¿Por qué en México la gasolina subió
64 por ciento en los últimos seis años y en Estados Unidos bajó un 33 por
ciento? De acuerdo con una columna de Bloomberg, la caída del peso frente al
dólar, la baja producción de crudo y el aumento del consumo son algunas de las
razones.
Con la elección presidencial que se
realizará el 1 de julio es comprensible que se haya convertido en un gran tema
de campaña, sobre todo cuando el candidato puntero, Andrés Manuel López
Obrador, de la coalición “Juntos Haremos Historia”, se ha comprometido a
congelar los precios del combustible durante tres años, destacó el columnista Justin Fox.
De acuerdo
con su análisis, el fuerte aumento mostrado para los precios de la gasolina
mexicana este año ha sido impulsado tanto por la fortaleza del peso como por el
incremento de los costos, mientras que la fuerte caída a fines de 2008 fue
impulsada por la caída del peso frente al dólar.
El panorama
general es bastante claro, indicó, “los
precios de la gasolina en México han sido generalmente más altos que los costos
del combustible en Estados Unidos, pero también menos volátiles”.
Esto se
debe, señaló Justin Fox, a que, hasta el
“gasolinazo” de enero de 2017 los precios de la gasolina fueron controlados por
el Gobierno de México, que generalmente no usó su poder de modificación de
precios para ofrecer grandes descuentos a los consumidores.
Al
contrario, gravaron el uso de la
gasolina cuando los precios mundiales del petróleo eran bajos y lo subsidiaron
cuando los precios eran altos.
La columna
de Bloomberg detalló que en 2013, –cuando el Gobierno del Presidente Enrique
Peña Nieto puso fin al monopolio de Petróleos Mexicanos (Pemex) y abrió una
licitación para nuevos arrendamientos– coincidido con un aumento en los precios
de la gasolina a nivel mundial, situación que hizo que los precios de las
gasolinas no bajaran como se esperaba.
Pero algo
más sucedió, refirió el análisis de Bloomberg, en los últimos 15 años la producción de petróleo en México comenzó a
declinar, mientras que el consumo doméstico de combustible aumentó.
“México pasó de ser un importante
exportador de petróleo y un pequeño consumidor de combustible a un país que
ocupa el lugar número 12 en el mundo en producción de petróleo y el 11 en
consumo, lo que significa que probablemente ya no tenga el margen para seguir
su propio camino en la política energética”, señaló el columnista.
Una revisión
a los informes de Petróleos Mexicanos en los últimos cinco años realizada por
SinEmbargo confirma su caída: la
producción de crudo bajó 22.75 por ciento; la de gas natural 20.43 por ciento;
la de gas licuado de petróleo 29.83 por ciento; la de las gasolinas un 41.23
por ciento, y la del diésel 50.9 por ciento.
De acuerdo
con el análisis de Bloomberg, Pemex está
tratando de operar sus refinerías con un beneficio en lugar de sólo tomar el
petróleo que se cruce en su camino, ya que gran parte del crudo pesado que
producen los campos mexicanos se exporta sin realizar ese proceso.
El
resultado, detalló el columnista, “es
que los mexicanos están alimentando cada vez más sus autos con gasolina
fabricada en Estados Unidos y pagando más por el privilegio que los
estadounidenses”.
La columna
de Bloomberg destacó que entre las
estrategias contrarreloj que López Obrador ha ofrecido por los altos precios
del combustible está congelar esos precios, reduciendo las exportaciones de
petróleo y aumentando la capacidad de refinación doméstica.
Pero, añadió, “una respuesta menos costosa y
disruptiva probablemente sería solo reducir los impuestos al combustible”.
El
empresario Alfonso Romo, uno de los principales asesores de López Obrador, dijo el jueves en una entrevista
radiofónica que esto era lo que su candidato realmente tenía en mente, mientras
que Anaya propone un recorte impositivo más estrecho en los estados a lo largo
de la frontera estadounidense, indicó Bloomberg.
La Reforma
Energética, que fue la acción política más importante de la administración de
Enrique Peña Nieto, tiene ahora un saldo
negativo tanto para los bolsillos de las familias mexicanas como para la economía
del país.
De acuerdo
con un análisis del Centro de Investigación Económica y Presupuestaria (CIEP)
publicado en marzo, en 2017, la
Secretaría de Hacienda gastó 67 mil 900 millones de pesos para cubrir el
estímulo fiscal que se ha aplicado para amortiguar los precios de la gasolina y
diésel, lo que implicó una menor recaudación del Impuesto Especial sobre
Producción y Servicios (IEPS).
El gasto que significó el estímulo
fiscal es equivalente a nueve veces el presupuesto aprobado para 2018, en
conjunto, de la Secretaría de Energía, la Comisión Nacional de Hidrocarburos y
la Comisión Reguladora de Energía.

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