Darío Ramírez.
La violencia se suscita por el simple
hecho de haber nacido mujer. Lo aberrante es que nuestra conducta social ha
normalizado a tal grado la desigualdad que inclusive aquellas que alzan la voz
siguen siendo fustigadas por el simple hecho de opinar.
La violencia en México es
generalizada y sistemática. La incapacidad de las autoridades para crear
políticas públicas que combatan el deterioro de nuestra convivencia entre
hombres y mujeres es absoluta.
24 millones de personas en México
fueron víctimas de algún delito en 2016 (ENVIPE 2017). La impunidad en el mismo
año se tasó en 94 por ciento. Saque usted el estado en el que se encuentra
nuestro estado de derecho.
Si la impunidad es parte de nuestro
fracaso como país, solo tome unos segundos para imaginar lo
que esa impunidad implica cuando la víctima es mujer y los ataques son por ese
mismo hecho.
A esa
violencia que todos conocemos sumémosle
aquella que se construye solamente por el hecho de ser mujer. Hoy, Día
Internacional de la Violencia contra las Mujeres hacemos el mismo ejercicio infructuoso de recapacitar en todo lo que
estamos haciendo mal y que provoca que las mujeres, en nuestro país, vivan en
un perpetro estado de persecución de cierto tipo de violencia. Y, al mismo
tiempo, los gobiernos sean omisos y negligentes sin asumir que no han podido
detener quienes están matando a las mujeres en México.
Aceptemos que estamos fracasando
porque solo así podremos darnos cuenta de nuevas avenidas y oportunidades que
podemos crear transitar a una sociedad incluyente y respetuosa de los derechos
humanos de las mujeres. Sin ellas no. Nunca sin ellas.
Pero hoy, a pesar de ciertos avances, las leyes,
códigos y alertas de género han padecido de su misma incapacidad para romper la
impunidad y castigar al enemigo que muchas mujeres llevan muy cerca… Según
la ONU “Se estima que el 35 por ciento de las mujeres de todo el mundo han
sufrido violencia física y/o sexual por parte de su compañero sentimental o
violencia sexual por parte de una persona distinta a su compañero sentimental
en algún momento de su vida. Sin embargo, algunos
estudios nacionales demuestran que hasta el 70 por ciento de las mujeres han
experimentado violencia física y/o sexual por parte de un compañero sentimental
durante su vida”.
Cada 8 de
marzo sale algún macho retrógrado a decir que los hombres también sufren
violencia. Que hay hombres que han sido víctimas de mujeres y así comentarios
que solo denotan un alud de ignorancia del origen y motivo de reconocer la
violencia diferenciada en un día como hoy. No
nos hace menos hombres reconocer nuestros errores y asumir la responsabilidad
que cada uno de nosotros tenemos.
Grandes mujeres luchan constantemente
para abrirse paso en un mundo donde los códigos los detenta el patriarcado
institucional. Las pequeñas y grandes batallas que libran millones de mujeres
todos los días en prácticamente cada ámbito de su vida debería ser suficiente
para cambiar cómo vivimos. Para dejar de matar a nuestras mujeres, niñas y
adolescentes. Debería, cierto, pero no, estamos lejos de eso:
Según el
Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP) el día de hoy 7 mujeres serán asesinadas y,
por lo menos dos serán ultrajadas por ser mujeres. En 2015 al menos se
reportaron 389 homicidios tipificados como feminicidios, para 2017 la cifra
aumentó a 671. La tendencia es al alza.
4.4 millones de mujeres de 15 años y
más sufrieron abuso sexual durante su infancia. O bien, de enero a septiembre
2017, se registraron 25, 099 delitos sexuales, es decir, 91.99 diarios. 34 por
ciento de las mujeres de 15 años en adelante han sufrido violencia física.
