José Antonio Meade, candidato del PRI,
no pudo evitar la incomodidad que le ocasionó la pregunta, luego de haberse
movido como pez en el agua en los temas económicos, comercial y hacendario.
“¿Por qué aceptar ser representante
de un partido corrupto?”, le soltaron en la reunión de los Socios de la
American Chambers. De inmediato, su rostro se puso serio.
“No hay partidos corruptos, sino
políticos corruptos”,
dijo de entrada, tratando de establecer
una línea invisible entre la historia del PRI y la suya.
“México necesita que se haga buena política
y México necesita que los malos políticos, del partido que fuera, estén
enfrentando sus consecuencias y que estén en la cárcel. Eso es lo que hemos
planteado y lo hemos planteado además desde la tranquilidad de haber servido
por años sin haber, en toda mi trayectoria, estado involucrado en ningún
escándalo”, dijo.
El exsecretario
de Hacienda trató de convencer a los asistentes de la 101 asamblea de los
Socios de la American Chambers reunidos en el Club de Industriales:
“Yo soy un
político honesto y en mi trayectoria he conocido muchos. Con ellos he hecho
equipo, con ellos haré equipo hacia adelante y voy a insistir en toda esta
campaña en que vale la pena reivindicar al servicio público”.
El
excanciller pensó que con esa
explicación y postura el tema ya no sería tocado, pero la siguiente pregunta
fue que cómo le haría para quitarse esa pesada losa de la corrupción del
partido que lo postula.
Con el gesto
adusto, Meade dijo que “con el ejemplo”,
pero también habló de la necesidad de hacer cambios en los códigos y leyes
penales, en fortalecer la autonomía del ministerio público, de no perdonar a
delincuentes y ampliar de tres a siete años los castigos a los funcionarios
corruptos.
Por último, dijo que de ganar las
elecciones será un presidente que respetará la ley.
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