Francisco Ortiz Pinchetti.
Aunque pasó
prácticamente desapercibido, me llamó mucho la atención que hace algunas
semanas Andrés Manuel López Obrador se refiriera por primera vez a Margarita
Zavala Gómez del Campo como “la señora Margarita”. Ignoro por supuesto si fue
una actitud de respeto, como debiera. O parte de su transformación en una
persona educada y tolerante. El caso es que abandonó el dejo despectivo y misógino
con el que siempre aludió a “la mujer de Calderón”.
Y no solo
eso: durante un mitin en un poblado de Veracruz el martes 9 de enero pasado el
tabasqueño admitió que “la señora Margarita” sí le puede dar la batalla en la
competencia electoral de este año. “Hay encuestas en donde en segundo lugar
está la señora Margarita y Meade hasta el cuarto lugar”, indicó López Obrador
sin precisar el dato, como acostumbra. Apenas el 30 de enero insistió en las
posibilidades de la ex panista de ser quien le dispute la elección, durante un
acto en La Paz. Tampoco podemos saber si lo dijo en serio o fue uno de sus
frecuentes sarcasmos.
El caso es
que Margarita logró ya la hazaña que parecía inalcanzable. Tendrá el registro
como candidata independiente a la Presidencia de la República y estará en la
boleta de votación el próximo 1 de julio. Es imposible vaticinar ahora hasta
dónde podrá llegar finalmente en la decisión de los electores, pero lo que es
indudable es que será un factor destacado en la contienda. O tal vez el factor
determinante.
Me extraña
que la mayoría de nuestros numerosos analistas pareciera no verlo así. Ellos
están empecinados en escudriñar las posibilidades de los tres “precandidatos”
formales a partir de las encuestas y a elucubrar sobre presuntos “pactos
secretos”, como si no hubiera más jugadores. Y ya hay otros tres.
Parecen ni
siquiera recordar el fenómeno que asomó antes de que Margarita Zavala
abandonara el partido de toda su vida. Durante varios meses, sin hacer campaña,
sin los tres millones de spots en Andrés Manuel y los dos millones de Ricardo
Anaya Cortés en radio y televisión, sin hacer público siquiera su deseo de ser
candidata presidencial del PAN, ella apareció en las encuestas con
sorprendentes porcentajes de preferencias, al tú por tú con López Obrador. En
varias estuvo inclusive en primer lugar. Al renunciar a su partido en octubre
pasado, según encuesta de El Financiero estaba cinco puntos arriba del pelotero
de Macuspana, que lleva 12 años en campaña.
Con su
salida del PAN, la ex primera dama cayó drásticamente en los sondeos, hasta
casi desaparecer. Dejó de ser de pronto una candidata viable, aun cuando
anunció su determinación de buscar la postulación independiente. Parecía una
ocurrencia sin sentido el aspirar a reunir 874 mil firmas de apoyo en el país,
con su dispersión en 17 entidades… en solo cuatro meses. Y lo logró: estará en
la boleta.
Unos días
antes de cubrir los requisitos su nombre aparecía ya en el cuarto lugar de los
sondeos de opinión, aunque apenas con un dos, tres por ciento. El más reciente
sondeo de Parametría, difundido la semana pasada, la pone ya con entre ocho y
11 por ciento de las preferencias, según los diferentes “careos” o escenarios.
En otras mediciones recientes, como los de Consulta Mitofsky y Reforma, aparece
todavía con porcentajes menores. Es muy pronto para cualquier pronóstico, por
supuesto. Ella no ha tenido oportunidad de una “precampaña” como sus tres
principales adversarios ni ha aparecido en un solo spot.
Un elemento
importante a considerar es que la recaudación de casi un millón y medio de
firmas implicó necesariamente la formación de una estructura, aunque sea
incipiente, a lo largo de todo el país. Es probable que se hayan integrado
comités estatales, municipales y tal vez seccionales, además de contar con un
número importante de brigadistas que ahora se convertirán en activistas de su
campaña. Y eso es un valioso capital.
Está además
la posibilidad de una candidatura independiente única, acordada por los tres
aspirantes sin partido que han logrado la meta. La iniciativa original en este
sentido fue del senador guerrerense Armando Ríos Piter, que ya se reunió hace
unos días con el gobernador de Nuevo León con licencia Jaime Rodríguez
Calderón, “El Bronco”, para platicarlo. Margarita aceptó discutir esa opción
después del 19 de febrero, fecha límite para la recolección de firmas de apoyo.
“No descarto nada”, adelantó.
A pesar de
la inequidad absoluta que auspicia la Ley con relación a las candidaturas
independientes, a partir del 30 de marzo próximo ella estará por fin en
campaña, ya sea como una candidata independiente o como cabeza de una coalición
de independientes. Y ojo: será además la única mujer entre los aspirantes
presidenciales, lo cual no es un dato menor.
Contará con
el ya anunciado respaldo de los cuadros “rebeldes” del PAN y seguramente
cosechará en votos su ascendiente entre los militantes y simpatizantes de su antiguo
partido. Ella podrá restarle votos a otro candidato, claro; pero también podrá
sumarle. Para tener una idea de la importancia que puede alcanzar hay que
considerar que un 10 por ciento de la votación real representa algo así como
cinco millones de sufragios, según la aritmética electoral previsible.
Ya como
candidata con registro, la señora Margarita volverá a ser una opción viable
para el elector. Recorrerá de nuevo el país ahora en condiciones bien
distintas. Participará en los tres debates entre todos los jugadores
presidenciales. Dispondrá de un número reducido de spots, pero podrá estar
ahora sí en radio y televisión con ellos, así como de prerrogativas económicas oficiales,
aunque sean todavía más limitadas. Lo cierto es que su presencia en la contienda
será clave, en una u otra forma. Y muy probablemente nos llevemos una sorpresa.
¡A lo mejor Andrés Manuel habló en serio!
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