Francisco Ortiz Pinchetti.
Por supuesto
que no me refiero a la inolvidable película de Ismael Rodríguez protagonizada
por Jorge Negrete y Pedro Infante, sino a algo mucho más serio y actual. Grave.
Los dos tipos de cuidado a los que aludo
son un par de pillos que hoy desmienten todos los pronunciamientos contra la
corrupción hechos cotidianamente por las dirigencias de los partidos Acción
Nacional (PAN) y de la Revolución Democrática (PRD) y por su candidato común a
la Presidencia de la República, Ricardo Anaya Cortés.
Me refiero al cacique panista de
Ciudad de México, Jorge Romero Herrera y a su ahora cómplice perredista,
Mauricio Toledo Gutiérrez. Ambos son diputados locales por sus partidos ante la Asamblea
Legislativa capitalina. El panista es coordinador del grupo parlamentario
albiazul y secretario de la comisión de Gobierno y el perredista preside nada
menos que la comisión de Presupuesto y Cuenta Pública. Sus nombres son, en sus propios partidos, sinónimos de abuso y
corrupción. Todos lo saben.
Y ellos (junto con el también
perredista Leonel Luna, presidente de la comisión de Gobierno) pretenden
“secuestrar” y manejar a su arbitrio, en pleno año electoral, la bolsa de siete
mil 754 millones de pesos destinada a la reconstrucción de la CDMX. También, dispondrán el reparto de otros seis mil millones de recursos
adicionales para las delegaciones de la capital. En total, ¡más de 14 mil
millones!
En el decreto respectivo –impugnado
ante la Suprema Corte por Morena– se dan
a sí mismos la facultad, textual, de “autorizar, supervisar, vigilar y
proponer” el ejercicio de esos recursos. La razón es simple: aunque
Morena tiene la fracción mayoritaria, el PAN y el PRD se han coludido para
controlar la Asamblea y agandallar las comisiones… y manejar la lana.
Romero Herrera y Toledo Gutiérrez
tienen en común ser unos granujas prepotentes y soberbios, de 39 años de edad ambos; haber
sido compañeros –contrincantes entonces– como diputados en la ALDF en
2006-2009, y jefes delegacionales en sus respectivas demarcaciones en el mismo
periodo (2012-2015): el panista en Benito Juárez y el perredista en Coyoacán,
demarcaciones que convirtieron en su coto personal de poder. Los dos han sido reiteradamente acusados
por actos de corrupción durante sus respectivas administraciones y los dos han
gozado de inexplicable impunidad. Y hoy, diputados locales por segunda vez,
amafiados tienen el control de la Asamblea y son piezas claves de sus partidos
en la capital.
Son, de
verdad, dos tipos de cuidado.
Romero Herrera fue acusado por sus
propios correligionarios de falsificar el padrón interno del PAN desde que fue
diputado local por primera vez, para lo cual formó una pandilla autodenominad
Los Ocean. Hizo una incorporación masiva y corporativa de falsos militantes.
Así se apoderó de cargos partidarios y candidaturas, incluida la suya como jefe delegacional en
Benito Juárez.
Durante su administración
proliferaron los escándalos de corrupción en el tema de construcciones
irregulares. Simuló el cierre de un
centenar de ellas, pero finalmente no hubo una sola clausura en su gestión.
La podredumbre brotó de nuevo a raíz
de los derrumbes provocados por el sismo de 19S. Se coludió con líderes de
ambulantes, encabezados por Esteban Oliva, para incorporar a sus agremiados al
listado panista, a cambio de canonjías, moches y la fabricación y venta
mancomunada de puestos metálicos “autorizados”. Se sabe de extorsiones
millonarias a comerciantes establecidos, contra los que ordenó inspecciones
arbitrarias, amañadas.
Ya diputado,
protagonizó otro escándalo de alcance
internacional –que lo describe tal cual–
al referirse al presidente de la Comunidad Judía en México, Salomón
Achar Achar, como “pinche judío” cuando en mayo de 2016 lo vetó para ser
miembro honorario de la Comisión de Derechos Humanos del DF. De ese tamaño es
el Führer, como le llaman los miembros de su clan.
El impresentable cacique albiazul de
la capital del país reparte chambas y dispone ahora de candidaturas, cargos
partidarios, comisiones legislativas, recursos económicos. Ahora mismo se
apresta a repartir entre sus incondicionales las diputaciones capitalinas para
2018-2021, las
candidaturas delegacionales (alcaldías) y las dirigencias regionales y
delegacionales del PAN, mientras
maniobra para hacerse de una diputación federal plurinominal que lo mantenga
protegido por el fuero… con la aspiración además de ser coordinador de su
bancada. No tiene límites.
Por su
parte, Toledo Gutiérrez, el cacique
perredista de Coyoacán, tiene en su haber acusaciones por extorsión,
persecución política y hasta homicidio. Varias veces ha sido señalado por utilizar grupos de golpeadores contra
enemigos políticos, vecinos y contrincantes. Hace unos días fue denunciado por
Morena como autor intelectual de la agresión que un grupo de presuntos
perredistas contra los asistentes a un mitin de la precandidata al gobierno de
la CDMX, Claudia Sheinbaum Pardo.
En 2013 el entonces delegado fue
acusado de dos casos de extorsión a empresarios… por los que el PAN solicitó su
destitución. En uno de esos casos, Toledo Gutiérrez fue denunciado por un
empresario de extorsionarlo a cambio de permitirle reabrir su gasolinería. Por
ese hecho fue encarcelado el secretario particular del delegado, Eduardo
Ramírez Vallejo, que cargó con la culpa.
Desde 2015, el ex diputado local
Alejandro Robles Gómez y su esposa Saraí Zúñiga han denunciado en distintas
ocasiones a su ex compañero de partido Toledo Gutiérrez por acoso, amenazas de
muerte y persecución política Actualmente ellos se encuentran en Canadá, donde
ha solicitado asilo político.
Hace unas semanas, Robles Gómez, hoy
militante de Morena, acusó en su declaración a Toledo Gutiérrez del presunto
asesinato de dos ex colaboradores suyos. La primera muerte, según
detalló Reforma, fue la de Oscar Fabila, quien trabajaba en 2016 en Recursos
Humanos de la Delegación Coyoacán y quien acusó a Toledo de actos de
corrupción. El segundo homicidio, con características similares, fue la de
Manuel Saavedra en 2017.
Romero Herrera y Toledo Gutiérrez
debieran ser expulsados del PAN y del PRD, pero ocurre todo lo contrario: son
intocables. Con este par de pájaros de cuenta en dos de los partidos que lo
postulan suenan a burla los pronunciamientos del candidato frentista Anaya
Cortés de acabar con la corrupción a partir de sacar al PRI del poder. ¡Son
iguales!
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