El gobierno de Yucatán aprobó la
construcción y operación de una mega granja de 49 mil cerdos en el municipio de
Homún, ubicado en la Reserva Geohidrológica Anillo de Cenotes, a pesar de
presentar una serie de irregularidades que van desde el otorgamiento de la
licencia de uso de suelo y construcción sin consultar al Cabildo, y la
autorización para iniciar el proyecto sin que estuviera constituida la empresa
que lo encabeza, hasta la falta de sustento bibliográfico y científico en la
Manifestación de Impacto Ambiental (MIA).
El Cabildo
revocó la licencia otorgada a la empresa para la edificación de la granja, la
cual le fue devuelta por el Tribunal de Justicia Fiscal y Administrativa del
Poder Judicial del Estado de Yucatán por considerar que no representaba
perjuicio a un interés social ni contravenía disposiciones de orden público.
Lo anterior,
no obstante que el proyecto fue iniciado tres meses antes de que estuviera
constituida la empresa Producción Alimentaria y Porcícola (PAPO),
“irregularidad administrativa y legal” que pasó por alto la Secretaría de
Desarrollo Urbano y Medio Ambiente del estado.
A estas irregularidades se suma la
opinión técnica solicitada al doctor en Ingeniería Opción Ambiental, Virgilio
Góngora, quien sostiene que la MIA “no tiene sustento bibliográfico ni
científico, y sólo deja en evidencia el potencial contaminante del proyecto en
la Reserva Geohidrológica”. El estudio fue elaborado por una cirujana dentista
sin conocimientos técnicos en materia ambiental y aprobado por la Secretaría de
Desarrollo Urbano y Medio Ambiente de Yucatán, pues rechazarlo hubiera sido
“discriminatorio” a decir de su titular, Eduardo Batllori.
Una irregularidad más se encuentra en
la negativa a reconocer a Humún como pueblo originario y, en consecuencia,
consultar a los pobladores su parecer sobre el proyecto. Los afectados
denuncian que la mega granja tiene el potencial de contaminar las fuentes de
agua de los cenotes de Homún y cancelar cientos de empleos provenientes del
turismo.
Homún ha
prosperado con el turismo, después de tener dos grandes fracasos. En Yucatán
hubo bonanza, durante casi un siglo, para la clase alta y trabajo para los
pobres gracias al henequén, que se volvió famoso en la década de 1870, cuando
empezó a usarse en la agricultura, en las engavilladoras de cereales.
Pero la
International Harvester Co monopolizó las compras de este material e hizo
descender los precios; además, se empezaron a producir híbridos que daban una
fibra más resistente y flexible. La producción de henequén se fue a pique y la
carencia empezó a instalarse en el estado. En el municipio de Homún todavía se
ven plantas de henequén a la orilla de los caminos, pero ya nadie las corta.
En un
intento por remediar la escasez, en 1969, el gobierno del Estado de Yucatán
seleccionó a un grupo de campesinos que deseaban dedicarse a la crianza de
cerdos y entregó, a grupos familiares, veintitrés sementales. Fue la primera
fase de la porcicultura familiar, que se vio favorecida con créditos y entrega
de uno a cuatro vientres por familia. Las granjas tuvieron sus caídas, pero se
volvieron un buen negocio en la región.
Solo que en
esto tampoco habría final feliz. Las
presiones de la apertura comercial y el encarecimiento de los insumos pusieron
en aprietos a la mayoría de sus dueños. Eso y otra cuestión: el fortalecimiento
de la empresa Kekén, a quien los productores locales acusan de convertirse en
un monopolio, que acabó por aspirar a pequeños, medianos y grandes
porcicultores (a algunos bajo la figura de aparceros: dueños de la
infraestructura a los que la empresa les da los lechones y el alimento para su
engorda).
El empresario porcicultor Carlos
Castillo Solís ha dicho en diversos medios locales que el monopolio de Kekén
presiona a los productores a entrar en su esquema, y que compite deslealmente
al dominar el 90 % del mercado.
