Javier Risco.
Ricardo Becerra, excomisionado para la reconstrucción de la
Ciudad de México, visitó 150 puntos de emergencia tras el sismo del 19 de
septiembre. Supo diferenciar lo importante de lo urgente, habló con damnificados
y comenzó a enlistar pendientes, a verificar necesidades. Tras poco más de tres
meses de labor reconoció que uno de los puntos fundamentales de la
reconstrucción era brindarles certeza jurídica a los damnificados, lo que se
resolvería otorgando a cada uno de ellos un dictamen oficial, para lo que se
necesitaban 100 millones de pesos de los casi ocho mil millones destinados para
esta primera etapa.
Cien millones suenan
mucho, pero para los cientos de miles de damnificados implicaba la contratación
de un ejército de DRO (Directores Responsables de Obra) que hicieran las
verificaciones estructurales, tomando en cuenta que la famosa Ley de
Reconstrucción que tanto se presionó en la ALDF para aprobar, marcaba el plazo
fatal de 15 de marzo para entregar los dictámenes.
Con el personal actual,
el gobierno de la Ciudad no se ha podido dar abasto. Lo puso por escrito,
lo mandó a la Asamblea Legislativa, donde fue –entre muchas cosas más– de los
requerimientos que ignoraron de manera
improvisada los perredistas Leonel Luna y Mauricio Toledo y el panista Jorge
Romero.
“Como le informé, las
prioridades detectadas por la Comisión en estos momentos son: a. Certeza
jurídica; b. anulación del riesgo para las personas, y c. estudios de suelo y
reforzamiento. Se trata de temas que no fueron ideados en gabinete sino fruto
de la cercanía, la visita constante y el diálogo con los damnificados, tal como
usted me lo instruyó. Como puede ver, estimado jefe de Gobierno, existe una
discrepancia en la cual la Comisión resulta ya superflua y no cabe en el
esquema que la Asamblea diseñó dentro del Decreto de Presupuesto dc Egresos
2018”, se lee en la renuncia de Becerra firmada el viernes 16 de febrero.
Y es que, desde la
ALDF, los tres diputados, miembros de la Comisión de Gobierno del órgano
legislativo, pero sobre todo, importantes operadores del Frente en la Ciudad
con acceso a miles de millones de pesos en plena época electoral, no diseñaron
un presupuesto basado en las necesidades urgentes. Al menos no en las de los
damnificados.
Este trío, que en diciembre decidió darse
facultades ejecutivas siendo un órgano legislativo, ya tenía otros planes para la bolsa de recursos y gastar 100 millones
de pesos en algo que no les parecía tan prioritario, por lo que sólo ‘dieron
permiso’ para que se gastaran 11 millones de pesos. No, no tienen la menor idea
de las urgencias de la reconstrucción.
Sólo por el equipo con que contaba, el gobierno mancerista
había logrado formar una comisión con credibilidad, que ya es mucho decir en su
administración, y con el aval de personas con la mirada única y la experiencia
de personajes como Katia D’Artigues, activista por los derechos de las personas
con discapacidad, para asegurarse que la reconstrucción fuera transversal y
accesible, quien también renunció tras conocer que el presupuesto asignado
había sido decisión de unos cuantos diputados locales, dejando a la Comisión
“en un limbo jurídico que no da claridad ni certeza a nadie”.
A la renuncia de ellos le siguió la de Mauricio Merino,
encargado de transparencia de la Comisión y ayer la del subcomisionado Fernando
Tudela. Ninguno estuvo dispuesto a jugar el juego de la simulación que se
delineó desde el Palacio Legislativo de Donceles.
“El jueves pasado me
informan los mismos diputados que ya fueron decididos los recursos desde el 29
de diciembre del año pasado. ¿Y el programa que presentamos el 15 de enero? ¿Y
las necesidades que han ido cambiando en la ciudad?”, explicó Becerra en entrevista en el
espacio de WRadio.
Ayer en el diario Reforma nos enteramos de que no sólo estos tres diputados ya habían decidido
desde diciembre, desde su escritorio, desde la ignorancia de las urgencias de
los afectados, el destino de casi nueve mil millones de pesos, sino que además
ya habían ejercido más de 500 millones de pesos a servicios personales, es
decir, burocracia.
Ante el escándalo que ha significado para todos que tres
personajes sin el mínimo intento por saber cuáles son los problemas a resolver
en la reconstrucción de la ciudad, Miguel Ángel Mancera dio un manotazo en la
mesa. Ni eso ha sido suficiente calma para los damnificados de la delegación
Benito Juárez y el multifamiliar Tlalpan, quienes expresaron, en dos momentos
diferentes, no haber recibido en cinco meses ninguna ayuda. Tampoco lo será
para que los cuatro personajes que renunciaron regresen a su tarea, pues su
renuncia es irrevocable.
Y aun así, con el cinismo expuesto, con el regaño público del
jefe de Gobierno, los tres políticos del
Frente dicen ‘no estar arrepentidos del proceder’ e incluso defender la
atribución que se auto dieron. No cabe duda de que, en cinco meses, si para
algo se trabajó en la ciudad, es para reducir la reconstrucción, a cero.
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