Martín Moreno.
En una democracia
consolidada, el asunto hubiera sido un escándalo nacional y sancionado
severamente: una comisionada… ¡en funciones! y ex presidenta del instituto
encargado de la transparencia dentro del Gobierno, es candidata a una
diputación por el partido en el poder gubernamental. Sí: quien debiera ser
imparcial e independiente, es premiada por el PRI en atención a los servicios
prestados. Vaya cinismo.
El caso de Puente – una
mujer que por conveniencia propia no milita en el PRI pero que es cercana e
incondicional del Grupo Toluca-, es, en realidad, uno más de los eslabones de la
cadena de complicidades que sostienen al PRI y que ha apuntalado, sobre todo en
este sexenio, a la impunidad, favoreciendo la protección a los casos de abuso y
corrupción que han marcado a la administración peñista.
Cuando en esta columna
hemos escrito que Vicente Fox no desmontó al viejo sistema priista y en cambio
se montó en él, beneficiándose de sus bondades oscuras y cómplices. Cuando
señalamos que Felipe Calderón tampoco se atrevió a desmantelar la estructura de
poder del PRI y prefirió encaramarse en ella para gobernar, ¿a qué nos estamos
refiriendo de manera concreta?
¿De qué hablamos cuando
hablamos de desmontar al sistema cómplice, opaco y podrido que sirve de soporte
para que el PRI avale corruptelas gubernamentales, fraudes electorales, abusos
de poder y fomente la impunidad en México?
Pues hablamos de que ya sea López Obrador, Ricardo Anaya o
Margarita Zavala – Meade ya nos adelantó
qué si él gana la elección presidencial la estructura priista, Peña Nieto y
compañía quedarán intocables-, triunfen el próximo uno de julio, y si quieren
pasar a la historia como los verdaderos reformistas del poder en México,
deberán desmantelar, como condición forzosa e irreversible, cuatro aparatos de
poder que, hoy por hoy, actúan para favorecer y proteger al PRI. ¿Cuáles son?
La Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN).
El Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación
(TEPJF).
El Instituto Nacional Electoral (INE).
El Instituto Nacional de Transparencia, Acceso a la
Información y Protección de Datos Personales (INAI).
Mientras estos cuatro
monstruos sigan apoyando al PRI, no habrá democracia consolidada y plena en
México.
Así de sencillo. Así de
grave.
La SCJN está integrada
por alfiles del poder político-priista. La Corte es influenciada, en muchos
casos, desde Los Pinos, mediante conveniencias, premios o amenazas. Ejemplos abundan. No la podemos considerar un órgano
autónomo que beneficie a los intereses de una nación. Mientras siga dominada
por la nomenclatura priista, estará supeditada a los mandatos del PRI.
El TEPJF está formado por siete magistrados, de los cuáles –
de acuerdo a especialistas electorales que abundarán sobre el tema en mi
próximo libro sobre la elección presidencial de este año-, cuatro de ellos son, en la praxis, una especie de bancada del PRI. Es
decir: son mayoría para beneficiar al priato.
El INE tiene once consejeros. Cuatro de ellos también son considerados bancada del PRI y ejercen una
fuerte influencia para beneficiar electoralmente al priismo.
El INAI – allí está el
caso de Ximena Puente-, ni es transparente, ni da acceso a la información y ni
protege los datos personales…a menos que se trate de favorecer al gobierno
peñista. Por ejemplo: indignan los casos de información reservada qué de
hacerse pública ahora, dañaría, aún más, la imagen del gobierno saliente. En la
práctica, el INAI es ahora un elefante blanco que opera, marcadamente, en
beneficio del partido en el poder.
Allí tenemos el nudo
mayor que atora la consolidación de la democracia mexicana, sobre todo con el
regreso del PRI al poder presidencial, mediante el priismo más corrupto,
antidemocrático y opaco: el mexiquense.
¿Cómo desmontarlo? No sería fácil.
El próximo presidente
(a), aun con los riesgos que ello implica, debería buscar los mecanismos
legales para sustituir a los magistrados de la Corte y del tribunal electoral,
así como a los consejeros del INE y a los comisionados del INAI, todos ellos
impuestos y ligados a Los Pinos y a los partidos políticos. Mientras su origen
sea el interés político, no habrá democracia plena en México.
A grandes males,
grandes remedios. ¿Qué la Constitución no lo permite? ¿Golpe de Estado
legislativo? ¡Vamos, no seamos hipócritas! ¡Cuántas veces se viola la Carta
Magna en este país a diario y nadie protesta! Está en juego, nada menos, que el
futuro democrático de México, y absolutamente nada debería estar por encima de
ello.
La pregunta, luego, sería:
¿Quiénes deberían nombrar entonces a los nuevos magistrados, consejeros y
comisionados?
Un escenario viable
sería, por ejemplo, que los Rectores de las Universidades del país y no el
presidente (a) de la República ni los partidos directamente, nombraran a
magistrados, consejeros y comisionados ajenos al poder político, destacados en
sus responsabilidades y de probada honradez, que puedan garantizar un brinco
definitivo a la democracia. Seguramente entre 120 millones de mexicanos habrá
muchísimos que valgan la pena.
Entonces sí podríamos llamarle “transición democrática”.
Mientras el presidente
de la República o los partidos políticos sigan nombrando a los magistrados de
la Corte o del TEPJF, a los consejeros del INE y a los comisionados del INAI,
no habrá democracia consolidada en México.
Y a estas cuatro
estructuras de poder habríamos de incluir el nombramiento del próximo Fiscal
Anticorrupción que, en los hechos debería – tan sólo debería- ser ajeno a los
intereses de Los Pinos o partidistas. Sin embargo, todo apunta a que habrá
intentona de imponer a un aliado de la clase política.
¿Son propuestas
radicales? Sí. Pero ya le urgen al país.
¿Habría desestabilización si se cambia a quienes detentan el
poder absoluto en esos cuatro cuerpos? Tal vez. Sin embargo, peor es seguir como hasta ahora: hundidos en la corrupción
(estafas maestras, peculados de gobernadores, enriquecimientos públicos, miles
de millones de pesos gastados en imagen de EPN, etc), en la impunidad, en los
fraudes electorales (compra de votos, dinero público para el PRI, etc), en los
fallos favorables al abuso priista y en la opacidad que es la madre,
precisamente, de esos abusos.
Ya dirá el próximo
presidente (a) si quiere seguir nadando de a muertito, a costa de debilitar
todavía más a la democracia, o quiere pasar a la historia como el reformador
(a) e impulsor de la democracia mexicana.
Ya lo veremos.
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