Miguel Pulido.
El fantasma de otro
populismo ronda por ahí: andar prometiendo penas y castigos. Ahí tienen el caso
de Meade, que dice que a los malos les dará mucha cárcel, les quitará el dinero
y que nos lo regresará en becas.
Es obvio que en campaña cada candidato dice lo que imagina
ganará más votos, todos se llenan la
boca de promesas y que se inflan como guajolote con el típico: yo sí sé cómo.
Pero, cuando hablamos
de golpear el bolsillo de narcotraficantes y corruptos ¿no importa en algo
haber sido el encargado del sector financiero del país dos veces en sexenios
distintos? ¿Qué antecedentes tenemos? ¿Son esos los únicos rubros chuecos de la
economía? Vamos por
partes.
1.- El tamaño del pastel
Un estudio de Global Financial Integrity, una institución con
sede en Washington señala que México
ocupa el tercer sitio dentro de las primeras 20 economías emergentes en
exportar flujos de capitales ilícitos, sólo después de China y Rusia.
Sólo en 2013 hubo fugas
ilegales por 1.1 billones de dólares, principalmente a paraísos fiscales como
Suiza, las Islas Vírgenes Británicas. Ese dinero se generó en nuestra economía,
pero aprovechó las grietas y tuberías para irse sin dejar los impuestos que
corresponden. Algo
ha venido corrigiendo el SAT, pero de
que la fuga es grande, la verdad es enorme.
Otro dato, la ASF y el
SAT estiman que la evasión fiscal le ha costado a México hasta 3% del PIB.
Mientras que diversos estudios dicen que la corrupción en el país se chupa
hasta el 10 % del PIB. O tengan en cuenta los descomunales montos que la ASF ha
observado (encontrado irregularidades) al gasto de gobernadores. En Veracruz,
con Duarte, por ejemplo, la ASF presentó observaciones sobre el gasto de 17,000
millones de pesos. Y eso que no revisa todo lo que gastan sino apenas una partecita.
En suma, entre
corrupción, crimen y flujos ilícitos hablamos de cantidades estratosféricas.
2.- Pero ¿qué ha hecho
el gobierno de Enrique Peña Nieto –al que perteneció Meade- frente a tal
situación?
Realmente poco, por no
decir nada. Y eso no es cosa menor, porque José Antonio
Meade precisamente viene del sector financiero. Aunque, de hecho, lo cierto
es que la capacidad del gobierno mexicano para pelear contra la economía
criminal es mínima. Y esta falla estructural viene de hace tiempo.
Tomemos el caso de los
defraudadores fiscales. En total, en 2 años (2014 y 2015), la Procuraduría
Fiscal de la Federación consiguió 454 consignaciones, obtuvo 88 sentencias
condenatorias y la recuperación de poco más de 78 millones de pesos. Pero la
ASF y el SAT calculan que en esos mismos años se evadieron 430,000 MIL millones
de pesos. Sopas: 78 millones recuperados frente a 430,000 evadidos.
Hablemos del lavado de
dinero. En el tercer
informe de gobierno, Enrique Peña Nieto presume que la reforma financiera permitió
que se bloquearan 407 millones de pesos y 5 millones de dólares de dudosa
procedencia, y que se logró el aseguramiento de 260 millones de pesos y 115 mil
dólares.
Para poner la cifra en
perspectiva, los dólares bloqueados y asegurados (con inteligencia financiera)
por el gobierno de México son una diezmilésima parte (el .012%) de los ingresos
de los cárteles del narcotráfico (estimados por el gobierno de Estados Unidos
en 40 mil millones de dólares). La proporción en este caso es ridícula.
3.- Y a todo esto ¿qué
onda con la inteligencia financiera?
No hay que hacerse
bolas, es tan poca que alcanza apenas para los enemigos políticos, así que
nunca pueden o sólo pueden cuando quieren. ¿Dónde quedó ese aparato de
inteligencia financiera que reveló las triangulaciones y operaciones
sospechosas e inusuales de Elba Esther Gordillo? ¿Dónde el que iniciara
investigaciones contra Marcelo Ebrard? ¿Qué pasó a las investigaciones contra
Padrés y su hijo? (En esas el gobierno federal se rajó) ¿En qué va el juicio de
Andrés Granier? (Les cuento: va perdiendo) ¿Por qué no logran la recuperación
de los bienes incautados en Estados Unidos a la familia de Moreira? (No se enojen: ni siquiera los
reclamaron).
Es obvio, la capacidad
institucional para investigar las finanzas criminales es ridícula. Y Meade fue
el máximo encargado de ese sector.
Pero que conviene
decirlo claro: la inteligencia financiera fracasa no por accidente, sino como
parte del pacto de impunidad.
Y frente a esta evidencia, José Antonio Meade repite una fórmula prometer penas más duras, cárcel,
decomisos y bla bla bla. Puro populismo… en este caso penal y financiero.
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