Álvaro
Delgado.
La impunidad, como las balas de los
criminales, también mata.
Esto lo ignora el escritor
peruano-español Mario Vargas Llosa, quien con toda ligereza declaró
públicamente que la matanza de periodistas en México es consecuencia de la
libertad de prensa.
En el mundo
de fantasía en el que vive, que en la realidad es súbdito del anacrónico reino
de España, Vargas Llosa ignora la grave
crisis de violencia contra los periodistas, pero también los factores que la
han hecho posible.
“El que haya 100 periodistas
asesinados es, en gran parte, por culpa de la libertad de prensa que hoy en día
permite a los periodistas decir cosas que antes no se podían permitir”, le
dijo, muy orondo, el escritor a la conductora Carmen Aristegui, aunque aclaró
que “en todo eso el narcotráfico juega un papel absolutamente central”.
En efecto,
las bandas del narcotráfico y toda organización criminal mata periodistas en
México, pero el escritor –como otros
como él– soslaya que la violencia contra aquellos también proviene del poder
público, que con la impunidad alienta más muertes.
Un día después de la insolencia de
Vargas Llosa, el
martes 20, la organización Artículo 19 hizo público el informe “Democracia
simulada, nada que aplaudir”, en el que
se acredita el infierno de los reporteros en México, el peor en el mundo para
ejercer la actividad informativa sólo después de Siria.
Si le
interesa, el escritor puede leer en ese informe que 48% de las agresiones contra periodistas provienen de servidores
públicos, quienes también presuntamente cometieron 20% de los asesinatos.
Pero,
además, Vargas Llosa debe saber que,
como lo ha acreditado la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH), el
nivel de impunidad de las agresiones contra periodistas –no sólo los
asesinatos– es de casi el 100 por ciento, una conducta que nada tiene que ver
con el narcotráfico.
Ni modo que el Premio Nobel de
Literatura no sepa que un crimen sin castigo conduce a otro.
Apenas tres
días después del exabrupto del escritor, el miércoles 21, ocurrió el asesinato
de otro periodista: Leobardo Vázquez
Atzin fue baleado en Veracruz, el tercero este año y el quinto en los dos años
del gobernador panista Miguel Ángel Yunes Linares.
Y
seguramente Vargas Llosa ignora que
mañana viernes 23 de marzo se cumple un año del asesinato de la periodista
Miroslava Breach, un crimen que no ha resuelto el gobernador de Chihuahua,
Javier Corral, también panista, otro político intolerante e inepto como tantos.
Si supiera
todo esto, Vargas Llosa habría condenado
la atroz realidad de los periodistas en México o, como lo hacen muchos de sus
amigos y patrocinadores en México, callarse la boca, en vez de lanzar un
escupitajo a quienes ejercen la labor informativa.
Claro: Puede
aún rectificar y ofrecer una disculpa.
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