Gustavo De
la Rosa.
Sí fueron cuatro contra uno la noche
del domingo, pero esos cuatro representan lo mismo: la sucesión de gobiernos
que mantienen al país sumido en la tristeza actual.
AMLO defendió la plaza con dignidad y
ha ganado el tiempo necesario para consolidar su propuesta, hay que cambiar a
este régimen corrupto y dar inicio a la reconstrucción de la nación.
¿Pero qué
respondieron todos ellos? La seguridad
del país se consigue con más policías y con el Ejército en las calles; la
corrupción se combate con un fiscal anticorrupción, el matrimonio entre
homosexuales no es prudente y prometieron luchar contra la desigualdad como se
ha luchado hasta hoy.
Lo demás fueron calumnias y
difamaciones, como la mentira de los tres departamentos (que a lo mejor eran
sólo dos), el reclamo de Bartlett, el uso de una avioneta como si fuera un jet
de lujo, igual al que ellos usan en su dispendiosa vida, y pusieron especial
énfasis en acusarlo de que la amnistía como herramienta para la paz es más bien
un pacto con la delincuencia.
Sobre AMLO, sólo vale la pena desarrollar su propuesta y plan de paz; actualmente
se debe reconocer que México se encuentra en guerra, las cifras de 220 mil
homicidios y 30 mil desaparecidos en 12 años lo demuestran, y es momento de que
los mexicanos decidamos si queremos continuar con la guerra o buscamos la paz.
No hay otra opción y Andrés Manuel lo
plantea claro y valientemente, porque proponer la paz en medio del combate
puede ser políticamente incorrecto y traer un alto costo político; no propone
un pacto con la delincuencia, porque ese pacto ya existe y se entiende como la
corrupción, sino terminar con él.
Pero ¿alguien se atreve a negar la existencia de
pactos entre los políticos, los policías y los delincuentes? Todos los mexicanos sabemos que existen, y
precisamente parte del enriquecimiento inexplicable de los políticos del
régimen tiene su origen en ellos; el plan de paz empieza precisamente
combatiendo a la corrupción policiaca, así como lo hizo Cárdenas, en el DF al
terminar con las hermandades de policías y delincuentes.
Luego vendrá una serie de reformas a
las estructuras policiacas, al sistema educativo y al combate contra la pobreza
para darle una oportunidad a los jóvenes pobres y en el abandono de buscar
alternativas a sus proyectos de vida y así escapar de la tentación del crimen
organizado, que los llama como canto de sirena; y finalmente se le deberá
ofrecer a los jóvenes ya reclutados por los ejércitos delictivos la posibilidad
de abandonar el camino del crimen y reincorporarse a su familia.
Los ejércitos de los cárteles están
formados por jóvenes sin otra opción, que están hartos de jugarse la vida
diariamente; es falso que la tropa de sicarios se dé la gran vida de los capos
del narcotráfico, a ellos les pagan salarios que no van más allá de los dos mil
pesos por semana. A esos jóvenes y soldados del mal, hay que ofrecer una salida
a la vida civil, a reunirse con sus familiares y tener una oportunidad de
reconstruir su futuro de forma digna y honorable.
No es posible seguir diciéndole a la
tropa de la delincuencia que su única alternativa es matar o morir, ¡hay que
ofrecerles la posibilidad de vivir! Pero eso sólo se logra durante el proceso
de paz mediante una amnistía generosa sin complicidad con los sicarios; esa
medida prácticamente ya existe en el nuevo código de procedimientos penales, al
permitir al Ministerio Público pactar una reducción de la pena, e incluso la
libertad, con quien se incorpore al programa de testigos protegidos.
AMLO
simplemente aplicó la estrategia de Mohamed Ali cuando recuperó su título en el
Rumble in the Jungle; se colgó de las cuerdas y se protegió mientras los otros
le hacían montón y le pegaban con la guardia cerrada hasta que, sonriente y cuando estos se cansaron, en un minuto
los puso en su lugar: “Ustedes son los lacayos de la mafia del poder”, igual
que Ali cuando en el octavo round terminó con Foreman ante los aplausos del
público.
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