Javier Risco.
En este país la
justicia ha demostrado ser selectiva y conveniente según el clima político. ¿Un
botón de muestra? El anuncio de ayer de la Procuraduría General de la República
de que finalmente solicitará orden de extradición para que el exgobernador
priista César Duarte pueda ser juzgado en el país.
¿De qué otra forma
podríamos explicarnos que durante cuatro meses la PGR tuviera 11 carpetas de
investigación que ameritaban la búsqueda y captura del exgobernador de
Chihuahua y que hasta que se desatara el conflicto entre la federación y el
actual gobernador, Javier Corral, hasta que aparecieron espectaculares
evidenciando el retraso en la orden de extradición y hasta que el
precandidato-ciudadano-priista, José Antonio Meade, hablara sobre corrupción?
Por supuesto que la PGR argumenta que se trata de un proceso
y que están en tiempo y forma, pero revisemos una cronología del caso para que
sean los hechos los que hablen solos:
El 12 de septiembre,
tanto la Fiscalía Especializada para la Atención de Delitos Electorales
(FEPADE), entonces encabezada por Santiago Nieto, como el gobernador Javier
Corral dijeron que habían solicitado a la PGR la extradición de un Duarte que,
como su homónimo de apellido (veracruzano), también habría saqueado las arcas
del estado.
“Corral acompañó la
petición con las pruebas que, dijo, permitieron a jueces de su entidad girar 10
órdenes de aprehensión en contra de su antecesor.
“Con la solicitud de extradición fueron entregadas varias
cajas con 70 tomos y 50 discos compactos que contienen todas y cada una las
carpetas de investigación, con las pruebas en las que, se indicó, se basaron
los distintos jueces penales de control en el estado de Chihuahua”, señalaban
las notas que daban cuenta de la petición de Chihuahua para traer a Duarte a
México.
Hasta aquí no parece
haber indicios de que hace cuatro meses no se tuvieran ya los elementos
suficientes que al menos le indicaran a la dependencia, hoy encabezada por
Arturo Elías Beltrán, que el priista tenía mucho qué explicar sobre los mil
millones de pesos desviados durante su administración.
Ese mismo día, Nieto
explicó que la FEPADE, de forma independiente a la investigación que realizaba
la Fiscalía de Chihuahua, tenía elementos para solicitar una orden de
aprehensión.
“Se pedirá una ficha
roja para Interpol, y a más tardar el día de mañana estaremos solicitando la
extradición de César Duarte”, dijo en aquel momento en entrevista.
Y a pesar de las
decenas de cajas con pruebas, declaraciones de testigos y las carpetas de
investigación ya armadas y supuestamente sustentadas por ambas fiscalías, a
pesar de la urgencia de emitir una ficha de búsqueda, el gobierno mexicano no
mostró prisa por poner a uno de los miembros de ese mentado nuevo PRI, en un
proceso para responder a la justicia mexicana.
Y así dejaron pasar
más de 16 semanas, hasta ahora, en medio de una aparente presión financiera del
gobierno de Enrique Peña al gobierno de Javier Corral, como una represalia por
la persecución a Duarte y el desmantelamiento de una red de corrupción y desvío
de recursos, que la PGR decide, ahora sí, hacer su trabajo.
Y casi como
coincidencia, excepto porque en política nada nunca es coincidencia, esta misma
semana el precandidato tricolor Meade declaró un combate a la corrupción en su
gobierno, que hoy luce como la insinuación de lo que la PGR diría 24 horas
después.
“Que seamos capaces, con visión de Estado, de nombrar a los
magistrados que se necesitan en el Sistema Nacional Anticorrupción, de hacer
los nombramientos del fiscal y del Fiscal Anticorrupción, de dar el paso de
homologar el funcionamiento de los ministerios públicos, de dar el paso de
homologar las definiciones de los delitos para que los podamos investigar
mejor, que regulemos los contratos públicos y que eso que México espera de
nosotros no se lo regateen”, dijo Meade en su precampaña.
Que alguien les diga
que, nada más para empezar, lo que México espera de todo el gobierno es que no
se administre la justicia según su conveniencia, que no basta con promesas de
atrapar corruptos, que hace falta justicia expedita para quienes ya cometieron
delitos y un esquema de prevención para aquellos que, disfrazados de
candidatos, están esperando el 1 de julio para ver qué sacan de este adolorido
país.
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