En la elección de 2018, la más grande
de la historia de México por los cargos a elegir, la presencia de bots y trolls
es evidente en el campo de batalla en el que a estas alturas están convertidas
las redes sociales. Contenido monotemático a veces falso y aludes de lodo a
adversarios desde perfiles con pocos seguidores delatan sus existencias de ficción.
Por ellos, los partidos políticos pagan millones de pesos que se escapan de la
fiscalización del Instituto Nacional Electoral y cualquier mecanismo de
transparencia ante los ciudadanos, coinciden especialistas en Elecciones y
Redes sociales.
Para Metrics,
firma de servicios consultivos y desarrollo de plataformas tecnológicas para
soluciones de inteligencia de negocios, la comunicación ya no ocurre de manera
vertical; es decir, desde las autoridades hacia los ciudadanos. Hubo un tiempo,
en México, en el cual, en las campañas políticas sólo hablaban los candidatos
mientras los ciudadanos los escuchaban en mítines o sentados frente a la
televisión. Hoy, los ciudadanos también hablan e increpan a los hombres y
mujeres que aspiran a gobernarlos.
En un estudio
sobre ciberseguridad, Metrics expone: “La
información viaja de manera omnidireccional y en muchos casos de forma
ascendente. En este proceso, casi una tercera parte se genera por bots
destinados a impactar en la conversación electoral, la cual busca influir en la
opinión pública, especialmente, en aquellos que no han tomado la decisión de
por quién votar”.
Eduardo
Huchim, analista de los sistemas electorales de México, advierte que “el pago de estas cuentas ficticias es uno
de los agujeros del gasto de los partidos políticos”. Para el politólogo, ex
consejero del antiguo Instituto Federal Electoral en el otrora Distrito
Federal, “no hace falta legislar porque el Instituto Nacional Electoral (INE)
ya tiene facultades suficientes para investigar la actividad en las redes
sociales y preguntar por qué, en la conversación, intervienen cuentas
automatizadas”.
Huchim añade que en México legal y éticamente, los
partidos están obligados a reportar todo.
“Se entiende que los bots y trolls
significan un pago poco ético y resultaría ilógico que lo dijeran. De modo que
la Unidad de Fiscalización del INE debe buscarlos, preguntarles, seguir la ruta
del dinero en cuanto los detecte”.
En 2016, el
Consejo General del INE aprobó reformas a su Reglamento de Fiscalización para
reforzar la revisión de los gastos realizados en publicidad político electoral
en redes sociales. Fue una necesidad reconocida por la Unidad Técnica de
Fiscalización del instituto al revisar operaciones de 2015 y 2016 de los
partidos en redes sociales.
Pero los brazos de esta fiscalización
no alcanzaron a las cuentas automatizadas. En la elección del Estado de México
que llevó al Gobierno a Alfredo del Mazo Maza, candidato de la alianza que
formaron el Partido Revolucionario Institucional y el Verde Ecologista de
México, dejaron de comprobarse 3.7 millones de pesos de gasto en redes. Algo
similar ocurrió en Coahuila donde Miguel Riquelme, candidato priista [hoy
Gobernador del estado], rebasó el gasto permitido con un millón 771 mil pesos.
En ese caso, la Unidad de Fiscalización del INE detectó 151 videos en redes
sociales no reportados o con un costo menor.
Así se llegó
a la elección de 2018, un proceso que empezó el 8 de septiembre de 2017 y va a
terminar el 1 de julio del 2018. Sólo en Baja California y Nayarit no habrá
comicios. En total, se disputan 16 mil puestos de elección. Este es también el
proceso en donde habrá más dinero. El costo está calculado en 25 mil millones
de pesos sólo en cuanto a los puestos a nivel federal. El padrón electoral, al
cierre de 2017, era de 88 personas, dos millones más de los usuarios de la
Internet, según Metrics.
En este
texto van a faltar nombres y montos. Los nombres de las agencias de marketing
político que en sus paquetes de servicios incluyen la fabricación de bots y
trolls, así como de las granjas donde van a habitar. Incluso, el tiempo que van
a vivir.
Faltarán los
montos del dinero que esas agencias han ganado en pasadas elecciones y lo que
en el presente proceso electoral están ganando. No siempre se pagan empresas. A veces, las cuentas automatizadas surgen
del interior de los mismos equipos de campaña.
Para
Alejandro Cárdenas, estudioso de la evolución de las redes sociales, al final, el escenario donde operan bots y trolls se
consolida por la falta de transparencia. El experto explica que el formato del padrón de proveedores de los partidos ante
el INE no logra ser tan exhaustivo ni tan claro; de modo que bien puede dejar
de reportarse este gasto. Así, las cuentas automatizadas pueden vivir y morir
sin dejar rastros de sus costos.
“Las agencias de marketing –dice el
experto– tendrían que estar en el padrón de proveedores. Un gran ejemplo de
cómo no pasan a este registro es que Cambridge Analytica no está cuando ya está
comprobado que sí fue contratada en México. Ahí pudo haber un delito que no
dejó rastro. Además,
no se pueden ver facturas”.
Cárdenas,
quien obtuvo el grado con una investigación sobre las redes sociales, añade: “Se trata de la consolidación de la
industria tecnológica electoral. Es una industria multimillonaria en opacidad
que afecta al discurso. Y si ellos son los especializados en afectar al
discurso, están afectando al debate orgánico”.
En palabras
del politólogo Enrique Toussaint, de la Universidad de Guadalajara, los bots y trolls sólo se entienden en la
llamada economía del odio que al final, desemboca siempre en noticias falsas.