Sin henequén
y sin cerdos.
Ahora, además
del henequén, hay otra cosa abandonada en Homún: muchas granjas pequeñas y
medianas. Los cascarones se pueden ver en los traspatios de las casas. Pedro
Cabrera, el de los dos tendejones, tenía la suya, pero la dejó justo por la
presión de Kekén.
Sin henequén
y sin cerdos, se instaló la era de pedir fiado, de las calles desiertas de
puestos de comida, de los hombres yendo a Mérida a trabajar de albañiles o de
obreros.
Así estaba
Rudi Balam. Trabajaba de ayudante de albañil en Mérida. Ganaba mil doscientos
pesos a la semana, pero la mitad se le iba en pasajes y comida. Ahora tiene un
trabajo mejor. Desde hace cuatro años es guía de turistas en la ruta de cenotes
en Homún. “Acá gano 250 pesos por cuatro personas en un recorrido de cuatro a
cinco cenotes, pero además me dan propina y también me dan algo los de los
restaurantes por llevar turistas. Gano 600 o 700 en un día. En temporada baja
hago dos tours a la semana. Pero ya no gasto en pasaje. Y en temporada alta
(cuando llegan hasta 4 mil 800 turistas por día) hacemos un tour diario, a
veces hasta dos”.
Además, ahora hace un trabajo muy distinto. Hace
unos minutos Rudi se dio un buen chapuzón en uno de los cenotes, mientras los
turistas extranjeros que hoy acompaña hacían lo mismo. Aquí lo normal es ver a los
mototaxistas y a los guías riendo entre ellos, platicando con los turistas,
compartiendo orgullosos lo que saben de estos lugares donde nacieron y hasta se
les ve desestresados: con el cuerpo flotando cual largos son en el agua azul
trasparente.
“Gracias al turismo tenemos trabajo y
el pueblo fue engrandeciendo. Ya ahorita en cualquier lado pasas y venden
comida y la gente sí compra. Otros venden artesanías, otros andan en los
mototaxis o de guías o rentando chalecos salvavidas. El turismo ha generado aquí
unos 700 empleos. Ya son muy pocas las personas que se van a Mérida a trabajar.
Antes era la mayoría, ahora solo 30 %”, afirma Rudi.
Fue en 2010
cuando empezaron a habilitarse la mayoría de los 16 cenotes que hoy conforman
la ruta turística en Homún. Este municipio no aparecía antes en el mapa de los
visitantes nacionales o foráneos. Todos se iban a visitar los cenotes de
Cuzamá. Pero problemas entre los ejidatarios y la comisaría dividieron los
tours. Un bando se quedó con un cenote y otro con dos, sin tener la opción de
visitar los tres, los turistas empezaron
a buscar mejores opciones. Y ahí estaba Homún.
Todo parecía
hacerse alineado. El gobierno del estado publicó el decreto en el que se
reconocía al Anillo de Cenotes, donde está este municipio, como una reserva
geohidrológica. En este lugar el agua de la lluvia se infiltra y tiende a irse
por los conductos preferenciales hacia la costa y, al llegar al anillo, éste
funciona como un vertedero, explica el secretario de Desarrollo Urbano y Medio
Ambiente de Yucatán, Eduardo Batllori. “Por eso se dice que es la mayor zona de
recarga hídrica que hay en la península”. El área se establece como una reserva
con la finalidad de promover su mayor saneamiento, agrega el funcionario.
Con la zona decretada como reserva y
Cuzamá fuera del mapa de los visitantes, pequeños empresarios y dueños de
cenotes se lanzaron a aprovechar la oportunidad. José Clemente May,
expresidente municipal por el PAN de Homún, y el restaurantero Gabriel Pech
consiguieron créditos de la Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos
Indígenas (CDI) para habilitar sus dos cenotes al turismo en estas tierras
mayas.
