Javier Risco.
No se
equivoca la periodista Gabriela Warkentin cuando escribe a través de su cuenta
de Twitter que “no son buenos tiempos cuando ante la crítica viene la
descalificación”.
Lo dice en
referencia a la columna del periodista Jesús Silva-Herzog Márquez, titulada
'AMLO 3.0', publicada en el diario Reforma, donde hace una dura crítica a la
campaña de Andrés Manuel López Obrador y a la respuesta del exlíder de Morena
ante el texto: “Hace tiempo que Jesús Silva-Herzog Márquez me cuestiona con
conjeturas de toda índole. Hoy, en el periódico Reforma, me acusa sin motivo de
oportunista. Ni modo, son tiempos de enfrentar a la mafia del poder, a sus
secuaces y articulistas conservadores con apariencia de liberales”.
Preocupa el tono de ese López Obrador
que algunos habían dicho que había desaparecido, que había 'evolucionado' tras
12 años de campaña, ese que se cierra al debate y que huye a la cueva de la
descalificación pulida y reciclada titulada “la mafia del poder”. Es el tono
del López Obrador que no aprendió de los errores anteriores en campaña, donde
es reaccionario ante una voz disidente a su movimiento. ¿Por qué es incapaz de
enfrentar con argumentos una discusión que debe ocurrir en este momento
electoral? Vaya que es preocupante volvernos a encontrar a ese político que
sólo ve la labor periodística 'libre', donde no hay cuestionamientos incómodos
a su movimiento.
¿Queda tiempo para rectificar? ¿Es
capaz de mostrarnos otra cara en cinco meses de campaña? No lo sé. Durante la
precampaña se ha hablado de un nuevo López Obrador, de uno pragmático que se
abre a otras corrientes, que no es sectario; también se dice que ahora ha
volteado a ver a la clase empresarial, que ha sido más inteligente, que los ha
escuchado para conocer sus inquietudes; se subraya el Andrés Manuel menos
impulsivo que esquiva los golpes de sus adversarios políticos con humor y que
no se engancha a la provocación. ‘Ya aprendió’, dicen. Pero una respuesta así
muestra que hay una lección que se ha negado a aprobar. ¿Qué se dice de su
relación con los medios de comunicación? Muy poco: le da entrevistas a los
mismos, descalifica a los mismos y se encierra en una burbuja de halagos.
Cuando el mismo diario publica una encuesta en la que va a la cabeza, entonces
la reconoce; cuando hay una crítica, entonces se trata de ‘prensa fifí’.
Pero que no
se me malinterprete, abordo a Andrés
Manuel porque es el capítulo más reciente, pero es igual de preocupante la
postura de los otros candidatos. Qué decir, por ejemplo, de la carta que envió
el equipo de José Antonio Meade al portal de noticias Animal Político, con este
párrafo para enmarcar: “Por todo lo anterior, se considera que el contenido de
la nota referida supera por mucho el derecho a la libertad de expresión con que
cuentan los gobernados en un Estado de derecho, vulnerando la esfera jurídica
de terceros, en el caso, los derechos de José Antonio Meade Kuribreña, pues lo
ahí manifestado constituye una injuria gratuita a su persona, es por ello que
se valorará emprender las acciones legales en contra del portal de noticias que
publicó la nota y en contra del autor de la misma”. De terror, el PRI en su
estado puro. El rostro de la intolerancia ante la crítica y la molestia por ser
reporteros ‘que irritan’. Después recularon, en un intento ridículo por aclarar
que sólo buscaban su derecho de réplica. El sexenio de Peña Nieto es uno de los
más violentos contra la prensa, donde asesinatos, los ataques cibernéticos y
las presiones a través de la publicidad oficial también muestran la cero
tolerancia a pensar ‘diferente’.
O qué tal
aquella desafortunada conferencia de prensa con Ricardo Anaya, precandidato del
Frente, y Dante Delgado, presidente de Movimiento Ciudadano, donde este último
le dijo a la prensa: “Ante las preguntas
que formulan, quiero significar que como estrategia política electoral le demos
dimensión a los comunicados políticos y no a las entrevistas banqueteras en
donde se pregunta lo que quiere. Vamos a enseñarle a la sociedad que podemos
tener mensaje político y no en base a las ocurrencias de quienes responden y
preguntan”. ¿Se puede agregar algo a una declaración que pide a los periodistas
no preguntar lo que quieran?
El conservadurismo y la poca apertura
a la crítica son algo que comparten los aspirantes presidenciales punteros. No
les gustan los comentarios que los cuestionan y que han señalado a sus
colaboradores más cercanos. Es un síntoma de extrema preocupación en un país
donde se lucha por un periodismo independiente, a veces con sangre.
Vaya tiempos, donde los aspirantes al
máximo cargo de este país tienen la piel delgada y la lengua larga. Donde no
han entendido que el periodismo crítico y libre tiene la indispensable función
de contribuir a un México más democrático, que vaya que nos hace falta.
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