Javier Risco.
Cuando creo
que la última legislatura de la Asamblea de la Ciudad de México no puede dejar
más rastros de su desastrosa herencia, me sorprenden y se superan. El 5 de marzo, después de estar en el
cajón por 14 meses, el jefe de Gobierno, Miguel Ángel Mancera, publicó en la
Gaceta Oficial la Ley para la Atención de Personas con Síndrome de Down que
impulsaron las diputadas Elena Segura y Elizabeth Mateos, con el respaldo de
todos los grupos parlamentarios. No, no se deje llevar por el nombre, no es una
buena noticia.
Ayer en el
mundo conmemoramos el Día Mundial del Síndrome de Down, que nos recuerda que
requerimos ser un mundo incluyente, que nos falta aún mucho para integrar a las
personas con esta y cualquier discapacidad a nuestra sociedad. En el marco de este
día y con la guía y explicación de activistas en el tema como la periodista
Katia D’Artigues, nos enteramos de que
la ALDF nuevamente se lució dejándole a la ciudad una legislación retrograda,
discriminatoria y que tiene una redacción tan confusa que podría prestarse a la
criminalización.
Y es que en el profundo
desconocimiento que los legisladores capitalinos tienen de su propia
Constitución, así como de aquello que México firmó en la Convención sobre los
Derechos de Personas con Discapacidad (CDPD), se dieron a la tarea de generar
una ley sobre una discapacidad específica, que de entrada es excluyente con el
resto de las discapacidades. O es que, como dice Katia, ¿ahora tendremos
diputados dedicados a generar una ley particular para cada una?
“En general la ley considera a las
personas con síndrome de Down como personas sujetas a la voluntad y resguardo
de otras personas y que poco reconocen las capacidades de autonomía, toma de
decisiones, autodeterminación y autocuidado, y a otros derechos que mandata la
Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad”, explica Katia.
Y es que
tanto los diputados como los dos consejeros jurídicos que tuvieron en sus manos
el análisis del texto que se aprobó en 2016 –Manuel Granados y Vicente Lopantzi–
y el jefe de Gobierno, pasaron por alto
preguntarle a expertos, a las asociaciones involucradas en el tema y a las
mismas personas con síndrome de Down lo que pensaban de esta ley limitativa,
que les quita la oportunidad de decidir sobre aspectos fundamentales en la vida
de cualquiera, como sus derechos reproductivos y sexuales. Sí, porque las
personas con discapacidad también ejercen su sexualidad.
Durante
años, México y los activistas en favor
de la inclusión han derribado muros y prejuicios para que entendamos que no es
construyendo guetos como vamos a proteger a las personas con alguna
discapacidad como el síndrome de Down, sino generando políticas públicas que
favorezcan su integración a la sociedad. ¿Por qué insistir en tratarlos como
personas incapaces de desarrollar habilidades que les permitan decidir sobre
muchos aspectos de su vida?
La legislación aprobada bajo el
cobijo de la bancada perredista en la ALDF es además criminalizadora. Y es que basta con ir al artículo 37
de esta legislación para darse cuenta de que los diputados dijeron sí a cosas como que la policía capitalina pueda
detener en la calle a una persona que identifique por sus rasgos físicos como
alguien con síndrome de Down y, sin necesidad de avisarle a sus familiares, le
ponga un tutor. ¿De verdad? ¿En qué siglo viven en el Palacio Legislativo de
Donceles?
Y en vez de proteger, esta es una ley
que discrimina y
D’Artigues nos enumera tres razones: “1.-
La Constitución y la CDPD incluyen a todas las personas con discapacidad, y
aunque se puede distinguir las diversas discapacidades como es la intelectual,
nunca utiliza un diagnóstico médico para definir a cuáles personas proteger y a
cuáles no.
“2.- Únicamente busca realizar acciones respecto
a las personas y los familiares de personas con síndrome de Down. Nosotros ya
sabemos qué hacer: la sociedad y las instituciones son las que deben cambiar y
prepararse para prestar apoyos. El problema es la sociedad, no la persona o su
familia.
“3.- Las acciones para visibilizar y garantizar
los derechos de personas con síndrome de Down o personas con discapacidad se
pueden realizar reformando y fortaleciendo la Ley de personas con Discapacidad.
Una ley nueva sólo genera problemas sobre cuál ley aplicar, cuál serviría
mejor. Duplica y excluye”.
La Primera
Legislatura de la ALDF significó la posibilidad para todos de votar por
nuestros representantes. Era un avance democrático que permitiría que quienes
vivían aquí y conocían las problemáticas específicas pudieran decidir las leyes
que antes se dictaban desde el Congreso de la Unión. Con leyes como ésta, la última legislatura demostró que esa posibilidad
se desvaneció entre intereses políticos, falta de profesionalización e
irresponsabilidad legislativa.
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