Javier Risco.
Aprendimos una palabra
en 2017, la aprendimos a la mala y a través de una tragedia. Sabíamos lo que
era, pero jamás imaginamos que sucedería tan pronto, menos en una magna obra
del sexenio, menos tras los videos publicados por el propio presidente Enrique
Peña Nieto y el secretario de Comunicaciones y Transportes, Gerardo Ruiz
Esparza, donde aparecían en helicóptero o en camionetas blindadas presumiendo
los carriles recién hechos. Me refiero al ‘socavón’, ese inexplicable hoyo que
se llevó la vida de dos personas, ese malhecho Paso Express, que sumió a metros
de profundidad la poca confianza que aún quedaba en esta administración.
Hace casi siete meses
del socavón morelense que dio un botón de muestra más sobre todas las formas
que tiene el gobierno para desviar recursos públicos, para engañarnos, para
despilfarrar millones de pesos en obras que no se ejecutan bien, y que no sólo
mostró un saco roto donde mil millones de pesos se ‘desvanecieron’, sino que le
arrancó a una familia la tranquilidad para siempre.
Ayer, en un corte de caja a medio año de la absurda tragedia,
la iniciativa Impunidad Cero, a través de una investigación de Luis Darío Ángeles,
puso nuevamente el foco en ese pendiente: las
víctimas del socavón no sólo no han tenido justicia, no ha habido ningún tipo
de sanción para ningún funcionario involucrado. Sí, leyó bien: las cabezas
responsables de la construcción del Paso Express de Cuernavaca siguen impunes.
De acuerdo con el documento que se presentó en conferencia de
prensa, tras la tragedia, peritos
especializados hicieron una evaluación donde descubrieron que todo falló en la
construcción de la obra, desde su planeación, diseño, construcción y revisión;
en cada parte del proceso hubo omisiones y fallas detectadas y con responsables
señalados.
“Sobre advertencia sí
hay engaño”, ha
subrayado Impunidad Cero, ante la grave
omisión de las autoridades de la secretaría encabezada por el priista Ruiz
Esparza, quienes supieron antes de la inauguración de la vía, que lleva a la
capital de Morelos, que había problemas con el drenaje en el kilómetro 93,
donde el 12 de julio de 2017 Juan Mena López y Juan Mena Romero no pudieron
salir con vida.
En seis meses, y a
pesar de los distintos estudios y los señalamientos de la Auditoría Superior de
la Federación (ASF) de irregularidades y de un daño al erario público de más de
mil millones de pesos, a pesar de las acusaciones del propio gobernador Graco
Ramírez, que intentando lavar sus propias culpas señaló que advirtió de los
riesgos, al gobierno federal le importó más presumir la obra que cuidar a
quienes transitaban. A pesar de tantas huellas, no ha habido ninguna sanción.
El estudio señala que, con base en la Ley Federal de
Responsabilidades Administrativas, ya
deberían haberse impuesto sanciones que van desde multas y destituciones, como
la de Gerardo Ruiz Esparza, hasta inhabilitaciones de entre 10 y 20 años para
funcionarios, como el director general de Carreteras.
“El estudio específico del caso del socavón del Paso Express
en Cuernavaca, pretende que la sociedad pueda exigir a las autoridades que
actúen correctamente. No contar con
sanciones a los servidores públicos involucrados en la muerte de los señores
Mena es una clara muestra de impunidad, cuando, por la gravedad de las
conductas, el caso debería implicar suspensiones, destituciones,
inhabilitaciones y multas para las autoridades involucradas”, señala el
documento presentado.
¿Qué espera Arely Gómez
para aplicar las sanciones correspondientes? ¿Será que nadie le ha informado que,
aunque los familiares de las víctimas aceptaron un acuerdo de reparación del
daño –que sirvió para detener el asunto en materia penal– eso no exime de las
responsabilidades administrativas que tienen una decena de funcionarios
corruptos y negligentes?
En su comparecencia en el Senado por este tema, el titular de la SCT decía que había que
sancionar a las empresas y que no debería tratarse de un asunto de sacrificio
político, en un retorcido intento por pedir que no cortaran su cabeza, pero
eso sólo refleja el poco entendimiento que hay de que los funcionarios públicos
no son sólo políticos, que adquieren responsabilidades y que la vida de los
ciudadanos está en sus manos, y que los errores tienen costos y consecuencias.
Basta ya de recurrir al olvido.
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