Salvador Camarena.
-Que sus vecinos de los
últimos quince años lo (la) conozcan y lo (la) reconozcan. Serán rechazados
aquellos aspirantes de los que ni siquiera se sabe dónde viven, y lo mismo
ocurrirá con quienes con cada hueso cambian de barrio y/o aumentan los metros
construidos de la vivienda que habitan. No se aceptará la teoría del complot si
le cachan operaciones inmobiliarias.
-En lo que toca a su carrera profesional no tiene que
demostrar haber sido un ángel, pero sus escándalos deben ser no mayores a los
de un pecador estándar (Calderón dixit). Tendrán punto extra los aspirantes que
hayan tenido el cuidado de decidir, a lo largo de su carrera, con quien sí se
tomaban fotografías.
-Debe demostrar experiencia y/o participación en solución de
problemas ciudadanos. Alguna experiencia. Por mínima que sea, así sea a nivel
barrial.
-Al mismo tiempo, en el curso del examen de evaluación será
muy apreciada la exposición que haga sobre las lecciones aprendidas de los
fracasos que haya tenido. Deberá acreditar que su estilo de liderazgo incluye
errores de los cuales pudo sacar a flote algo más que su carrera privada o
pública. Si usted se cree muy listo e insiste en que su historial es de puros
logros, eso jugará en su contra.
-Dado que se asume que ha ejercido puestos de liderazgo,
presentar testimonio relativo a despidos que le haya tocado ejecutar. Demostrar
que ante la falla de uno de los integrantes de su equipo, o correligionarios,
supo apartar del equipo al mal elemento, sancionarlo debidamente y prevenir
eventos similares. De ser el caso, incluya ejemplos de cómo procedió al
descubrir que alguno de sus antecesores tuvo un proceder indebido (robo,
desfalco, malversación, empresas fantasma, desorden administrativo, estafa-maestra,
etcétera). Si en lo que usted se ha especializado es en no correr o denunciar a
nadie de peso, inútil presentarse.
-Quedarán descalificados quienes ante el fallo de un
subalterno hayan dicho que él (ella) no firmó nada ni asume nada y que reta a
la prensa a demostrar dónde está escrito su nombre.
-Saber decir que no. Se valorarán especialmente aquellos
perfiles que puedan demostrar que en alguna coyuntura prefirieron la
tranquilidad de su conciencia antes que la de la quincena.
-Los aspirantes deberán poder explicar, de manera sencilla
pero coherente, sus cambios de opinión o sus virajes ideológicos. Serán tan
poco apreciados quienes nunca han dejado de creer en lo mismo, como quienes no
se puede saber nunca en qué realmente creen o por qué un día dicen una cosa y
al otro día, tan frescos, la contraria. Los juaristas persignados tendrán
tarjeta amarilla.
-Por malas experiencias del pasado reciente (tanto del
sexenio de los cuates como el de los mexiquenses) deberá probar que en puestos
clave ha sabido hacer equipo con líderes surgidos de distinta universidad,
partido, estado o camarilla. Más de los mismos no more.
-Enviar su 3 de 3 a la brevedad y esperar turno para los
debates.
Tip: si no sabe los
tres libros que marcaron su vida, o si desconoce el precio de la tortilla, diga
“No sé”. Un candidato que intentó quedar bien en esas respuestas, si bien a la
postre se quedó con el puesto, nunca se quitó de encima ese sambenito.
Si se falla en más de
una de las condiciones aquí descritas, ni lo intente. Incluidos los
plurinominales.
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