Ante la obstinación del gobierno
federal de mantener un salario mínimo inferior a la línea de bienestar –lo que
viola el artículo 123 de la Constitución–, un grupo de 69 organizaciones
interpuso hoy una queja ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos
(CIDH), con el objetivo que este organismo emita una recomendación al Estado
mexicano.
México, la
doceava economía mundial y segunda en América Latina, después de Brasil, impone a sus trabajadores el tercer salario
mínimo más bajo de la región –88 pesos diarios, equivalentes a 4.67 dólares–,
incluso por debajo de Guatemala, Honduras o El Salvador, y apenas 50 centavos
de dólar diario superior al de Nicaragua.
Además, en los últimos 40 años el
poder adquisitivo de este salario se redujo en un 71% –lo que condena la
población vulnerable a permanecer en la pobreza–, y México figura en el segundo
lugar de los países más desiguales de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo
Económicos (OCDE).
El colectivo
Acción Ciudadana Frente a la Pobreza entregó a la CIDH el caso de “Luz”, una
ciudadana mexicana, trabajadora de un restaurante de la Ciudad de México y
madre de dos hijos, quien interpuso un amparo indirecto el 16 de febrero de
2016 por considerar que el salario mínimo –entonces de 73 pesos diarios–
violaba sus derechos fundamentales:
restando los costos de transporte público, le quedaban 43 pesos para vivir cada
día.
El 20 de
junio de 2016, el caso de “Luz” llegó ante la segunda sala de la Suprema Corte
de Justicia de la Nación (SCJN) –presidida
por Eduardo Medina Mora–, la cual negó el amparo a la mujer el pasado 31 de
mayo.
La queja enviada hoy a la CIDH afirma
que, al determinar un salario mínimo inferior a la línea de bienestar, el
Estado mexicano viola por lo menos 14 compromisos internacionales, entre ellos
la Convención Americana sobre Derechos Humanos, la Declaración Universal de los
Derechos Humanos y el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y
Culturales.
En
conferencia de prensa, Rogelio Gómez Hermosillo, coordinador del colectivo
Acción Ciudadana Frente a la Pobreza explicó que, en lo inmediato, el colectivo exige que el gobierno suba el salario
mínimo a 95 pesos diario –empataría con la línea de bienestar–, pero pide que
después haya un incremento gradual del mismo, y que desaparezca la Comisión
Nacional de los Salarios Mínimos (Conasami) para sustituirla por una instancia
“democrática”.
La Conasami,
conformado por tecnócratas,
representantes de los sectores sindicales afines al PRI y de las empresas más
grandes del país –entre ellas CocaCola-FEMSA, Kimberley Clark, Banamex o la
Confederación Patronal de la República Mexicana (Coparmex)–, se reúne cada año
y establece un salario mínimo inferior a la línea de pobreza.
Basilio
González Núñez, su presidente desde 1991 –fue nombrado por el expresidente
Carlos Salinas de Gortari–, tiene un
ingreso de 173 mil pesos mensuales, equivalente a 63 salarios mínimos.
Gómez
Hermosillo tachó de “típico fantasma” el argumento de que un incremento del
salario mínimo incrementaría la tasa de inflación: citando estudios de
economistas, sostuvo que el salario está
“tan bajo” que su incremento no tendría ningún impacto en los precios.
“El Banco de México está tratando de
mantenerlos así para compensar las incapacidades de la economía mexicana”, deploró, e insistió en que un salario mínimo superior a la línea de bienestar es
un “derecho inscrito en la Constitución”.
El experto
añadió que “lo más urgente es
implementar una política laboral que no genere pobreza”, y abandonar el modelo negocios “basado en
la explotación del trabajo”.
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