Alejandro Páez Varela.
El 12 de febrero es la fecha límite para decidir a los
candidatos a la Presidencia y al Congreso. Habrá una pausa y después, el 30 de
marzo, iniciarán oficialmente las campañas, aunque todos sabemos que ya
iniciaron desde hace tiempo.
Ya vimos tres cargadas: la de los
sindicatos charros y otras organizaciones priistas con José Antonio Meade; la
de los panistas y perredistas con Ricardo Anaya, y la de morenistas y la
desbandada perredista con Andrés Manuel López Obrador.
Y el 30 de marzo iniciarán, yo creo, dos campañas. No una. En
la primera competirán José Antonio Meade, Margarita Zavala y Ricardo Anaya por
el voto de la derecha y centro-derecha. En la otra irá López Obrador.
Los equipos de la primera campaña
tratarán de apurar la definición sobre quién toma un segundo lugar en las
encuestas. Es probable que Zavala, quien perdió grandes porciones de la
preferencia electoral al dejar el PAN, ya está fuera de esa competencia. La definición, si es que estoy en lo
correcto, será entre Anaya y Meade.
Pelearán por ese segundo lugar; digo, pelearán entre ellos. Saben que la única forma de sobrevivir a
lo que viene es apurar ese segundo lugar porque una vez que se defina, se
vendrá la verdadera cargada: cuando empresarios de altos vuelos y actores
políticos poderosos brinquen, ahora sí, a alguno de los dos. Le ofrecerán todo
su apoyo y se lo retirarán al otro para no desperdiciar esfuerzos. Van con el
que sea, menos a López Obrador: entonces brincarán a darle recursos y refuerzos
al que claramente sea segundo lugar. Y dejarán a su suerte al tercero.
A Meade y a Anaya les urge que esa campaña, que es casi
interna, se defina con gran velocidad porque necesitan concentrarse en su
verdadero reto: López Obrador. Pero
siento que se ha cerrado tanto entre ellos dos (Meade y Anaya) que les llevará
abril y parte de mayo definirlo.
Meade y Anaya saben que, una vez
definido el segundo, habrá una especie de “voto útil”. Por eso les urge colocarse en ese segundo para no perdérselo y para empezar a
negociar, ahora sí, las declinaciones de Zavala, Armando Ríos Píter y Jaime “El
Bronco” Rodríguez Calderón.
¿Que si veo a Margarita declinando
por Anaya? Respondo con dos preguntas: ¿Por qué no? ¿Por lo que se dijeron? Ja.
Claro que los veo negociando y después, en una foto juntos. Con Meade sería
todavía más fácil, pero eso no significa que Zavala no se sentará con el otro,
con el muchacho de sus dolores de cabeza. Desde donde está parado Felipe
Calderón, no veo por qué no habrían de tragarse su orgullo. Él y su esposa se
tomarán la foto con Anaya, podría jurar, porque el riesgo de que gane AMLO es
altísimo, y bien vale poner cara de guarache un rato.
Meade y Anaya van por el favor de Zavala y Calderón, de Ríos
Píter y de “El Bronco”. Pero antes necesitan asegurar el segundo. Y en eso se
entretendrán en las semanas por venir.
¿Les alcanzará abril y mayo para definir un segundo? Porque
les quedaría un mes efectivo de campaña si no se dan prisa. Esa condición
inédita entre ellos les robará tiempo. Y el abanderado de Morena no estará
esperando a ver quién de los dos es su verdadero rival: hará lo suyo para
consolidar un liderazgo en las preferencias y no perder el margen de ventaja
que tiene y que, visto por distintas encuestadoras, entra en un spread de entre
7 y 12 puntos.
Aunque la negaron hace un par de
meses, la encuesta que se atribuye a Presidencia de la República volvió a
circular esta semana. Me la mandaron el viernes. Y es todavía más dramática que
las anteriores, sobre todo viniendo de donde, se supone, viene.
La tercera encuesta de la fase final dice esto:
La coalición PT-Morena-PES tiene 28.82 por ciento de las
preferencias; creció poco, pero creció: en diciembre estaba e 28.43 por ciento.
La coalición PAN-PRD-MC avanzó algo, muy breve, pero avanzó:
sale con 21.04 por ciento, cuando tenía 20.88 en el mes anterior, es decir, en
diciembre 2017.
Y la coalición PRI-PVEM-Panal bajó. En diciembre pasado
estaba en 20.14 por ciento de las preferencias electorales y se acomodó en
19.57 por ciento en enero. El PRI y compañía, nueve puntos debajo de Morena y
asociados.
Pero esa misma encuesta que se
atribuye a Presidencia –y que Presidencia niega– da un dato durísimo: que el
40.23 por ciento dice que NUNCA votaría por el PRI-PVEM-Panal. Contrasta dramáticamente con sus opositores:
los negativos de la alianza PAN-PRD-MC son casi la mitad: 22.21, mientras que
los de Morena-PT-PES son todavía más bajos: 21.38 por ciento.
Por candidato, la tercera encuesta de la fase final de esta
medición (que, insisto, rechaza Presidencia pero que se sigue filtrando) indica que López Obrador está en 30.17 por
ciento de las preferencias, casi diez puntos arriba de Anaya, que sale en 20.76
por ciento.
José Antonio Meade, en
esta encuesta, queda en un tercer lugar por primera vez. Sale en un 19.85 por
ciento, casi 11 puntos debajo de AMLO y un punto menos que Anaya, cuando en
diciembre anterior estaba en el segundo lugar con 20.61 por ciento.
Yo sé que algunos consideran “guerra sucia” decir que Meade
no prende. Pero no, no prende. Eso me dice lo que voy viendo en las encuestas a
las que tengo acceso.
Concluyo: Meade y Anaya van a dedicarse de lleno en las
siguientes semanas a definir quién de los dos queda en segundo lugar para ser
beneficiario de la gran cargada. No hay manera de evitar este enfrentamiento:
los dos son igual de simpáticos para el poderoso grupo que no quiere a AMLO en
el poder; tienen que ganarse sus favores.
La duda es si, después del necesario enfrentamiento entre
ellos por el segundo lugar, tendrán lo suficiente (tiempo, apoyos) para
alcanzar a López Obrador. Y la duda se volverá todavía más razonable cuando
presenciemos, también, la gran cargada a favor de AMLO. Sí, a favor de López
Obrador.
Porque AMLO tendrá también su propia
cargada si sigue –como parece que va– en caballo de hacienda. Es de esperarse.
Una fuerte cargada de intelectuales, empresarios, burócratas, políticos,
periodistas, etcétera, que querrán levantarle la mano desde antes. Estar allí,
con él, ahora que va adelante.
Tampoco hay que asombrarse. Así es la cosa, siempre. La
derrota es huérfana, como sabemos; y la victoria tiene muchos, pero muchos
padres.
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