Esto funciona mediante abuso verbal y hasta acoso en una interacción en la que
predomina la negatividad. Es guerra sucia, casi siempre.
“El problema
es que la fiscalización del INE no alcanza el contenido de los mensajes en
redes sociales. Si en televisión hay difamación, procede una queja ante la
autoridad electoral que puede actuar. Pero en los medios digitales ello no
ocurre. Dado que no hay regulación, las cuentas falsas que actúan libres en una
zona de nadie”, explica Alejandro Cárdenas, también profesor en la Universidad
Iberoamericana y la Universidad Nacional Autónoma de México.
En redes sociales no hay regulación,
por lo que las cuentas falsas actúan libres y en zona de nadie, dice Alejandro Cárdenas, profesor en
la Universidad Iberoamericana y en la Universidad Autónoma de México. Foto: EFE
Ahora bien,
¿para qué tantos bots y trolls? ¿Realmente impactan en los votos que es lo que
al final interesa? En Estados Unidos, en la elección presidencial en la que por
primera vez se eligió a Barack Obama se observó por primera vez el uso de las
redes sociales como mecanismo de comunicación entre el candidato y los
electores. Según Centro Político, escuela de consultoría política, las redes no
tienen un rol definitivo en las elecciones, pero algunas encuestadoras indican
que para los ciudadanos sí se han convertido en referentes mientras avanzan los
procesos.
Colombia es
un caso que muestra cómo las redes sociales no son un termómetro infalible.
Antanas Mockus y Sergio Fajardo eran una fórmula que le haría contrapeso a la
continuidad del Gobierno de Álvaro Uribe. En redes, los dos candidatos se
volvieron populares y en la esperanza de una generación. Pero llegaron las
elecciones y las urnas brindaron otro pedazo de realidad. Santos obtuvo el
doble de votos de Mockus. En la segunda vuelta se llevó el 69.12 por ciento del
total de los sufragios.
Alejandro
Cárdenas dice que hasta ahora, no hay
trabajos empíricos que detecten una correlación del voto con el uso de la
Internet en campañas políticas.
“Miguel Ángel Mancera, postulado por
el PRD, no tenía redes, y ganó de manera abrumadora en 2012 en el antiguo
Distrito Federal. Intenet tiene un potencial democrático, pero no se ha podido
corroborar”,
comenta.
LOS PEÑABOTS
NO DEJARÁN RASTRO.
En el
proceso presidencial de 2012 se inauguraron en México los canales de
comunicación cibernéticos entre el Gobierno y los gobernados. Las redes no
importaban tanto en las elecciones de 2006, cuando Felipe Calderón Hinojosa se
convirtió en presidente de la República. Twitter no existía en México, Facebook
era apenas un club de amigos sin impacto en la política nacional y Youtube era,
para resumirlo, en una palabra, “entretenido”.
En esa elección nacieron los llamados
“peñabots”, cuentas automatizadas que lograron tirar tendencias y posicionar
algunas a favor de Enrique Peña Nieto. Estos bots continuaron en cuanto pasó la
elección. Ahora, cuando el Gobierno peñanietista está a punto de expirar, en
las erogaciones de la Presidencia no ha quedado huella de ningún pago que
pudiera demostrar que sí estuvieron con sus presencias fantasmagóricas. Sin el
rastro del dinero será difícil contar su historia en el futuro, cuando Peña
Nieto haya salido de Los Pinos.
Si se sigue la respuesta que dieron
tres instancias de la Presidencia de la República mediante una solicitud de
información, ninguna agencia fue contratada para realizar este servicio y el
equipo dentro de Los Pinos no se dedicó jamás a ello. La Coordinación de
Estrategia Digital Nacional rechazó que haya realizado algún contrato al
respecto, la Dirección General de Finanzas y Presupuesto respondió que no
localizó ninguna factura para promocionar información en LA Internet y la
Coordinación General de Comunicación Social y Vocería del Gobierno de la
República dijo que no contaba con ningún registro al respecto.
Ante tales negativas, el Comité de
Información de la Oficina de la Presidencia declaró “inexistente” la
información relacionada con el pago para promocionar determinados temas en
redes sociales o halagar al Primer Mandatario. En otras palabras, declaró que
los llamados “peñabots” no existen ni existieron.
Pero los “peñabots” no sólo se han
notado en México; sino que han sido detectados desde la academia extranjera. Según el estudio de la Universidad
de Oxford, titulado Troops, Trolls and Troublemakers: A Gloval Inventory of
Organized Social Media Manipulation, México
está entre 29 países que utilizan “cibertropas” o “ejércitos de bots” para
influir en las principales redes sociales como Twitter, Facebook y hasta
Instagram. Se trata de naciones con Gobiernos democráticos o unipersonales, así
como religiosos.
“En México también existen tropas
cibernéticas patrocinadas por el Gobierno que atacan a periodistas y provocan
la desinformación en los medios de comunicación; estas tropas usan una
combinación de la automatización e interacción humana”, se lee en el estudio.
La
investigación fue dirigida por Samantha Bradshaw y Phillip N. Howard. En su
presentación, los autores describieron el modus operandi de las cuentas falsas
que es casi el mismo en cada país. “(Los bots) promueven agendas (como en
Serbia), la difusión de información favorable a los gobernantes (como en
Vietnam) o automatizan un software que imita el comportamiento de los humanos
(entre ellos Argentina, Filipinas, Rusia, Turquía, Venezuela y México)”.
En las elecciones de 2018, los bots y
los trolls tampoco dejarán huella. Los partidos políticos no tienen la
obligación de precisar cuál es su costo ante la INE y tampoco hay mecanismos de
transparencia sobre su existencia de ficción ante los ciudadanos.
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