Una rosa es lo primero que se mira sobre el ataúd. Después,
una foto de la que hoy es velada, Jenny Judith Ceba Velazco, de 22 años. Mañana
la llevan al panteón.
Antes de ser asesinada, Jenny Judith había comprado la
plantita de la que brotó la rosa, cuenta su hermana, Santa Ceba Velasco. “Ella
la trajo y rápido echó un botón. La quería para cuando naciera su hijo y
dársela. Estaba programada para dar a luz el próximo domingo y mire lo que
pasó, la mataron todo por robarle su bebé”.
A su tiempo, el capullo de la matita maduró y brotaron
esplendorosos pétalos rosados de una sola flor, y Jenny Judith Ceba Velazco,
también mostró su flor, que fue cortada y robada con violencia.
Marciana Ceba Velasco, otra hermana, la recuerda como a
diario despertaba a las siete de la mañana para comenzar con sus labores del
hogar.
Siendo la menor de
ocho, le tocó cargar con la responsabilidad de los padres, de 60 y 56 años. La
víctima vivía en una zona conocida como Los Albergues, en Santa Teresa, un
conjunto de cuartos construidos hace casi medio siglo cuando iniciaba la
bonanza del cultivo de la caña de azúcar para que ahí vivieran los cortadores y
sus familias.
Jenny Judith preparaba los frijoles, las tortillas de mano,
café y ponía la mesa para el desayuno. También se alistaba el lonche de los
hermanos que, como su padre, Rafael Ceba Aparicio, se dedican al corte de la
caña.
En medio de una brutal
pobreza, hambre y desempleo, Jenny Judith contaba con el apoyo de sus padres
para tener al bebecito, su mayor anhelo, y tan pronto terminara la cuarentena
buscaría trabajo.
Con un machete, Jenny
Judith también trabajó de niña en el corte de caña para ganarse 30 pesos al día
o a veces se iba al cañal para ayudar a juntar más pilas de varitas dulces e
incrementar el ingreso familiar.
Sin embargo, “mi papá ya no quiso que siguiera en ese trabajo
y se puso a trabajar con una señora en Lerdo que le pagaba por limpiar la casa
y cocinar. De vez en cuando, una hija de esa señora, la iba a buscar y se la
llevaba a Veracruz para lo mismo.
Jenny Judith regresaba bien contenta para compartir lo ganado
como empleada doméstica con sus seres amados.
“Luego se juntaba su dinerito, hacía sus ahorros y se llevaba
a mis papás a Lerdo o a San Andrés a comprarles ropa o despensa”, relata Santa.
Santa muestra lo último
comprado por la hoy finada, una pantalla de plasma. “La sacó a pagos el pasado
domingo que fue su cumpleaños y se dio ese regalo para disfrutarlo con mis
papás, y pues ahora creo que la vamos a tener que devolver. No tenemos para
pagarla”.
Jenny Judith era el
sustento de los dos viejitos que hoy andan por las oficinas de la Fiscalía
general del estado haciendo trámites para lograr que les entreguen al nieto lo
más pronto posible.
“Ella se ponía a trapear por las noches, lavaba el piso, y
como quedaba fresco, ahí se tendían a dormir”. Las galeras donde hoy velan a la
joven cuyo caso ha indignado a las audiencias son construcciones rústicas con
lámina de asbesto las cuales son administradas por el ejido, que las presta a
los peones del corte de caña.
Desde hace casi 30
años, la familia de Jenny Judith Ceba Velazco habita las galeras o albergues de
la Santa Teresa. La que ocupa con sus papás es pequeñita, con dos pedazos de
concreto para colocar los colchones. Una cocina y sin baño. El calor en ellas
hace que sea más cómodo tenderse a dormir en el suelo con la puerta abierta
para recibir el aire proveniente de las montañas de los Tuxtlas.
Jenny Judith Ceba
Velazco tuvo siete hermanos. Ella es la más chica y la consentida. Los últimos
años de su existencia los pasó cuidando a parte de los 18 hijos de sus
hermanos, quienes son parte de un contexto de subdesarrollo y miseria por la
falta de empleo y el fracaso de la política agropecuaria en la región. Siete
años atrás quebró el ingenio San Francisco, dejando a cientos de personas en
sin empleo. Políticos corruptos y empresarios ambiciosos le dieron en la torre,
según la información oficial.
Tan decadente es la
economía que la cadena de supermercados Aurrerá anuncio días atrás el cierre
definitivo de su tienda en Lerdo de Tejada pues, ante los pocos clientes la
carne se pudre en los anaqueles y la leche y el yogur se cortan.
También cerraron
sucursales Coppel, Soriana y un banco. Fuentes locales exponen que la salida de
la factoría cañera impactó en Lerdo de Tejada, Ángel R. Cabada, Saltabarranca,
Santiago Tuxtla, San Andrés Tuxtla, Catemaco, Tlacotalpan, Carlos A. Carrillo y
Cosamaloapan, en las cuales hay docenas de pueblos cuyos habitantes obtienen su
economía de la caña de azúcar.
En este rincón
abandonado por las autoridades es que Jenny Judith Ceba Velazco se aprestaba a
ser mamá soltera. Durante la gestación nunca quiso decir el nombre del padre.
