Darío Ramírez.
Felipe Calderón gastó
en su sexenio aproximadamente 38 mil 725 millones 241 mil pesos. Enrique Peña
Nieto ha gastado 40 mil millones de pesos.
Esos casi 80 mil
millones de pesos han terminado en las arcas de medios de comunicación cercanos
–en su mayoría- al poder político. ¿A cambio de qué? Es la pregunta.
Regular la publicidad oficial (en aras de desterrar el
dispendio y la discrecionalidad) tiene dos obstáculos serios. El primero es la adicción de los políticos para
masajear su ego y volverse agentes mediáticos y enaltecer su figura so pretexto
de “informar a la población sobre sus logros”. Mentiras y más mentiras.
El segundo obstáculo son
los medios de comunicación que no quieren dejar ir la entrada económica
millonaria que representa el dinero público, ¿A cambio de qué? De casi nada,
solo su línea editorial y una benevolente cobertura de quien afloja la lana.
Organizaciones civiles,
periodistas y medios independientes llevan una década estudiando y documentando
cómo el dinero público destinado a comprar espacios para publicidad en medios
de comunicación es una forma de censura sutil (o no tan sutil) que afecta
severamente el ecosistema de medios que tenemos y el derecho a la información
de la población.
Después de mucho trabajo por parte de sociedad civil se logró
que la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) obligara al Congreso a
regular vía ley el gasto en publicidad oficial. Era un momento importante por
la oportunidad que representaba. Ya se tenían decenas de iniciativas en el
tintero sobre el tema y grupos sociales y periodistas estaban listos con sus
argumentos para un debate técnico y profesional. Parecía que las estrellas se alineaban
para transformar el sistema de medios, fortalecerlo y con ello la democracia
mexicana.
Antier en la Cámara de
Diputados el PRI-PEVM-PANAL-Morena aprobaron el predictamen salido de la
subsecretaría de Normatividad y Medios que hace absolutamente nada para regular
el gasto en publicidad oficial. El primer paso para mantener el status quo de
la corrupción millonaria entre medios y políticos. La iniciativa salida de Gobernación recicla, de manera tramposa y dolosa, los
lineamientos que la Secretaría de Gobernación ha tenido por años y que son
absolutamente inútiles para el propósito que se busca.
Supongo que el PRI cree
que todavía puede ganar la elección presidencial y no quieren –que en caso de
hacerlo- llegar a Los Pinos y no tener esa discrecionalidad para gastar miles
de millones en los medios de comunicación y así controlar la información que
éstos generan.
El panista Castañón fue
quien sugirió que se apruebe el predictamen en lo general y que las reservas
las revise la Junta de Coordinación Política de la Cámara. Después el mismo
panista se abstuvo de votar su propia idea. Demencia legislativa. Por otro lado, no deja de llamar la atención que Morena haya votado a favor, ¿será
que ya se ven en la Grande y también quieren hacer uso de ese millonario pastel? Por demás extraño resulta que un experto
en medios, diputado de Morena, Virgilio Caballero se haya salido de la sesión
para no dejar rastro del atropello que su bancada iba a realizar. De cualquier
manera, la votación terminó 15 a favor (de mantener el status quo) 8 en contra.
A nadie le debe de
sorprender lo que hicieron los diputados antier. A nadie. Cumplir con el
formalismo para no caer en desacato ante la sentencia de la SCJN se resuelve
con una iniciativa inocua ante los intereses de la democracia.
El gasto público en
publicidad oficial (propaganda) debe de desaparecer como tal.
El razonamiento del gasto debe de seguir el interés público
de la información, es decir: campañas de
interés público informativo para la población (campañas de inscripción escolar,
de vacunación, alerta de huracanes y cómo actuar, etcétera).
Otra cosa es hablar del
subsidio público a medios de comunicación en aras de perseguir pluralidad y
diversidad en contenidos. Pero como subsidio tiene que
seguir intereses de estado no de empresas privadas de comunicación. Y ahí es
donde comienza el dilema de usar el dinero público como subsidio para medios.
Una de las graves deficiencias de nuestro sistema de medios es que el 80% de los medios en México
sobreviven (algunos muy bien) del dinero público no regulado y otorgado con
plena discrecionalidad. En otras palabras, si no hay dinero público la gran mayoría desaparecería porque su
sistema de negocios se basa en el disfrazado subsidio otorgado a cambio de
favores en la cobertura. Vaya, el actual sistema fuerza una relación de
corrupción entre medio-poder político.
Los medios de comunicación tienen que cambiar su plan de
negocios y vivir con sus propios recursos. El periodismo y la información
tienen que basarse en la credibilidad para que ella acerque a una mayor
audiencia y a su vez ingresos para el medio. No como ahora que no importa el periodismo que hagas –en muchos casos-
el contrato gubernamental lo tienes asegurado y a eso le responde el medio de
comunicación.
Nadie está proponiendo una hecatombe mediática. Es decir, tiene que haber un proceso de transición en
la regulación y en la modificación de los planes de negocios de los medios.
Pero el objetivo que se persigue es claro: la independencia financiera del
dinero público. Si no se hace así, la repartición seguirá siendo discrecional y
los problemas seguirán afectando el derecho a la información.
Si dejamos de gastar
miles de millones en propaganda política y en enaltecer las figuras públicas,
miles de millones se van a horrar. Esos miles de millones podrían destinarse
para reconstruir el sistema de medios públicos (el cual es uno de los más grandes
del mundo e inútiles, también). Libertad editorial y certeza financiera serían
los dos grandes pilares en los cuales se tendría que basar la reconstrucción de
los medios públicos para asegurar un papel importante del Estado en relación
con la pluralidad y diversidad de medios y su correcta subsistencia.
La falta de voluntad
política para regular la publicidad oficial tiene la clara intención de
mantener un sistema que les beneficia actualmente. Aprobar una ley que no hace nada al
respecto es legalizar la práctica de la que ha vivido nuestra clase política y
medios afines. Imposible cejar en la
intención de cambiar las cosas a pesar de los diputados.
Si queremos democracia
real y auténtica, cambiar el sistema de medios es fundamental.
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