Al principio
solo había ocho guías. Hoy hay más de 200. Uno de los más entusiastas es
Leandro Chan. Hace cuatro años trabajaba en una maquiladora, en Mérida. Entraba
a las 7 de la mañana y salía a las 7 de la noche. 12 horas de pie, ejecutando
la misma tarea en una fábrica textil, por 700 pesos a la semana.
“¿Ha visto
los pajaritos que están en jaulas? Pues así estaba yo en la maquiladora. Estuve
diez años así, de los 20 a los 30 años. Acá no le voy a decir que gano mucho,
pero sale para tortilla y pan y vivo feliz, como rey, conozco gente de muchos
lugares y les cuento las cosas que mi padre me contaba a mí. Trabajo de 11 am a
5 pm y ganó 500 o 600 pesos por un recorrido”.
El entusiasmo de Leandro se esfuma
cuando se le menciona la mega granja porcícola de más 49 mil cerdos que una
nueva empresa abrirá en este anillo de cenotes, en la reserva geohidrológica de
Yucatán, y que generará apenas 45 empleos permanentes. “Van a acabar con
nuestra fuente de trabajo y con nuestro ambiente. Con la llegada de los cerdos,
los turistas se van a ir, por el mal olor y la contaminación del agua”.
El daño
ambiental de los cerdos en los cenotes.
Batllori, quien junto con el gobernador Rolando
Zapata firmó en 2013 el decreto 117 que establece el área natural protegida
denominada Reserva Estatal Geohidrológica del Anillo de Cenotes, donde está
Homún, es el mismo funcionario que después autorizó el Manifiesto de Impacto
Ambiental (MIA) del proyecto para abrir en la zona una granja de 49 mil cerdos,
propiedad de Producción Alimentaria y Porcícola (PAPO).
Ésta es la nueva empresa de los
dueños de Grupo Sipse, un conglomerado de medios que agrupa a periódicos y
estaciones de radio y televisión en el estado. De acuerdo con el acta constitutiva de PAPO, de la
que Animal Político tiene copia, la sociedad se conformó el 23 de mayo de 2016
con 14 socios, la mayoría de ellos relacionados por parentesco. No obstante, el
proyecto de construcción y operación de la granja porcícola fue iniciado el 19
de febrero de 2016, tres meses antes de constituida la empresa, irregularidad
administrativa y legal pasada por alto por la Seduma.
La Manifestación de Impacto Ambiental
que PAPO presentó para la construcción y operación de una granja porcícola en
Homún, y que tiene la firma de autorización de Batllori, está elaborado por la
cirujana dentista Gladis del Rosario Alamilla Sanguino, de acuerdo a su cédula
profesional. No hay registros académicos que acrediten conocimientos en materia
ambiental. Cuando se le pregunta a Batllori si una dentista puede realizar una
MIA, responde que rechazarla sería un acto discriminatorio.
“No hay por ley un padrón (de
profesiones); de hecho, cualquier persona puede presentar su Manifestación de
Impacto Ambiental. Es discriminatorio decir que una dentista no puede o ¿qué,
los ingenieros, los arquitectos tampoco?”.
– Pero
¿tiene los conocimientos para hacerlo?
– Puede ser
una dentista que se dedica o no a ser dentista, pero obviamente tiene un grupo
de trabajo. Tú no puedes hacer solito una MIA, necesitas a alguien que vaya y
haga una evaluación de la vegetación. Lo contratas y le pagas. Hay de varios,
claro, hay consultoras muy especializadas, pero hay personas físicas que
presentan y hacen sus estudios. Hay arquitectos, urbanistas, ingenieros y hay
esta dentista. Yo no puedo decirle: ah, eres dentista, no, no te la acepto,
porque sería un acto discriminatorio.
Batllori asegura que la mega granja
en Homún no causará un impacto negativo al ambiente. “Como está en una zona de
reserva, le hemos pedido que ponga no sólo biodigestores (como se hace en la
mayoría de las granjas) sino una planta de tratamiento de agua”. Pero los
dueños de cenotes y pobladores de Homún organizados en la agrupación civil
Ka´anan Ts´onot (Los Guardianes de los Cenotes) no están convencidos de que la
mega granja no contaminará, algo que confirma el contra informe técnico de la
MIA de PAPO, elaborado por el doctor en Ingeniería Opción Ambiental, Virgilio
René Góngora Echeverría.
