Gustavo De
la Rosa.
El colapso del PRI llevó a algunos
votantes a tomar partidos, ya sea por el México de los cleptócratas, el de los
narcos o el de los corruptos, saliéndose del closet de la moralidad cristiana.
Sólo quienes están dispuestos a
defender al Leviatán horripilante que imaginó Hobbes, y al que dieron vida
Calderón y Peña Nieto, se asustan con el tigre que mencionó AMLO, y le inventan
miles de interpretaciones fantásticas e impresionantes.
Pero ya se soltaron otros tigres, en
2006 y que seguían sueltos en 2012, mucho más peligrosos y que han provocado
las muertes de más de 200 mil mexicanos, de forma directa o indirecta.
En 2006, muchos ingenuos creían que AMLO podría
quitarles su casa o recoger a sus niños, pero nadie se atrevía a pensar que
perderíamos la capacidad del libre tránsito y la tranquilidad de vivir en paz
en nuestro barrio; menos aún pensaban que un número tan alto de mexicanos
perderían la vida.
Esos tigres acabaron por despertar a
las otras fieras que forman parte de la fauna mexicana y convirtieron el
territorio nacional en un campo de batalla. Para muchos mexicanos nuestras
vidas se dividen en antes y después de 2006.
Hoy, al ver lo que ganamos y lo que
perdimos en aquellos años, acabamos perdiendo; ¿Con qué nos quedamos al fin y al
cabo? ¿Internet, celulares, redes sociales? Eso también lo tienen ahora los haitianos y los congoleños.
¿Qué perdimos? La paz interior, el
respeto a las instituciones, la Iglesia, el petróleo, los derechos laborales,
además de que la educación pública, el salario real de millones de obreros y la
producción de alimentos quedaron muy deteriorados… y 200 mil mexicanos perdieron
la vida.
Esto nos hicieron las fieras que
soltaron los que hoy se asustan con las frases de Andrés Manuel, y después de
todo lo que nos han hecho en estos doce años ya poco nos puede quitar un
Gobierno
socialdemócrata como el que nos anuncia Morena.
Los ciudadanos mexicanos no pudimos
hace más de una década frenar los destrozos de la fauna que se adueñó del país,
pero los políticos pueden ahora evitar soltar al tigre de la indignación
nacional, simplemente deben llevar las elecciones de forma limpia y confiable,
y así todos ganamos.
Gustavo De
la Rosa
Es director
del Despacho Obrero y Derechos Humanos desde 1974 y profesor investigador en educación,
de la UACJ en Ciudad Juárez.
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