En octubre
2017, miles de personas tomaron las calles para reclamar el feminicidio de Mara
Fernanda Castilla una joven de 19 años de que desapareció en la noche del 7 al
8 de septiembre tras tomar un taxi de la empresa Cabify. Había salido a bailar
a un bar de Cholula, Puebla. Su cuerpo sin vida fue encontrado luego de una
semana y la autopsia reveló que había sido violada y estrangulada. El homicidio de Mara por momentos incendió
la ira de miles de personas. Pero otra vez el caso de Mara cayó en el olvido y
no logró irrumpir entre la preocupación de los poderosos. Algo tenemos que
hacer mejor, todos y todas.
El Estado de
México siempre ha sido gobernado por el PRI. La alternancia es ajena en el
estado. Según datos oficiales, los
feminicidios en el Estado de México (principalmente en el cinturón industrial
de 16 millones de habitantes, ya han rebasado los peores años de Ciudad Juárez
–entre 1993 y 2015-, cuando se contabilizaron la escalofriante cifra de 374
feminicidios. El observatorio Ciudadano en Contra de la Violencia de Género,
solo el año pasado registró 263 feminicidios en el Estado.
Un día
especialmente soleado de octubre 2014,
las autoridades de Ecatepec, el primero lugar del país en asesinato de mujeres,
decidieron limpiar el canal, según reportó El País. La pestilencia del canal
era penetrante, decidieron drenarlo y en el fondo aparecieron 21 cuerpos de
mujeres con señales de tortura. Hay decenas de miles de historias que desenmascaran
la violencia contra las mujeres y la aquiescencia de las autoridades en el
tema. Y el común denominador es que nada pasa.
Ahora bien,
el marco regulatorio se ha ensanchado de manera importante. Muchos dirían que
hasta óptimo es. Feministas por muchos años han cabildeado de manera importante
para llevar a cabo los cambios necesarios en la legislación. Sin embargo, para un país con poca afinidad
a cumplir la ley, resulta extraño poner tanto entusiasmo en que un bonche de
leyes detendrá y sancionará actitudes hiper machistas que llevan al
feminicidio.
Los operadores, quienes encabezan los
órganos de justicia, seguridad o derechos humanos, han olvidado y despreciado
la legislación que tenemos y el resultado es la nula aplicación de las leyes
para proteger a las mujeres, y entonces regresamos al problema inicial: ¿Qué
hacer para detener y castigar ejemplarmente la violencia contra las mujeres? Las respuestas hasta ahora no han
detenido la emergencia nacional. Partamos de ahí.
Y la respuesta también parte por
revisar la masculinidad y romper con patrones sociales que son el aceite para
repetir actitudes violentas. Es fundamental redoblar esfuerzos para destruir la
noción negativa de asumirse feminista. No es una enfermedad, por el contrario,
es lo humano, es lo solidario, es lo congruente cuando la mayoría de la
población sufre de un tipo de violencia. Dejemos detrás las prehistóricas ideas
de que ser caballeroso es respetar a las mujeres. Que abrir la puerta y pagar
la cuenta es respetar los derechos de la mujer. Mejor reconozcamos que debemos
cambiar nuestra realidad y reconozcamos los derechos de las mujeres como lo que
son: derechos.
Como dice la
campaña Yo no cierro los ojos:
“Reflexiona sobre tus actitudes violentas y sobre la forma en la que eres parte
de este problema. Enseña a tus hijos e hijas a respetar a todas las personas.
Cuestiona las ideas que señalan que los hombres y las mujeres están obligadas a
cumplir con diferentes obligaciones y papeles sociales. Pronúnciate en todos
los espacios de tu vida en contra de la violencia hacia las mujeres. Si ves a
una mujer siendo violentada, involúcrate y pregúntale si puedes ayudarla. Nunca
culpes a una mujer víctima de violencia. Asegúrate de que tu trabajo, escuela,
hogar, familia y grupos de amigos estén libres de violencia hacia las mujeres.
Entiende y respeta que cuando una mujer dice que NO es NO. Exige al Estado
políticas públicas para prevenir la violencia en contra de las mujeres en
México, porque tienen derecho a ser mujeres”.
Mejor reconozcámonos feministas por
el bien de las mujeres.
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