Ricardo Ravelo.
En el estado de
Morelos, donde Graco Ramírez se jacta de gobernar con la ley en la mano, el
control de más de medio estado está bajo el poder del crimen organizado, el
narcotráfico, su expresión más violenta, operado por Santiago Mazari, el famoso
“Carrete”, líder del cártel de “Los Rojos”.
Intocable en lo que va
del gobierno del perredista, protegido por la policía del estado, “El Carrete”
es el azote de Morelos, el capo que ya alcanzó en poder e impunidad a Arturo
Beltrán Leyva,
abatido en 2009 por efectivos de La Marina; también se equipara en control territorial a Juan José Esparragoza
Moreno, “El Azul”, declarado muerto por sus familiares, quien en el sexenio del
panista Sergio Estrada Cajigal gozó de una etapa de esplendor porque, igual que
ahora ocurre con “El Carrete”, vivía sin ser molestado, tenía a su servicio a
la policía y traficaba con todo tipo de sustancias con la complicidad de las
autoridades.
Refugiado en Morelos y
Guerrero –su principal corredor para el trasiego de drogas –“El Carrete” logró
controlar ambas entidades a base de violencia, pero también por medio de la
corrupción perniciosa.
Nadie se explica por
qué el gobierno de Graco Ramírez no ha podido frenar a este capo y hay
personajes como Javier Sicilia que sostienen que lo único que explica la
impunidad de Santiago Mazari es la protección oficial y la corrupción en el
gobierno de Morelos. No hay de otra.
Y es que tan poderoso es, que “El Carrete” se convirtió en el financiero de campañas políticas. No
hay distingos de partidos. Una gran parte de los alcaldes de Morelos, según
declaraciones de testigos e investigaciones criminales, recibieron dinero del
capo en sus respectivas campañas por las presidencias municipales y ahora
sirven, obedientes, a los intereses del cártel de “Los Rojos”.
Recientemente salió a flote información relevante sobre las
operaciones de Mazari en Morelos. La
captura de dos temibles sicarios a su servicio permitió a las autoridades
conocer mayores detalles de lo que todo el mundo sabe: que el capo financió las
campañas políticas de varios presidentes municipales de diversos partidos,
quienes después de asumir el poder se convirtieron en protectores de Mazari en
las demarcaciones que gobiernan.
De acuerdo con esos testimonios, el jefe del cártel de “Los Rojos” financió las campañas de Enrique
Alonso, Alcalde perredista de Tlaquiltenango; la de Jorge Toledo, presidente
municipal de Mazatepec por el Partido Humanista, así como la del panista César
Augusto Franco, edil de Coatlán del Río. También se sumaron al círculo de
Mazari los priistas Alberto Sánchez, de Xoichitepec, David Salazar de
Tlaltizapán y Jorge Miranda de Amacuzac. A la red de presuntos narcoalcaldes
también se sumó Francisco León, de Miacatlán y Dulce Medina, de Puente de
Ixtla.
Según los informes policiacos y una amplia nota publicada el
9 de marzo en el portal “La Silla Rota”, de
igual forma fueron cooptados por el líder de Los Rojos Francisco Salinas,
Alcalde de Zacatepec y Alfonso Sotelo, de Jojutla. Estos últimos pertenecen al
PSD. Luz Dary Quevedo, Alcaldesa de Tetecala, también formaría parte de la
estructura de Santiago Mazari. Ella pertenece a Movimiento Ciudadano.
Las investigaciones al respecto, enderezadas dentro y fuera
de Morelos, establecen que estos
alcaldes habrían recibido financiamiento de Mazari, se habla hasta de un millón
de pesos para realizar tareas proselitistas y así garantizaron los triunfos
electorales en 2015. Luego, el capo pidió pagos que oscilan entre los cien mil
y los quinientos mil pesos, según el municipio que se trate, según también su
presupuesto y alcance económico.