“Pienso que ese hombre la engañó pues al no irse ella con él eso sucedió”, retoma Santa.
Y detalla: “Ella no
nos dijo del embarazo, nos dimos cuenta por la pancita que le salió y fue que
le preguntamos. Mi papá se enojó mucho al principio, pero ya después dijo ‘pues
es mi hija…ni modo que la eche a la calle. La vamos a apoyar hasta donde se pueda'”.
Cuando el padre dijo
eso Jenny Judith -recuerdan- se mostró alegre y motivada a seguir adelante. Con
estudios de primaria como lo máximo en su currículo, sin casa ni empleo ni
seguridad social, construyó su mayor ilusión alrededor de la maternidad.
Tan pronto saliese de
la cuarentena, aseguraba, buscaría un mejor trabajo para ayudar a la familia y
contar con lo básico para el hijo.
Su padre acudió a las
oficinas del ingenio y consiguió darla de alta en el IMSS, a dónde concurría
constantemente a sus chequeos, aunque la familia coincide en que siempre que
iba al doctor al IMSS ella regresaba triste. Sospecha que la agresora ya la
contactaba y amenazaba para conseguir el producto de su vientre.
Pero cuando no iba al
centro médico pasaba largos momentos por la mañana y tarde hablándole a quien
crecía en la barriga. Sólo le decía “mi amor” o “mi bebé hermoso”, pues en los
ultrasonidos el feto nunca se dejó ver el sexo y ella murió sin saber que trajo
al mundo a una niña.
“Luego ella era de
ponerle música del celular. Buscaba sus canciones y se las ponía y ahí la
pasaban juntos, ella le hablaba y le decía que ya lo quería ver. Qué se apurará
a nacer para darle mucho cariño. Hay veces que nosotros le acariciábamos la
panza y nos reíamos mucho”.
Tan emocionada estaba
por la pronta llegada que había comenzado a comprar ropita, zapatitos,
toallitas húmedas, jabón de nene, pañales y juguetitos para su gran anhelo. Se
le iba el tiempo andando con sus patas hinchadas por las calles de los tianguis
de Lerdo buscando ofertas de cositas para bebés. Al ser pobre, no tuvo ni baby
shower ni tardes de cafés con amigas que regalaran mamilas o prendas de bebé.
Antes de la tragedia, en el hogar se ponían de acuerdo para racionar aún más
los alimentos y conseguir un espacio al nuevo miembro, ahora se están
coordinando las hermanas para ver a quien le va tocar hacerla de mamá.
Fue un ofrecimiento de
ropa de recién nacido lo que motivó a Jenny Judith para marcharse con una
desconocida quien ya iba preparada con un bisturí para rasgarla. “A mi hermana
le dicen, vente, te voy a regalar ropita”.
El documento sobre las causas de muerte elaborado por el
médico Jorge Ramírez Garia determina que
la parturienta se desangró y murió en medio de terribles espasmos y desmayos
causados por el dolor. La joven desapareció a las cuatro y media de la
tarde del martes de la clínica del IMSS de Lerdo y una hora después, la
presunta responsable, Brianda Padrón Cano, era vista caminando por la carretera
180, con el chiquito en brazos, envuelto en una sábana, rumbo a Alvarado.
A ese municipio arribó
la falsa madre con lo robado, pero en casa de sus padres algo sucedió que la
madre tomó la criatura y la entregó al DIF. Es ahí donde las autoridades se
percatan de la identidad de la posible feminicida, identificada como Brianda
Padrón Cano, y se realizó el ofrecimiento de hasta un millón de pesos por datos
para su captura, bajo los cargos de feminicidio y secuestro de un neonato.
En una carta dirigida
al gobierno de Veracruz y a Los Pinos, académicas de la Universidad Veracruzana
expusieron a finales de noviembre del 2017 que eran 219 las mujeres asesinadas
en Veracruz, en la mayoría de los casos, por violencia que tendría que estar
siendo contrarrestada con políticas públicas y por las dos alertas de género
sobre la entidad. En la primera alerta se decretaron 10 municipios, Lerdo de
Tejada, donde murió Jenny Judith no aparece dentro de la declaratoria.
QUIEREN A SU SOBRINA.
“Queremos que nos
regresen a nuestra sobrina, será tratada con mucho cariño. Ya vimos las fotos,
se parece a ella”,
dice Santa.
La difunta, recuerda, cuidó de sus hijos cuando ella estuvo
de parto. En total tuvo cuatro bebés y a todos los alimentó y cambió.
“A mi sobrina le espera
un hogar humilde, somos pobres, mucho, pero no le faltará amor ni apoyo, como
lo tuvo su madre.
De pronto… el silencio. Es el primer momento de la noche de
que pueden sonreír al pensar que pronto tendrán a la nena que a estas horas es
revisada por médicos en un hospital en Boca del Río.
“¿Cómo se va llamar?”,
se pregunta Santa… los demás hermanos se miran de nuevo. “No lo sabemos, ella
no le ponía nombre, ni sabía que iba ser… pero igual y le ponemos como ella…
Jenny Judith. Una se fue y otra llega. Una vida por otra” remata uno de los hermanos.
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