De acuerdo
con este documento, la misma manifestación ambiental de la mega granja destaca que el acuífero de la Península de
Yucatán es altamente vulnerable a la contaminación, debido a la gran densidad
de fisuras y conductos de disolución que se encuentran en el subsuelo y que
permiten la infiltración de todo tipo de aguas con mucha facilidad.
Las medidas de mitigación presentadas
en la MIA respecto a la contaminación de las aguas y suelos son dudosas, afirma
Góngora Echeverría en su contra informe técnico. “No tienen sustento
bibliográfico ni científico, y sólo deja en evidencia el potencial contaminante
del proyecto en la Reserva Geohidrológica”.
El
especialista asienta también que, en la
actualidad, no hay ningún sistema de tratamiento que pueda abatir los
coliformes fecales de los cerdos a los límites que exigen las normas. Y agrega
que en la MIA no se considera la emisión de olores por la operación de la
granja.
Otra irregularidad de la Manifestación
de Impacto Ambiental de PAPO (de la que Animal Político tiene copia) es que
niega que en la zona de Homún haya pueblos originarios, cuando en los
Indicadores Socioeconómicos de 2015 de la Comisión Nacional para el Desarrollo
de los Pueblos Indígenas (CDI), Homún está reconocido como tal. El mismo Batllori reconoce que éste es un pueblo maya; pero,
aun así, incluso con ese dato falso asentado en el documento, el funcionario
firmó su autorización. La negativa sobre la existencia de pueblos originarios
exime a la empresa de consultar a la comunidad indígena su parecer sobre el
proyecto.
Los integrantes de la agrupación
civil Ka´anan Ts´onot interpusieron un amparo con el acompañamiento del Equipo
Indignación, por las irregularidades en la Manifestación de Impacto Ambiental
de PAPO.
El pasado viernes 2 de febrero el
juez Rogelio Eduardo Leal Mota, del juzgado segundo de distrito de Yucatán,
emitió resolución sobre el caso y determinó no concederlo. El juez argumentó que no se acreditó que la MIA fuera irregular, porque si bien
la elaboró una dentista, al final fue aprobada por la Seduma y lo que prevalece
es la presunción de legalidad dado que esta secretaría avaló el documento.
Ahora, la organización interpondrá un recurso de revisión sobre este fallo ante
el Tribunal Colegiado de Circuito.
Animal
Político buscó al presidente del consejo de administración de PAPO, Gerardo
García Gamboa, y al representante legal de la empresa, Enrique Ortiz, para
conocer su versión del proyecto, pero no atendieron las llamadas.
Nada qué
preguntar.
Los abogados de Equipo Indignación
reclaman que tampoco se hizo la debida consulta a la comunidad indígena para
saber si estaban de acuerdo con el proyecto. “Como pueblo maya, los habitantes
de Homún debieron ser informados y consultados sobre la mega granja, pero las
autoridades no les preguntaron”, reclama Lourdes Medina, abogada de Indignación. Al no preguntarle a la comunidad, los
gobiernos estatal y municipal pasaron por alto la debida consulta que establece
el Convenio 169 de la OIT sobre Pueblos Indígenas y Tribales, en cuanto a
megaproyectos en su territorio.
También
ignoraron la recomendación de la Comisión Nacional de Derechos Humanos sobre el
derecho a la consulta previa de los pueblos y comunidades indígenas de la
República Mexicana, publicada en el Diario Oficial de la Federación, entre
cuyos derechos se reconoce el de decidir las prioridades para su desarrollo.
Ante la omisión del Estado, los
integrantes de Ka´anan Ts´onot promovieron una auto consulta en la comunidad de
Homún: 772 habitantes dijeron no a la mega granja, frente a 52 que dijeron que
sí. Ahora la
organización está en espera de respuesta respecto a si el gobierno estatal
avalará la auto consulta.