El jefe de “los Rojos”, de
acuerdo con los testimonios y las investigaciones, la entrega de altos
porcentajes de obra pública, el control del negocio de la basura –esquema muy
socorrido para el lavado de dinero –y la protección de las policías, del Mando
Único, estructura que ha sido elogiada por el propio mandatario estatal a pesar
de estar infiltrada desde hace mucho tiempo por el crimen.
Del cúmulo de declaraciones se desprende que los vínculos de los alcaldes referidos no parecen ser
solamente de negocios: ellos se habrían incorporado a la estructura del cártel
de “Los Rojos”, pues incluso algunos aparecen mencionados como piezas centrales
en la compra de armamento de alto poder, con lo cual se robustecería al cártel
encabezado por Mazari.
El radio de acción de
Mazari, a partir de las complicidades políticas y policiacas tejidas por él, se
ha ampliado y ahora el jefe de “los Rojos” controla buena parte del estado de
Morelos, desplazando a Guerreros Unidos, el cártel rival con el que se disputan
el estado.
Los focos rojos, sin
embargo, se mantienen encendidos en los municipios de Amacuzac y Puente de
Ixtla, en los límites con Guerrero. Ahí, al sur de la entidad, los sicarios
tanto de “Los Rojos” como de “Guerreros Unidos” están enfrascados en una guerra
por el control territorial, una de las rutas más boyantes en el trasiego de
drogas y dinero.
En la zona que comprende Jojutla, Tlaltizapán y Zacatepec
–región productora de caña y azúcar –los enfrentamientos entre estas bandas del
crimen organizado son frecuentes. La policía nada puede hacer porque la mayor
parte de los agentes están maniatados por la corrupción. Los tentáculos de
estos cárteles también mantienen fuerte presencia en Cuernavaca, Jiutepec y
Temixco, territorios de muerte.
Lo que más llama la
atención –y esto explica las complicidades entre el narcotráfico y las
autoridades –es que en Morelos la gente sabe que el capo Santiago Mazari vive
muy tranquilo en el poblado de San Gabriel, municipio de Amacuzac, de donde es
oriundo. Ahí se le ve, dicen los pobladores, muy quitado de la pena. Y en esa
demarcación “El Carrete” parece estar más que protegido, pues su tío, Alfonso
Miranda Gallegos, quien fue Alcalde entre 2009 y 2012, lo protegía y lo protege
porque la red de complicidades se ha ampliado en toda la región.
Las autoridades atribuyen la ola de secuestros, “levantones”
y ejecuciones a la violencia que generan tanto “los Rojos” como “Guerreros
Unidos”, rivales a muerte desde hace años. Detrás
de Mazari, según las autoridades, parece estar el cártel de Sinaloa, uno de los
más poderosos, el cual se ha fraccionado en unos cuatro frentes como una forma
de diversificar sus actividades.
Santiago Mazari es el
cuarto capo emblemático que se apodera de Morelos en los últimos veinte años y
que vive impune y protegido, igual que en los años noventa lo hizo Amado
Carrillo Fuentes, “El Señor de los Cielos”, quien vivió una etapa boyante en el
negocio del narco.
Mazari también rememora los tiempos de bonanza de “El Azul” en Morelos, Arturo
Beltrán Leyva, “El Barbas” y Sergio Villarreal Barragán, “El Grande”, quien al
lado de Beltrán estuvo afincado en Morelos.
Todos ellos tuvieron
algo en común durante sus respectivas etapas: todo el tiempo que permanecieron
en Morelos estuvieron protegidos por la policía e incluso por altos mandos
militares. De otra manera no se podía entender todo el
poder y la impunidad que acumularon y que los volvió intocables, hasta que
llegó la hora de morir o de ir a prisión.
Esa es la única razón
que da sentido a la impunidad que cobija a Santiago Mazari. Ningún capo puede
pasar tanto tiempo sin ser detenido si no tiene arreglos con gobernadores y
jefes policiacos.
Y “El Carrete” no es una excepción.
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