaster, asesor de seguridad nacional de Donald
Trump, recientemente dijo: “incluso, ya se han visto indicios iniciales de
[interferencia rusa] en las campañas presidenciales mexicanas”, según constaté
en un video en el Facebook de la Fundación Jamestown, el centro presuntamente
fundado con ayuda de la CIA que patrocinó el evento donde habló. McMaster usó
el “se” impersonal para eludir decir quienes, según él, “han visto” indicios de
intervención rusa en México. Tampoco
identificó a los beneficiarios de la presunta ayuda.
Medios y
plumas obsequiosos no tardaron en extrapolar el comentario. El viernes pasado,
Frida Ghitis, columnista de The Washington Post, usó las palabras del General
para relacionar al aspirante presidencial Andrés Manuel López Obrador con Rusia
vía John Ackerman, viejo partidario de AMLO. Para demostrar el tutelaje ruso
sobre AMLO, Ghitis, cuyas opiniones no necesariamente representan la línea
editorial del emblemático diario, se refirió a la colaboración de Ackerman con
Russia Today, la cadena televisiva de Vladimir Putin. Ackerman, profesor de la
UNAM quien además colabora con Proceso y La Jornada, niega ser agente ruso o de
la CIA, epíteto que algunos también le endilgan. A su vez, la agencia noticiosa
Reuters señaló que algunos académicos, a quienes no identificó, consideran a
AMLO “el favorito del Kremlin”. AMLO se
mofa de las versiones y niega tener relación con Rusia.
“El que Russia Today le ha dado
espacio a Ackerman, no es prueba [de interferencia rusa] pues Russia Today les
da espacio a muchos, incluso me ha contactado a mí para entrevistas. Ser
comentarista de la Voz de América no te vuelve agente de la CIA en automático”,
me dijo Patricia H. Escamilla-Hamm, experta sobre temas de seguridad
México-Estados Unidos y ex catedrática del Centro de Estudios Hemisféricos de
Defensa del Pentágono. Financiada con fondos públicos, La Voz de América es
la contraparte estadounidense de Russia Today.
“Una lectura de la idea de que Rusia
quiere promover la candidatura de AMLO, si es verdad, es que sea producto de la
campaña de miedo y desprestigio contra él”, vaticinó Escamilla-Hamm.
De ser el comentario de McMaster
parte de la guerra sucia contra AMLO, querría decir que las expectativas del
gobierno de Trump de que gane las elecciones de julio son más altas de lo que
están dispuestos a reconocer públicamente. Lo dicho por McMaster podría ser un
golpe preventivo para desacreditar desde ahora el eventual triunfo de AMLO.
Difícil saber qué está detrás de la
declaración de McMaster. La retórica oficial estadounidense, más aún la del
gobierno de Trump, es engañosa. Seguido lleva doble mensaje. Busca generar
polémica, desviar la atención de algún tema incomodo o tener impacto sobre una
audiencia determinada.
Con frecuencia, lo que dicen los
funcionarios, aun los de más alto rango, no es verdad. Puede ser información falsa que los
mismos servicios de inteligencia pasan a la Casa Blanca para avanzar sus
propias agendas. Cualquiera fuera el caso, el comentario del militar, dicho a propósito o no, dirigido a México
o no, falso o cierto, es una intromisión en los asuntos internos de México.
McMaster no
es el primer alto funcionario del gobierno de Trump en entrometerse. El año pasado, John Kelly, actual jefe del
gabinete de Trump, pronosticó que, si las elecciones “fueran mañana”,
probablemente ganaría “un candidato de izquierda y antiestadounidense” lo cual,
advirtió, “no puede ser bueno para Estados Unidos”. Luis Videgaray dijo en
su momento que reclamó a Kelly el comentario y pidió que Estados Unidos no se
metiera. Videgaray debe hacer lo mismo
con McMaster. Debe pedirle probar su temeraria aseveración o callarse.
Nadie niega
que Rusia o intereses rusos tienen la capacidad de intervenir o tratar de
intervenir en las elecciones de otros países, como se ha documentado en Estados
Unidos, Alemania, Francia, Cataluña, entre otros. Rusia dispone de ejércitos de
hackers anónimos capaces de lanzar ataques cibernéticos de desinformación y
difamación vía las redes sociales. Su propósito es sembrar miedo y confusión en
el electorado. Los vimos actuar con virulencia contra Hillary Clinton en la
contienda de 2016 y los estamos viendo nuevamente en las precampañas de las
elecciones intermediarias en noviembre próximo en este país. De acuerdo a la
firma especializada Trend Micro, hackers rusos recientemente abrieron
direcciones en Internet muy similares al sistema de correo electrónico
disponible sólo a usuarios de las redes de computadoras internas del Senado de
Estados Unidos (The Post, enero 13, 2018). El propósito es engañar a los usuarios
para que revelen sus contraseñas y datos personales.
No dudo que los rusos estén tratando
o vayan a tratar de intervenir en México. Lo sorprendente sería que no lo
hicieran. Sin
embargo, no hay elementos suficientes
para saber qué se proponen. O a quien apoyan.
El hecho de
que AMLO reciba cobertura positiva en medios rusos no es prueba suficiente de
intromisión. Si, como dice McMaster, la
meta de Rusia es “polarizar a las sociedades democráticas” para debilitarlas y
generar caos, la imposición ilegítima de José Meade sería la vía más segura
para llevar a México al despeñadero.
En la lógica del Kremlin, tendría más
sentido invertir recursos en Meade que en AMLO.
Sea como sea, el General McMaster
tiene la obligación de explicar su afirmación. No
tiene derecho a lanzar versiones infundadas que sólo echan más leña al fuego;
propalar rumores desestabilizadores que sólo abonan al ya de por sí enrarecido
clima electoral.
Es irresponsable especular con algo
tan delicado. Eso sí es injerencia.
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