El escenario ante la autoridad es
complicado. La comunidad acusa al presidente municipal Enrique Echevarría Chan
de viciar el proceso desde el origen al otorgar la licencia de uso de suelo y
construcción a PAPO de manera unilateral, sin consultar a su cabildo. Cuando
los pobladores empezaron a inquietarse por las primeras obras en la zona, se
les dijo que se estaba construyendo una carretera.
Después descubrieron que era una mega
granja porcícola y el presidente municipal tuvo que reconocer el arranque del
proyecto bajo su aval. El cabildo le exigió entonces
convocar a una reunión extraordinaria en la que se revocó la licencia otorgada
a la empresa para la edificación de la granja.
La empresa
Producción Alimentaria Porcícola promovió ante el Tribunal de Justicia Fiscal y
Administrativa del Poder Judicial del Estado de Yucatán un juicio contencioso
administrativo en contra del ayuntamiento y del presidente municipal de Homún,
demanda que quedó radicada con el número de expediente 91/2017.
El 18 de julio de 2017, el magistrado
Miguel Diego Barbosa Lara otorgó a la empresa la suspensión de los actos que
reclamaron al considerar que continuar con la construcción de la granja no
representaba perjuicio a un interés social ni contravenía disposiciones de
orden público.
Los pobladores de Homún alegaron ser
terceros perjudicados, pero el Tribunal les negó esa petición por lo que
interpusieron un recurso de reclamación, que sigue en curso. También interpusieron un amparo en contra de la autorización, por parte de
Seduma, de la Manifestación de Impacto Ambiental de PAPO. En ese amparo se
solicitó la suspensión de la obra, pero el juez la negó, aduciendo que la
granja proveería de empleos al pueblo, informa Indignación. Por esa negativa se
interpuso una queja, juicio que sigue en litigio.
De acuerdo
con la misma Manifestación de Impacto Ambiental de PAPO, su mega granja creará 45 empleos permanentes. “De esos, la mitad serán
para personal técnico que vendrá de fuera, a la gente de Homún se le ofrecerán
apenas unos 20, de obreros, apretando botones, contra los 700 empleos que ya ha
generado el ecoturismo en la zona”, señala José Clemente May, dueño de un
restaurante y un pequeño cenote en Homún e integrante de Ka´anan Ts´onot.
¿Por qué una
granja en esta zona? José Clemente May
dice que escogieron esta zona porque quieren ser aparceros de Kekén, que necesitará
mucha carne por sus planes de exportación a China y para lograrlo debe cumplir
ciertas reglas. “No debe haber otra granja de cerdos en 10 kilómetros a la
redonda, por cuestión de sanidad. Además, aquí están cerca de Mérida y, como en
todo Yucatán, hay suficiente disponibilidad de agua”.
Por ahora,
los integrantes de Ka´anan Ts´onot le darán seguimiento a los recursos legales
que tienen disponibles, bajo la asesoría de Indignación. “La balanza está inclinada hacia la empresa, como no somos unos ricos
empresarios, todas las autoridades nos han bateado, los jueces, Seduma,
Semarnat, Conagua, el INAH, todos alegan no tener competencia o que el proceso
es legal. Pero si esa granja se abre, Homún volverá a los tiempos de pedir
fiado y de ir a Mérida a trabajar”, afirma José Clemente May.
Karla
Garrido, quien se dedica a rentar chalecos salvavidas a los turistas y vender
recuerdos y golosinas, es contundente. “Si
la empresa y las autoridades estuvieran pensando en el bienestar del pueblo, no
abrirían esa granja que va a acabar con el turismo. Están viendo que ya tenemos
una fuente de trabajo y una vida mejor y nos quieren venir a fregar. Yo tendré
que regresar a juntar botellas y latas en el monte para vender, a lavar ropa y
hacer mandados para tener que comer”.
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