Francisco Ortiz Pinchetti.
La oposición vecinal a la instalación
de parquímetros en la colonia Tabacalera de la delegación Cuauhtémoc, en el
centro de la Ciudad de México, tiene su explicación en la falta de transparencia
e información con la que el gobierno capitalino encabezado por Miguel Ángel
Mancera Espinosa ha manejado el tema, desde un principio; pero también en la
pésima experiencia que se ha tenido con la operación de los aparatos de cobro
en otras colonias de la ciudad.
Habría que
distinguir por principio de cuentas la justificada oposición de los vecinos, de
las protestas y hasta agresiones físicas de los llamados franeleros que operan
en la zona –12 de los cuales fueron detenidos hace unos días– y que miran con
disgusto la llegada de un sistema que puede terminar con su ilegal
apoderamiento de los espacios públicos para lucrar. Y el apoyo evidentemente
interesado que usuarios no residentes, empleados de las oficinas del rumbo en
su mayoría, dan a esos “viene viene” que apartan lugares para seguir utilizando
las calles para estacionar sus vehículos a cambio de una propina.
La verdad es que las empresas
participantes en el programa EcoParq como concesionarias del servicio, han
incumplido en todos sus términos las normas mínimas que debieran acatar.
El abuso ha sido una constante en el
comportamiento de los llamados “arañeros” contra los automovilistas que los
padecen. Ello ha ocurrido en la zona Roma-Condesa desde 2012 y también en
colonias de la delegación Benito Juárez donde los aparatos se instalaron hace
tres años. Otra vez, por prepotencia y corrupción una medida necesaria y útil
se malogra y causa daño al ciudadano. Y lo encabrona.
En ningún caso ha habido suficiente
información sobre los alcances del programa, el destino de los recursos que
genera y la mecánica establecida para permitir que los residentes sin cochera
en su casa o edificio puedan estacionar sus autos sin costo, mediante un
tarjetón que los exenta. Y menos se han rendido cuentas acerca del dinero
recaudado ni se ha entregado, como se está en la Ley, el 30 por ciento de esa
bolsa para mejoras materiales en las colonias donde opera.
En Benito
Juárez hemos sido testigos de innumerables casos de abuso por parte de quienes
vigilan el cumplimiento del pago y quienes instalan los inmovilizadores en las
llantas de los supuestos infractores. En la colonia Ciudad de los Deportes me
tocó comprobar cómo una de esas “arañas” fue colocada a una combi escolar con
niños a bordo que se detuvo momentáneamente para dejar a un alumno frente a su
casa. En la Nápoles he observado frecuentes discusiones entre automovilistas y
agentes de tránsito que apoyan a los “arañeros” por flagrantes abusos en la
aplicación de la norma.
Los empleados de las empresas
privadas están francamente al acecho del vencimiento del tiempo para aplicar el
candado de inmediato, de manera artera y arbitraria. Y los agentes de tránsito
de la Secretaría de Seguridad Pública de la CDMX que los acompañan, en lugar de
ocuparse de la vialidad como debieran, están a su servicio… ¡y a sus órdenes! Y
eso es de todos los días.
El colmo ha sido el reciente
incremento de las tarifas de los parquímetros que operan en colonias juarenses
como las ya mencionadas, además de San José Insurgentes, Extremadura
Insurgentes, Crédito Constructor, Ampliación Nápoles e Insurgentes Mixcoac, Sin
ningún aviso ni menos explicación previos, de manera prácticamente subrepticia
–literalmente de la noche a la mañana–, el costo de un minuto de
estacionamiento pasó de 13.33 a 15.73 centavos. Esto es, un aumento del 18 por
ciento de sopetón, lo cual de modo alguno se justifica.
Lo peor es
que ese aumento se oculta mañosamente a los usuarios. Es una nueva trampa. En
la placa instalada en cada aparato se mantiene el “precio oficial” de dos pesos
por cada 15 minutos, el pago mínimo original. Según éste, el costo por una hora
era de ocho pesos. Esta tarifa se mantiene también en la página oficial del
programa EcoParq, que depende de la Secretaría de Movilidad de la CDMX. Hoy sin
embargo es de 9.44 pesos. El nuevo
precio se menciona en la parte inferior de la placa, con letra tan pequeña que
apenas es legible…
Imaginemos lo que ese aumento de
“sólo” 2.40 el minuto significa al multiplicarse por millones de horas/usuario
cada día. EcoParq opera en 26 colonias, de cuatro delegaciones (Miguel Hidalgo,
Cuauhtémoc, Benito Juárez y Álvaro Obregón) y administra 26 mil 674 cajones de
estacionamiento en la vía pública a través de mil 580 equipos. Sin contar el
aumento de tarifas ni lo recaudado por multas e infracciones, el programa
produce ingresos de 83 pesos diarios por cajón, en promedio. Esto significa
unos dos millones 100 mil pesos diarios. Al año, algo así como ¡737 millones de
pesos!
En el sitio
oficial se asegura que el Gobierno de la Ciudad de México prioriza la
implementación de parquímetros para gestionar el espacio público e incrementar
la calidad de vida de los ciudadanos (sic) y que los parquímetros son la
herramienta más poderosa para gestionar los viajes en automóvil, tomando en
cuenta que todo viaje inicia y termina en un cajón de estacionamiento. Y presume: “EcoParq promueve el orden vial,
el incremento sustancial del uso de la bicicleta y el uso inteligente del auto
particular”.
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