Dolia Estévez.
Pocos conocen la tesis
con la que José Antonio Meade obtuvo su título de doctor en economía de la
Universidad de Yale. El documento no es accesible en el Internet. De hecho,
creo ser la primera periodista en obtener un ejemplar impreso, mismo que me fue
prestado por Yale y que debo regresar. Leyéndola me brincaron dos cosas: la
exclusión de México y la falta de originalidad del tema seleccionado. El país
que Meade aspira a dirigir está completamente ausente a lo largo de las 118
páginas de texto. Si el lector no sabe que Meade es mexicano, creería que el
autor es un nerd gringo obsesionado con un tema esotérico.
Cuando se tiene la fortuna de acudir a una de las
universidades del mundo más prestigiosas lo menos que puede hacerse es no
ignorar a México. Aprovechar las herramientas de excelencia académica de la
institución para contribuir al estudio de aspectos clave de la realidad
mexicana. Ernesto Zedillo, también doctor en economía de Yale, hizo su tesis
sobre la deuda externa mexicana y el futuro crecimiento económico asociado al
petróleo. Carlos Salinas obtuvo su título de doctor en economía política y
gobierno de la Universidad de Harvard con la tesis “producción y participación
política en el campo mexicano”. Meade,
en contraste, escogió un tema intrascendente para México. Su disertación es
testimonio de falta de imaginación, dependencia en las ideas de otros y
ausencia de compromiso con México. Es una tesis sin carisma como su
personalidad, gris como su retórica, sin persuasión como su candidatura. Un
monumento a la opacidad.
El candidato priista estudió en Yale de 1994 a 1997. Obtuvo
su doctorado a los 28 años en mayo de 1997. Su tesis, “The Economics of
Sentencing Guidelines: Evidence on Federal Fraud Offenders” (la economía de los
lineamientos de sentencias: evidencia sobre delincuentes de fraude federal),
tiene un enfoque estrecho. Trata sobre la problemática de las personas
condenadas de fraude en las cortes federales de Estados Unidos, antes y después
de la puesta en marcha de los lineamientos para uniformar la política de
sentencias contra individuos y organizaciones que cometieron delitos de cuello
blanco codificados como graves. Meade analizó el costo financiero de los
lineamientos. Hoy la árida tesis de
Meade es prácticamente obsoleta pues la suprema corte revocó el carácter
obligatorio que tenían los polémicos lineamientos de 1984.
Cuando Meade hizo su doctorado en los noventa estaba de moda
procurar títulos de posgrado de preferencia de universidades de la Ivy League,
como Harvard, Yale y Princeton. Era un activo para poder ascender en la alta
burocracia. La CONACYT, la Fullbright Fellowship y la Fundación Ford, entre
otras, se encargaron de becar a los futuros tecnócratas. En la disertación,
Meade agradece el “generoso apoyo” de las tres instituciones sin el cual, “no
hubiera podido seguir mi educación de posgrado o escribir esta tesis”.
A la fecha, hay 264 ex alumnos mexicanos de Yale, 48 de
licenciatura y 216 de posgrado. Meade y el gobernador del Banco de México
Alejandro Díaz de León, son miembros registrados de la Asociación de ex Alumnos
de Yale, cuyo capítulo mexicano preside Jaime González Aguade, el ex presidente
de la Comisión Nacional Bancaria e integrante del equipo del candidato priista.
Pese a que los reglamentos de Yale establecen que “los
candidatos a doctorado deberán aportar una contribución original a la ciencia
de la disciplina seleccionada”, la
disertación de Meade no es totalmente original. Se basa en la investigación del
catedrático Joel Waldfogel, su maestro de finanzas públicas y asesor de tesis.
“Este capítulo”, dice en la página 73, “fue preparado en estrecha colaboración
con mi asesor”.
Plagada de gráficas y
formulas, la tesis consta de tres ensayos, con sus respectivas bibliografías en
las que aparecen insistentemente los estudios que Waldfogel publicó en 1993,
1994 y 1995. El título de la primera parte del texto de Meade es muy similar al
título del ensayo de su asesor. Waldfogel, en 1995: “¿Se están usando eficientemente las
multas y penas de prisión? evidencia sobre delincuentes de fraude”. Meade, en
1997: ¿Tuvieron éxito los lineamientos sobre sentencias en reducir las
variaciones en sentencias? Evidencia de delincuentes de fraude federal antes y
después de los lineamientos”. La
disertación no es un plagio como la de Peña Nieto en la Universidad
Panamericana, pero el tema seleccionado no fue idea suya y tuvo mucha ayuda de
su asesor. No es plagio, pero tampoco es original. Más bien es un texto
coherente con su trayectoria híbrida, ni panista, ni priista.
En entrevista telefónica, Waldfogel rechazó tajante la sugerencia de que el trabajo de su ex
alumno no fuera 100% original. “No, no, no es lo que estoy diciendo. Me
preguntaste como se interesó. No estamos hablando de su trabajo, sino de cómo
se interesó en el tema”, respondió en tono defensivo a mi pregunta cuestionando
la autenticidad del trabajo de Meade.
El catedrático admitió que Meade se interesó en el tema en
“conversaciones conmigo”. El entonces profesor auxiliar de Yale señaló que no
es inusual que los estudiantes escriban sus disertaciones sobre aspectos
relacionados a las investigaciones de sus profesores. Dijo no acordarse de por
qué a Meade le atrajo un asunto tan ajeno a México. En Yale, Meade se
especializó en economía internacional y finanzas públicas materia, esta última,
en la que engrana la tesis, según Waldfogel.
El actual profesor de la Universidad de Minnesota conserva
buen recuerdo de su pupilo. “Me caía bien. Lo conocí bastante bien pues
trabajamos juntos”. Lo describió como “una persona madura y seria aun en su
papel de estudiante”. Waldfogel, quien poco después dejó Yale, dijo que su
discípulo no socializaba mucho pues, recordó, ya tenía familia. En efecto, en
esas fechas Meade ya se había casado con Juana Cuevas y esperaban a su primer
hijo. De hecho, Meade le dedica su disertación a sus padres, hermanos, abuelos
y tíos, “pero más que a nadie… a Juana, que le ha dado sentido a mis días y al
bebé que estamos esperando, pero cuyo nombre aún no hemos descubierto”.
Meade y Waldfogel co-firmaron un “documento de trabajo”
(working paper) sobre el tema de la tesis. El ensayo, “¿Elevan el costo del
castigo los lineamientos de sentencias?”, fue publicado en inglés por el Buro
Nacional de Investigaciones Económicas en 1998. A Meade no se le conocen otras publicaciones.
Waldfogel me dijo que no lo ha vuelto a ver, “pero sí somos
amigos a través de Facebook. Así es como me entero de las cosas interesantes
que hace”. Le pregunté si cree que sería un buen presidente de México. Me
respondió que sí. Explicó: “era un estudiante de posgrado muy maduro, sensato y
trabajador. Todas esas son buenas cualidades para ser presidente”. Con todo,
aclaró que no fue la manera como lo evaluó cuando fue su discípulo pues no
detectó indicios de que la presidencia de México estuviera entre sus planes.
Meade pudo haber aprovechado su estancia en Yale para abrir
una grieta sobre su opacidad a través de la cual filtrar una tesis que hablara
de su compromiso con México. No lo hizo.
Veinte años después quiere ser presidente, pero su anodino pase por varias secretarías
y título de doctor en Yale no son garantía de liderazgo ni vacuna contra la
mediocridad.
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