Del lenguaje en el
sistema político mexicano, lo mismo pleno de mordacidad que de abundantes
retóricas del cinismo, hay palabras y expresiones que cayeron en desuso. Por
ejemplo: partido satélite.
Se identificaba así a aquellas formaciones políticas que, sin
posibilidades de triunfo, solían aliarse al PRI, o bien, competían para dar
coartada de legitimidad a procesos electorales que no resultarían en
alternancia. Giraban en torno al planeta enorme de la hegemonía, atraídos por la
fuerza gravitacional del presupuesto.
Los partidos satélite de hoy, aseguran su registro en las
tres grandes alianzas que se presentan a la elección federal de este año. Y,
sin embargo, ninguno materializa como el Partido Verde Ecologista de México (PVEM),
la representación elitista de los grupos de poder económico cercanos al PRI, y
por ahora al peñanietismo.
Ayer se dio a conocer a
los candidatos de representación proporcional por el PVEM, esto es, “la lista”
famosa de quienes serán diputados y senadores sin necesidad de procurar el
voto. En primerísimo lugar aparece Alejandra Lagunes Soto Ruiz. Exdirectiva de Televisa, asesora de
medios digitales para candidatos del PRI en otros comicios, Lagunes y su esposo, Rafael Pacchiano
Alamán, se encumbraron en el sexenio de Peña Nieto: ella, coordinadora de
Estrategia Digital de la Presidencia; él, miembro del PVEM por el que fue
diputado (y su esposa su suplente), secretario de Medio Ambiente.
Grande fue la influencia de Lagunes en la administración de
Peña Nieto, desde su posición de poca visibilidad: fue señalada por administrar las granjas de ciberataque que el ingenio
popular llamó “peñabots”; fue
responsable de generar la dispersión de datos del gobierno y garantizar el
ocultamiento de información, creando en internet numerosas y complejas páginas
vacuas.
Fue ella responsable de
dictar “la línea” presidencial sobre el Instituto Nacional de Transparencia,
Acceso a la Información y Protección de Datos Personales (INAI), a extremos que
escandalizaban al personal de carrera en el organismo.
Indiferente a la noción
de autonomía, fue Lagunes quien anuló, por ejemplo, a Ximena Puente de la Mora,
durante la realización de la Cumbre de la Alianza por un Gobierno Abierto,
episodio de una de las etapas que, por la mácula opaca, es la más penosa en la
historia de dicho instituto.
La humillación
institucional y el sometimiento pernicioso para la transparencia, tuvo su
rédito para Puente de la Mora, que, sin satélite, por “la lista” del PRI, será
diputada federal.
El segundo lugar en el PVEM es para Manuel Velasco Coello, gobernador chiapaneco, nieto de un
gobernador homónimo y descendiente por vía materna del poderoso clan Garrido,
presente en la vida política mexicana desde los años 20, que desde enero
manifestó entrelíneas su molestia por la designación de su relevo al cargo decidida
en Los Pinos.
Un tercer lugar en “la lista” de senadores del PVEM, corresponde a Jesús Sesma, diputado por ese
partido, que es esposo de Paulina Díaz Ordaz, la socialité, nieta del terrible
expresidente.
El PVEM es vehículo
para el pago de servicios y los negocios al amparo del poder y también grupa a
los juniors, hijos del privilegio que sin recato difunden sus gracias y
frivolidades, empezando por quien es prácticamente dueño del partido y será
diputado federal por lista, Emilio González, apodado “El Niño Verde”.
Ni tan niño ni tan
verde, él encabeza a aquellos que de presentarse a una elección jamás
conseguirían votos y por quienes el poder presidencial ha salido en defensa de
manera tan descarada, que redujo a Lorenzo Córdova, el presidente del INE,
mostrándole que es espiado cuando estuvo a punto de tocar las ilegalidades
constantes de ese nocivo partido satélite.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario
Gracias por tu comentario.