Álvaro
Delgado.
Otra vez las encuestas arman
escándalo: Igual que en 2012, cuando se equivocaron casi todas, y en 2016,
cuando hicieron el ridículo, en el inicio de la contienda de 2018 comienzan a
dejar ver que lo suyo no es la honradez ni el rigor y menos la autocrítica.
Es muy claro que las principales
empresas de estudios de opinión no quieren elevar su calidad, porque no tienen
ningún incentivo para hacerlo: Dominan el mercado y hacen lo que sus clientes,
partidos, candidatos y gobiernos, les ordenan: Usar estudios manipulados como
armas de propaganda.
Con muy
pocas excepciones, las empresas que
realizan estudios de opinión incurren en conflictos de carácter ético, de los que
son responsables también los medios que las difunden, porque saben a las claras
que son patrocinados por un partido, un candidato o un gobierno que de suyo
tiene sesgo.
En época electoral, las encuestas en
México no son sólo un insumo para la toma de decisiones, sino arma de
propaganda para dar imagen de fortaleza o para desacreditar a los
contrincantes, sean o no instrumento serio para tomar el pulso a la sociedad.
Por eso, más que certeza, las encuestas que difunden
partidos y candidatos generan incertidumbre. Y en una elección tan compleja
como la que está en curso, la manipulación de las encuestas puede ser
socialmente explosiva.
También los
partidos y los candidatos tienen responsabilidad.
López
Obrador se ufana de tener una ventaja de 15 puntos y exhibió láminas de dos
encuestadoras, Saba y Gabinete de Comunicación Estratégica, que le recriminaron
la filtración. Cinco días después, insistió con una de Chiapas, alegando que va
adelante por 30 puntos.
Ricardo
Anaya y sus prosélitos festejaron que la encuesta de Buendía y Laredo,
publicada en El Universal, lo colocaba a tiro de piedra de López Obrador a sólo
seis puntos, prácticamente la misma cifra que hace dos meses.
Aunque desde agosto aquí se publicó
que el responsable de la encuestadora, Jorge Buendía, trabaja para Anaya, ni
éste ni el periódico aclararon que había un conflicto de interés.
José Antonio Meade, por su parte,
ubicado en las tres encuestas mencionadas en un lejano tercer lugar, se
entusiasmó con la encuesta de Suasor Consultores publicada en El Heraldo de
México, que lo coloca en la pelea con 22 puntos, a tres de López Obrador y con
dos de ventaja sobre Anaya.
Con estos ejemplos queda claro que con
tales diferencias algunas de las encuestadoras no están siendo rigurosas y esta
distorsión sólo anticipa descrédito, como ya lo hubo en elecciones previas.
Desde la
elección de 2006, las encuestas están cada vez peor: En 2010 la mayoría de las
encuestas fueron erróneas en las elecciones estatales y, en la elección presidencial de 2012, hicieron el ridículo y exhibieron
su apoyo a Enrique Peña Nieto.
Buendía y
Laredo, de El Universal, le dio 17.1 puntos de ventaja sobre López Obrador;
Ulises Beltrán, de Excélsior, le otorgó 16 de ventaja; Parametría, de Francisco
Abundis que publicó en El Sol de México, 15.2; Mitofsky, de Roy Campos, previó
que ganaría por 15.1, y GEA-ISA, cuyo dueño es Jesús Reyes Heroles, le asignó
18 puntos de ventaja.
Hubo una
sexta encuestadora, Harris-Indermerc que dio a Peña 20.1 de ventaja y al final
obtuvo 6.5% sobre López Obrador.
Pese a su fiasco, a los encuestadores
les valió y siguieron haciendo negocio como si nada. Y por eso en las
elecciones estatales de 2016 fue el peor desastre en la historia de las
encuestas.
Por ejemplo, El Financiero dio como
ganadores a los candidatos del PRI en Veracruz, Tamaulipas, Quintana Roo,
Aguascalientes y Oaxaca, pero acertó sólo en este último estado.
En Quintana
Roo dio al priista Mauricio Góngora 44%, y 41% al aliancista expriista Carlos
Joaquín González, pero éste ganó por más de 10 puntos, y en Tamaulipas dijo que
había un empate entre el candidato priista, Baltazar Hinojosa, y el del PAN,
Francisco Javier García Cabeza de Vaca, ambos con 44%, pero éste ganó con casi
15 puntos de margen.
Parametría volvió a presentar
encuestas erróneas. Aseguró que el priista Héctor Yunes ganaría con 36% sobre
su primo Yunes Linares, con 32%, pero fue al revés.
En Durango y Quintana Roo, Parametría
adelantó que ganaría el PRI, pero ganó el PAN, y en Tamaulipas habló de una
elección “incierta”, pero el candidato panista se impuso con 15 puntos, lo
mismo que en Chihuahua, que la dio como “cerrada” … pero Javier Corral ganó con
10 puntos.
Ahora, ya
definidos los tres principales candidatos de las coaliciones, los encuestadores están actuando de manera
análoga, con los medios de comunicación que también difunden los estudios sin
aclarar que son patrocinados por partidos y candidatos.
Ante esto, ni modo que el Instituto
Nacional Electoral (INE) no haga nada…
No hay comentarios.:
Publicar un comentario
Gracias por tu comentario.