Georgina
Morett.
El PRI enfrenta la elección más
difícil de su historia -y por primera vez su supervivencia-, en la que parece
que ninguna fórmula le da resultado. Esto principalmente se debe a que este
partido político ha ido perdiendo forma, rumbo y sentido.
En primer lugar,
debemos considerar que se ha ido
desmoronando poco a poco y actualmente enfrenta su peor crisis.
En el siglo
pasado desaparecieron los sectores
políticos y organizaciones, esos que cada elección ofrecía millones de votos al
candidato presidencial y que fueron perdiendo fuerza al igual que los
sindicatos.
En la
elección de Francisco Labastida Ochoa oímos a los líderes gremiales decirle
cuántos votos le darían, finalmente el panista Vicente Fox fue el presidente de
la República.
Ahora ya
sólo escuchamos hablar de los votos corporativos del SNTE, de Elba Esther
Gordillo, o de la CNTE, que serán para el candidato de Juntos Haremos Historia,
Andrés Manuel López Obrador.
Pero esta elección se volvió mucho más
complicada porque el tricolor ha ido perdiendo al priista de base, a ese que
conocíamos como el voto más duro, al que creía en el partido porque su padre,
su abuelo, su tatarabuelo habían sido priistas.
Ese
militante que se convertía en gestor en su colonia, que trabajaba desde los
seccionales priistas, que movilizaba el día de la elección, que se comprometía
a que les iban a arreglar las luces, la calle, y que, con muy poco dinero, pero
con la representación de sus vecinos, se sentía orgulloso de buscar votos para
su partido y eso lo convertía en un ser empoderado que mejoraba su entorno.
El PRI se separó de ellos y así fue
perdiendo su estructura territorial. Al perder sus seccionales, se despidió de
su voto duro y sin él están perdidos.
No sólo les impidieron el crecimiento
dentro del tricolor y los dejaron sin candidaturas, tampoco los apoyaron en las
gestiones y muchos de ellos han buscado en Morena o en el PRD una salida que
les permita continuar como gestores de su comunidad.
En la cúpula
priista siguen confiados porque la soberbia les impide ver que el trabajo de
tierra fue su fuerte más que el de aire, porque ni su dirigente ni su candidato
ni el coordinador de campaña han salido una sola vez a buscar el voto y creen
que la estructura continúa en pie o se mueve sola.
Quizá su soberbia se acabe en el
momento en que se den cuenta de que lo descuidaron todo.
Debates con
participación ciudadana.
En su
aportación para esta elección, empresarios y organizaciones de la sociedad
civil organizarán debates entre candidatos a la presidencia, las nueve gubernaturas
en juego, legisladores plurinominales y las principales ciudades del país.
Como ya lo
habíamos comentado antes, las organizaciones que fueron pilares para crear el
Sistema Nacional Anticorrupción pondrán su granito de arena en la difusión de
las propuestas de los candidatos, a través de los debates que organizarán en lo
que resta de las campañas, en lo que será la elección más grande de la historia
de nuestro país, en que están en juego 17 mil 682 cargos de elección.
La
iniciativa privada y organizaciones sociales que participan en el colectivo
#VamosporMás darán a conocer esta semana su propuesta, en la que habrá debates
entre los candidatos de las principales ciudades del país y los primeros
lugares plurinominales de los distintos partidos al Senado y la Cámara de
Diputados. Propondrán formatos abiertos en los que haya participación de los
ciudadanos.
La
organización de estos debates y los acercamientos con los personajes políticos
han avanzado sustancialmente, por lo que en los próximos días se dará a conocer
el programa.
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